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Programa: 15/07/2010

¿Cómo prevenir los trastornos y los problemas de alimentación en los niños pequeños y los preescolares?

Evitar que la comida se convierta en una lucha emocional

 

Entre los dos y los cinco años la clave para establecer hábitos sanos de alimentación es desarrollar una relación “de autoridad “con su hijo en relación con la comida. ¿Qué significa esto? Asumir un enfoque firme para la nutrición y no permitir que se utilice la comida como una recompensa o como un consuelo para un momento difícil o para una emoción perturbadora.

La queja más frecuente de los padres de los niños pequeños es que son “quisquillosos” o “exigentes” para comer. Un niño pretenderá comer por ejemplo, solamente dulce de leche para el desayuno, la comida y la cena. Otro solo querrá comer galletitas mojadas en yogur de frutilla. Y otros niños querrán repetir los tallarines, mediodía y noche. Muchos padres se preocupan por la falta de apetito de sus hijos y por el poco interés que demuestran por la comida, lo que es causa de muchas peleas diarias y un innecesario conflicto emocional.

En el libro como tratar a un niño exigente para comer, el doctor Wilcoff, afirma que la mayoría de los problemas alimenticios de los niños pequeños se originan debido a una mala información o las expectativas poco realistas de los padres.

Enumera también algunas de las preocupaciones más comunes de los padres y explica las razones por las que no deberían inquietarse.

“Mi hijo pequeño no come bien y no parece estar creciendo“
Los niños crecen más lentamente después del primer año de vida. Durante el primer año el bebé triplica su peso y los padres quizá se hayan acostumbrado a ese rápido crecimiento. Pero cuando el niño tiene dos años, crece a una velocidad diez veces menor que la del primer año de vida. El pediatra es el que puede advertir si existe algún problema serio de crecimiento.

“Mi hijo no quiere comer”
Un niño en edad preescolar necesita solo la mitad de las calorías por cada kilo de peso corporal de lo que necesitaba cuando era bebé. Este es el motivo por el cual los niños entre los dos y cinco años parecen comer menos a medida que crecen.

“Mi hijo tiene extraños hábitos alimenticios”
La mayoría de los niños son quisquillosos para comer. Los niños pequeños a veces únicamente quieren comer un solo alimento durante semanas y luego inexplicablemente rechazan esos mismos alimentos. Esto puede ser inquietante para los padres, pero es perfectamente normal.

“Mi hijo pequeño solo quiere comer dulces”
Los bebés nacen con una preferencia por los dulces y un rechazo por los sabores amargos o agrios. Sus gustos cambiarán gradualmente, pero algunos niños pueden tardar más tiempo que otros.

“Mi hijo no quiere probar ningún alimento nuevo”
Los niños sienten una desconfianza natural ante alimentos novedosos, Quizá se trate de una forma natural de protegernos para no comer alimentos que puedan hacer sentir mal.

“Mi hijo prácticamente no quiere cenar”
Los niños pequeños normalmente comen entre una y media y dos comidas completas al día, y su apetito disminuye a medida que progresa el día. Los padres que trabajan y desean disfrutar una cena con sus hijos pequeños suelen resultar decepcionados. Es muy común que los niños tomen un buen desayuno, se interesen menos por la comida del mediodía y tengan muy poco apetito por la noche.
Mientras que la mayoría de los pediatras y terapeutas familiares aconsejan a los padres que no se preocupen demasiado cuando sus hijos pequeños son muy exigentes con la comida, esto no significa que debamos permitirles comer solamente lo que les gusta.
Algunos expertos al contrario, hablan sobre un mecanismo innato que tienen los niños que les indicaría cuánto deben comer y qué tipos de alimentos necesitan para crecer y desarrollarse normalmente….El objetivo no es que el niño coma, sino dejar que emerja su apetito natural para que al niño le apetezca comer” También sugieren a los padres que le preparen una variedad de alimentos y permitan a los niños elegir aunque sus elecciones no parezcan responder a una dieta equilibrada. Este enfoque de “escuchar al propio cuerpo” aparentemente es correcto, sin embargo no se adapta a la forma en que sabemos que procesa el cerebro. Como se ha mencionado, algunos niños indudablemente nacen con una química cerebral que no les indica lo que necesitan ni lo que no necesitan.
Además, los niños de hoy en día no se crían en un ambiente “natural” tal como una granja aislada” Por el contrario, todos los días están expuestos a los inteligentes mensajes de los medios de comunicación, que los invitan a tomar alimentos muy calóricos, ricos en grasas y sodio.
Finalmente, el consejo ingenuo de permitir que los niños se expresen lo que les apetece comer, ignora el hecho de que en la actualidad los niños tienen un estilo de vida mucho más sedentario que los niños de hace algunas décadas, y no cabe duda de que este hecho afecta el apetito y el metabolismo creando hábitos muy poco naturales y un gran consumo de calorías. Un enfoque permisivo y centrado en el niño no tiene probabilidades de promover buenos hábitos alimenticios ni proteger a nuestros hijos de futuros problemas conflictos relacionados con la alimentación.