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Programa: 05/08/2010

AMOR Y PASION EN LA PAREJA MODERNA

¿Cuáles son los principales motivos por los cuales resulta tan difícil conjugarlos?
¿Cómo mantener el deseo en la pareja?
¿Qué se necesita para ser una pareja exitosa?

 

Esther Perel, terapeuta de parejas que se ha hecho famosa a través de su libro “Inteligencia Erótica”, describe a la pareja moderna como aquella que se organiza en torno al amor, pero que lo quiere todo basado sólo en su compañero: estabilidad económica, estatus social, un padre cariñoso para los hijos, un amante apasionado y un amigo incondicional. Una pareja que tiene pocos hijos y que vive demasiado centrada en ellos, una pareja que comparte algunas tareas domésticas, donde la mujer tiene mayor independencia económica, y que vive en una sociedad donde hay nuevos modelos de convivencia.

Asimismo plantea que la paradoja es que las mismas características pueden convertirse en los principales conflictos. Por ejemplo, los hijos. Una pareja tiene muchos menos hijos que antes, pero vive mucho más centrada en ellos. Los hijos dan sentido a la vida de la pareja y en estos padres se observa una enorme ansiedad porque sus hijos tengan éxito, sean autónomos y no tengan problemas de autoestima.

El sexo, que es el que pone en marcha la empresa familiar, queda relegado muchas veces con la llegada de un hijo. La transición de dos a tres, es uno de los desafíos a los cuales deberá enfrentar la pareja. Cambian los cuerpos, las prioridades y responsabilidades, las rutinas, y los roles se redefinen.

Mientras algunas parejas siguen atraídos uno al otro, otras parejas se desvían por el camino de distanciamiento mutuo con la llegada de un hijo. La seguridad y estabilidad nuevamente entra en escena y empieza a jugar un papel preponderante. Para que los niños se sientan seguros para salir al mundo y explorarlos por sí mismo, necesitan una base sólida. El énfasis debe estar puesto en la rutina, en la previsibilidad y la regularidad.

La familia reside en un ambiente cómodo y consistente, pero el erotismo reside en la imprevisibilidad, la espontaneidad y el riesgo. “Cuando el eros se acostumbra a la repetición, a la rutina, o a las reglas, está herido de muerte. Entonces, se convierte en aburrimiento…”

Por otro lado, al pasar los chicos a ocupar el primer plano en el ranking de las prioridades, muchas veces se deja relegada nuestra propia libertad e independencia, nuestras propias necesidades y deseos: “los hijos se convierten en el centro del placer emocional en detrimento de la intimidad y la sexualidad de la pareja”.

Al no estar ya centrados el uno en el otro, como pareja, se corre el riego de volcarse en los chicos para compensar lo que ya no se tiene. “El problema surge cuando acudimos a ellos buscando lo que ya no obtenemos de nuestra pareja: sentirnos especiales, importantes y saber que no estamos solos. Cuando trasladamos esas necesidades adultas a nuestros hijos, les hacemos llevar una carga muy pesada”…

Paulatinamente será necesario re-acomodarse en esta nueva estructura y dinámica familiar e intentar recuperar aquello que vuelva a movilizar a la pareja como pareja, asumiendo paralelamente el rol de padres. Tarea que puede conllevar diferentes grados de complejidad, si los tiempos, las sensaciones, las creencias, las necesidades, las emociones, las significaciones y las expectativas, difieren en cada uno de los miembros de la misma.

Otro de los conflictos surge de la búsqueda de amor y la pasión dentro de la pareja, al mismo tiempo que la personas tienen la necesidad de una vida estable, de otro comprometido, de continuidad y seguridad.

Ester Perel plantea que la búsqueda de seguridad debilita la vida erótica: “Cuanto más apego uno va sintiendo respecto de su pareja, más se tiene por perder, entonces uno va buscando reaseguros, se trata de sujetar al otro y hacerlo dependiente, de modo que se va renunciando a ciertos grados de libertad individual a cambio de un poco de estabilidad”.

Es interesante pensar que dos necesidades humanas pueden entrar en conflicto. Por un lado, buscamos seguridad y predictibilidad y por el otro, deseamos la mayor diversidad posible.

El amor busca proximidad, pero el deseo requiere distancia. “Lo que obstaculiza el deseo no es la falta de cercanía sino la proximidad en demasía”, por lo tanto la conservación de la individualidad es una condición necesaria para que exista conexión y para mantener el deseo erótico dentro de la pareja.

Al enamorarnos, experimentamos una sensación única, ya que el hecho de ser elegido por otra persona, genera una sensación de importancia personal y conlleva la esperanza de sentirnos completos. El amor nos promete liberarnos de nuestra soledad, pero a la vez, aumenta nuestra dependencia hacia una persona.

La emoción inicial, era producto de la incertidumbre y ahora, al intentar “domesticarla”, se termina debilitando la vitalidad de la relación. Al intentar controlar los riegos que trae la pasión, se acaba con ella, dando lugar al aburrimiento matrimonial.

¿Cómo se puede mantener el deseo en la pareja?

Lo primero que sugiere Ester Perel, es mantener la propia energía erótica: esto es estar conectado con uno mismo y la propia sexualidad. Luego hay que saber cómo mantener un espacio de juego, de imaginación, donde la pareja pueda compartir como tal. También es importante mantener una relación adulta, donde la independencia es fundamental. La idea es que el hombre y la mujer sientan que el otro no les pertenece, que es un ser individual. Manteniendo una cierta independencia, se logra mantener ese misterio en lo familiar que permite ir en busca de cosas nuevas.

Como el erotismo requiere cierta distancia, es necesario no confundir amor con fusión. La emoción y el deseo vienen de la mano de la incertidumbre, lo impredecible; y no del hábito, la repetición y la rutina, pero esta misma tensión nos hace sentir vulnerables…

Para la autora, una alta intimidad emocional generalmente es acompañada por un bajo deseo sexual. Ella sugiere que para conservar el deseo con una persona a lo largo del tiempo, debemos poder incorporar una sensación de desconocimiento en el ambiente familiar. Nosotros creemos conocer a nuestra pareja, pero en realidad ella plantea que “nuestra necesidad de constancia limita nuestro deseo de conocer a la persona que tenemos a nuestro lado. Vemos lo que queremos ver, lo que toleramos ver y nuestra pareja hace lo mismo…“. Neutralizar las complejidades del otro nos proporciona una especie de otredad que podemos manejar, o sea una vez más, vamos en busca de seguridad.

Las parejas necesitan negociar sus necesidades dobles de seguridad y estabilidad con sus deseos de imprevisibilidad e incluso de riesgo. Intentar reconciliar el amor y el deseo, y propone que para lograr una pareja exitosa hoy es necesario saber como reinventarse, ser flexibles, apreciarnos mutuamente y valorar lo que el otro hace.