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Programa: 19/08/2010

¿Como enseñarles a nuestros hijos a ser inteligentes emocionalmente?

El éxito escolar no se pronostica a través del caudal de hechos de un niño o por la precoz habilidad para leer sino por parámetros emocionales y sociales

 

Daniel Goleman, en su best seller “La inteligencia emocional”, dice que la vida en familia es nuestra primera escuela para el aprendizaje emocional; en ella aprendemos como sentirnos con respecto a nosotros mismos y como los demás reaccionarán a nuestros sentimientos; a pensar sobre estos sentimientos, que alternativas tenemos; a interpretar y expresar nuestros temores y esperanzas. Esta escuela no solo opera a través de las cosas que los padres decimos o hacemos directamente a nuestros niños, sino también en los modelos que les ofrecemos para enfrentarse a sus propios sentimientos y a los que se producen entre marido y mujer.

Los estudios demuestran que la forma en que los padres tratan a sus hijos tiene consecuencias profundas y duraderas en la vida emocional del niño. Por tal motivo tener padres emocionalmente inteligentes es un enorme beneficio para el niño. Las formas en que una pareja lidia con los sentimientos recíprocos, además de sus tratos directos con el niño, les ofrecen lecciones a los hijos.

El autor describe tres estilos de paternidad emocionalmente inepta:

Ignorar los sentimientos en general: este tipo de padres tratan las aflicciones emocionales de sus hijos como un problema trivial o aburrido, algo que deben esperar que pase. No logran utilizar los momentos emocionales como una oportunidad para acercarse a su hijo o ayudarlo a aprender una lección en el aspecto emocional.

Mostrarse demasiado liberal: estos padres se dan cuenta de lo que siente el niño pero afirman que sea cual fuere, la forma en que el niño se enfrenta a una tormenta emocional siempre es adecuada…incluso si es, por ejemplo con golpes. Al igual que aquellos que ignoran los sentimientos de los hijos, estos padres rara vez intervienen, ni intentan mostrar a su hijo una respuesta emocional alternativa. Tratan de suavizar todas las perturbaciones, y, por ejemplo, recurrirán a la negociación y a los sobornos para que su hijo deje de estar triste o furioso.


Mostrarse desdeñoso y no sentir respeto por lo que siente su hijo: estos padres son típicamente desaprobadores, duros tanto en sus críticas como en sus castigos. Pueden prohibir cualquier manifestación de la ira del niño y castigarlo a la menor señal de irritabilidad. Son los padres que le gritan con enojo al niño que trata de dar su versión de los hechos: “no me contestes”.

Por otra parte, hay padres que aprovechan la oportunidad de un trastorno del hijo para actuar como el equivalente de un mentor o entrenador emocional. Se toman los sentimientos de sus hijos con la seriedad suficiente para tratar de entender exactamente lo que les preocupa (“¿estás furioso porque lo que te dijo tu amiguito te lastimó?”). Y ayudarlo a encontrar formas positivas de aliviar esos sentimientos (en lugar de golpearlo, “ ¿por que no buscar un juguete con el que jugas vos solo hasta que tengas ganas de jugar otra vez con él?”). Para que los padres puedan ser eficientes entrenadores, deben tener un buen dominio de las bases de la inteligencia emocional. Una de las lecciones emocionales básicas para un niño es como distinguir entre los sentimientos y poder llegar a comprensiones elaboradas acerca de los mismos como por ejemplo que la ira suele ser provocada por el hecho de sentirse herido.

A medida que los hijos crecen, las lecciones emocionales específicas para las que están preparados cambian. Por ejemplo, las lecciones para la empatía comienzan en la infancia, cuando los padres sintonizan con los sentimientos del bebé. Aunque algunas de las habilidades emocionales se afilan a través de los años, los padres emocionalmente expertos pueden ayudar mucho a sus hijos a través de aprender a reconocer, elaborar y aprovechar sus sentimientos, a empatizar y enfrentarse a los sentimientos que surgen en las relaciones.

El impacto que este tipo de paternidad ejerce en los niños es extraordinariamente profundo. Los hijos de padres emocionalmente expertos se muestran más afectuosos, menos tensos respecto a ellos, se manejan mejor en el manejo de sus propias emociones, son más eficaces a la hora de serenarse cuando están preocupados, y se preocupan con menor frecuencia. Estos chicos son también más relajados y presentan niveles mas reducidos de las hormonas de estrés, que de sustentarse a lo largo de la vida podría augurar una mejor salud física. También hay ventajas de tipo social, son chicos mas populares que caen mejor a sus pares y sus maestros los consideran más hábiles socialmente, tienen menos problemas de conducta, como la brusquedad y la agresividad; también pueden prestar mas atención y por lo tanto son alumnos más eficaces.



¿Como entrenar en los sentimientos?

Los padres debemos comprender cómo nuestros actos pueden ayudar a generar la confianza. Y la curiosidad y el placer de aprender y la comprensión de los límites ayudan a los chicos a tener éxito en la vida.

El éxito escolar no se pronostica a través del caudal de hechos de un niño o por la precoz habilidad para leer sino por parámetros emocionales y sociales: ser seguro de sí mismo y mostrarse interesado; saber que tipo de conducta es la esperada y como dominar el impulso de portarse mal; ser capaz de esperar, seguir instrucciones y recurrir a los maestros en busca de ayuda; y expresar las propias necesidades al relacionarse con otros chicos. La buena disposición de un niño para la escuela depende del más básico de los conocimientos, de cómo aprender.

Existe una serie de ingredientes claves de esta capacidad crucial, todos relacionados con la inteligencia emocional:

Confianza: Es la sensación de controlar y dominar el propio cuerpo, la sensación y el mundo; la sensación del niño, de que lo más probable es que no fracase en lo que se propone y de que los adultos serán amables.
Curiosidad: La sensación de que descubrir cosas es algo positivo y conduce al placer
Intencionalidad: El deseo y la capacidad de producir un impacto y de actuar al respecto con persistencia. Esto está relacionado con una sensación de competencia, de ser eficaz.
Autocontrol: Es la capacidad de modular y dominar las propias acciones de maneras apropiadas a la edad, una sensación de control interno.
Relación: La capacidad de comprometerse con otros, basada en la sensación de ser comprendido y de comprender a los demás.
Capacidad de comunicación: El deseo y la capacidad de intercambiar verbalmente ideas, sentimientos y conceptos con los demás. Esto esta relacionado con una sensación de confianza en los demás y de placer en comprometerse con los demás, incluso con los adultos.
Cooperatividad: La capacidad de equilibrar las propias necesidades con las de los demás en una actividad grupal.

Que el niño llegue o no a la escuela con estas capacidades depende en gran medida de que sus padres le hayan bridado el tipo de cuidados que puede equipararse con una educación de los sentimientos.