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Programa: 26/08/2010

La Batalla de Roles que Establecemos con Nuestra Pareja Pos-Bebé

¿Quién lleva la peor parte en su casa? ¿Quién trabaja más? ¿Quién se divierte más?
Lo que se espera versus la realidad

 

Cuando nos convertimos en padres, aumentan de modo descomunal las responsabilidades domésticas. Y sabemos que también aumenta la presión económica, El ritmo es incesante… Entonces no es una sorpresa, que comencemos a discutir por la división del trabajo en casa.

Llevar un puntaje es una incesante lucha o batalla de ojo por ojo entre la pareja, y puede ser un eterno debate sobre un interrogante fundamental doméstico… ¿A quién le toca bañar al bebé esta noche? Por supuesto entre otros ejemplos.

Muchas mujeres cuando se casan sienten que son iguales a ellos y así las ven también sus maridos. Y consideran que tanto ellas como sus respectivas parejas constituyen un matrimonio que parecen sociedades basadas en la igualdad. Logran ese ideal. Pero por alguna razón al convertirse en padres el ideal de igualdad se deshace.

Casi todas las mujeres se sienten muchas veces decepcionadas por la falta de equidad en la división del trabajo domestico después de tener hijos y por el incremento del volumen de trabajo de lo que aparentemente sus esposos no se dan cuenta. Las mujeres no entienden por qué el aspecto de compartir no funciona como lo esperaban.

El tema aquí tiene que ver con el choque o la colisión entre lo que se espera y la realidad. Y en la actualidad, con respecto al estado del matrimonio moderno, la pregunta sería… ¿Se puede alcanzar en algún momento un verdadero equilibrio social entre los esposos? Es una toma instantánea del momento en el que se encuentra nuestra generación, nuestra sociedad y de lo que pensamos acerca de las funciones femeninas y masculinas.

Las mujeres pueden decir bastante sobre el estancamiento en el progreso del feminismo… y los hombres pueden decir ¡Más quejas!...o “esto ya lo he escuchado antes”…

Llevar un puntaje o una cuenta es la evidencia de la batalle de roles que se desarrolla en nuestra casa todo el tiempo. La pregunta entre doméstica y social es; ¿Por qué después de tanto tiempo y de tanto supuesto progreso seguimos luchando por lo mismo?

Casi todas las mujeres saben y sienten que tienen una porción gigante de participación en los trabajos domésticos después de la llegada de los hijos, y eso no es algo fácil de aceptar ya que la proporción se ve mucho más grande que la de nuestro marido.

Entre tanto, muchos hombres consideran que sus vidas de hogar y su poco tiempo libre están dominados por las exigencias de sus esposas de que se encarguen de más tareas domésticas y de una mayor parte de la crianza de los hijos. Ellos se preguntan por qué aparentemente sus contribuciones, tanto en el trabajo, como en el hogar, nunca parecen suficientes. Ellos dicen que es una competencia que no termina jamás…

Todos no hemos preguntado… ¿De esto se trata? ¿Será nuestro matrimonio un incesante debate sobre estos temas? Todos intentamos reconciliar nuestras expectativas acerca del matrimonio y la paternidad con la realidad. Esta lucha es como un telón de fondo y alimenta el fuego de la discusión sobre quién de los miembros de la pareja tiene una “puntaje más alto de la división del trabajo doméstico”.

Y aunque suene raro lo del puntaje, en lo cotidiano lo podemos ver por ejemplo; cuando una esposa enumera a su marido todas las actividades que hicieron con los chicos, sacrificándose por ellos y por los demás. ”Pagué todas las cuentas, compré un regalo de cumpleaños para tu madre, leí “Harry Potter” cinco veces, llevé cuatro niños de 6 años al cine a ver “El príncipe de Persia”, y todo eso en una tarde”.

El esposo entonces, responde o retruca;” Discúlpame, pero ¿no fui yo el que preparó el desayuno de los niños todas las mañanas la semana pasada, incluyendo la mañana que se me hizo tarde para mi presentación, y cuando debí irme más temprano, y además busqué la ropa de tintorería sin que me lo pidieras y además bañé a los niños tres veces la semana pasada?” ¿Qué más quieres?

Por supuesto este recuento de lo que cada cual ha hecho y de los sacrificios que todo eso implica puede ser interminable.

Así, de esta manera… ¿qué pasa? Cada uno termina disgustado y a la defensiva, y cada uno está convencido de que su parte es la peor. Algunas parejas llevan un puntaje como un hábito. Otras lo hacen ocasionalmente. Pero, todos caemos en lo mismo, y a veces nuestros enfrentamientos menores alcanzan niveles de combate.

Cada uno está convencido de tener la razón y recurren a ataques mayores para probar que así es. Por supuesto que hay casos donde alguno guarda el resentimiento en silencio por ejemplo para evitar conflictos. A veces “el ser socios iguales” significa para la mujer, que él debe ver y entender implícitamente lo que hay que hacer y hacerlo sin que se lo diga.

Para los hombres, es muchas veces más difícil ganar puntos en la división de trabajo. Cuando un marido dice: “Me levanté con los niños el martes”, ella responde:…. “Bien, yo me levanté con los niños todas las mañana durante las tres últimas semanas, a excepción de ese martes”. Ante fundamentos superiores y (por no decir armas) los hombres deciden retirarse, pero no reconocen la derrota…. Entonces el resultado final es que nadie gana esta guerra.

Para cerrar el tema o esta batalla, por un rato al menos, tratemos de volver a replantearnos con nuestra pareja, qué es lo que cada uno espera del otro, no darnos por vencidos, y encontrar en la comunicación (no en el echarse en cara) la valoración de lo que cada miembro hace con respecto al trabajo en la casa y en relación a la crianza de los hijos. Y no buscar reconocimiento o valoración en la batalla o en acumulación de puntaje o en la queja continua, o en echar culpas… Y tal vez retomar en una charla más profunda aquella pregunta con nuestra pareja... ¿Para qué vivimos juntos si no es para hacernos la vida menos difícil mutuamente?