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Programa: 23/09/2010

El APEGO: El vínculo especial madre-hijo

Las formas de apego que se desarrollan en forma temprana tienden a mantenerse durante toda la vida

 

El psicoanalista inglés John Bowlby, es reconocido como creador de la teoría del apego. Este autor define al apego como aquel vínculo emocional que desarrolla el niño con su cuidador primario, generalmente la madre, que le proporciona la seguridad emocional necesaria para un buen desarrollo de su personalidad. Su postulado principal es que el estado de seguridad, ansiedad o temor de un niño es determinado en gran parte por la accesibilidad y capacidad de respuesta de su principal figura de apego, que es aquella con la cual establece este particular vínculo.

A través de diversas investigaciones ha acumulado datos que demostraron que los seres humanos de todas las edades son más felices y pueden desarrollar mejor sus capacidades cuando piensan que, tras ellos hay una o más personas dignas de confianza que acudirán en su ayuda si surgen dificultades. La persona en la cual confían puede considerarse que proporciona a su compañero una base segura desde la cual operar.

Asimismo ha podido observar como la clase de experiencias que una persona tiene, en especial durante su infancia, afectan tanto las expectativas de hallar o no más adelante una base personal segura, como el grado de capacidad que posee para poder iniciar y mantener una relación mutuamente gratificante cuando tenga la oportunidad. Por el contrario, la naturaleza de las expectativas que una persona tiene, así como el grado de capacidad que aporta, tienen un papel muy importante para determinar las clases de personas con las cuales se asocia, y también como estas personas la tratan. Debido a estas interacciones, cualquier patrón que se establezca primariamente tiende a persistir. Este es el principal motivo de que el patrón de relaciones familiares que una persona experimenta durante su infancia sea tan fundamental para el desarrollo de su personalidad.

Formas de apego Las formas de apego se desarrollan en forma temprana y tienden a mantenerse durante toda la vida.

En base a como los individuos responden en relación a su figura de apego cuando están ansiosos, se definieron los tres patrones más importantes de apego y las condiciones familiares que los promueven. Los tres patrones principales son el estilo seguro, el ansioso-ambivalente y el evasivo.

Apego seguro

Las personas con estilos de apego seguro, son capaces de usar a sus cuidadores como una base de seguridad cuando están angustiados. Ellos tienen cuidadores que son sensibles a sus necesidades, por eso, tienen confianza que sus figuras de apego estarán disponibles, que responderán y les ayudarán en la adversidad. En el dominio interpersonal, tienden a ser más cálidas, estables y con relaciones íntimas satisfactorias, y en el dominio intrapersonal, tienden a ser más positivas, integradas y con perspectivas coherentes de sí mismo. De igual forma, muestran tener una alta accesibilidad a esquemas y recuerdos positivos, lo que las lleva a tener expectativas positivas acerca de las relaciones con los otros, a confiar más y a intimar más con ellos

Apego ansioso - evitante
Las personas con este tipo de apego, tienen despliegues mínimos de afecto o angustia hacia el cuidador, o evasión de esta figura ante situaciones que exigen la proximidad y rechazan la información que pudiese crear confusión, cerrando sus esquemas a ésta, teniendo estructuras cognitivas rígidas. Tienen más propensión al enojo y otras emociones negativas. A menudo esta conducta se caracteriza por la agresividad y la desobediencia.

En estos casos se suelen tanto conductas de retracción como de apego, ya que ambas cumplen una misma función: protección. Resulta fácil combinar en una acción única el acto de alejarse de una zona y acercarse a otra.

Una conducta de apego insegura-evitante o la presencia de fallas en el establecimiento del vínculo materno-infantil, se ha asociado con madres que maltratan a sus hijos, ya sea de manera física, verbal, a través de la indiferencia o por una inhabilidad psicológica. Las madres de niños evitantes pueden ser sobreestimulantes e intrusitas.

Apego ansioso ambivalente

Los sujetos ambivalentes son aquellos que buscan la proximidad de la figura primaria y al mismo tiempo se resisten a ser tranquilizados por ella, mostrando agresión hacia la madre. Responden a la separación con angustia intensa y mezclan comportamientos de apego con expresiones de protesta, enojo y resistencia. Debido a la inconsistencia en las habilidades emocionales de sus cuidadores, estos niños no tienen expectativas de confianza respecto al acceso y respuesta de los primeros. Estas personas están definidas por un fuerte deseo de intimidad, junto con inseguridad respecto a los otros, pues desean tener la interacción e intimidad y tienen intenso temor de que ésta se pierda.

Una situación especial en la que se produce conflicto entre la conducta afectiva y la conducta de alejamiento, es la que se produce cuando la figura de apego es también la que provoca temor, al recurrir, quizás, a amenazas o actos de violencia. En esas condiciones, las criaturas más pequeñas no suelen huir de la figura hostil, sino aferrarse a ella.

Todo apego regido por la ansiedad se desarrolla no sólo porque el niño ha sido excesivamente gratificado, sino porque sus experiencias lo han llevado a elaborar un modelo de figura afectiva que suele mostrarse inaccesible o no responder a sus necesidades cuando aquél lo desea. Cuanto más estable y previsible sea el régimen en el que se cría, más firmes son los vínculos de afecto del pequeño; cuanto más imprevisibles y sujetos a interrupciones sea ese régimen, más caracterizado por la ansiedad será ese vínculo.

Efecto del apego

Los bebés que presentan un apego seguro exhiben otras características positivas entre las cuales se encuentra la presencia de una mayor competencia cognitiva social y una mayor capacidad de solución de problemas y tienden a ser más cooperadores y obedientes.


Los vínculos de apego van a seguir su curso durante todo el ciclo evolutivo con las transformaciones y adecuaciones que cada edad requiere. A lo largo de todo el período escolar se suelen mantener como figuras de apego los padres. A medida que va creciendo el niño va tolerando mejor las separaciones cada vez más largas, el contacto físico no es tan estrecho y las conductas exploratorias no precisan de la presencia física de las figuras de apego. Sin embargo, en momentos de aflicción, pueden activarse en gran manera las conductas de apego con reacciones similares a la de los primeros años.


Los efectos del apego inseguro en la vida adulta

Cada persona puede dar a los demás lo que a le han dado a ella. Cuando adoptamos con nosotros mismos o con los demás las mismas actitudes y formas de comportamiento que tuvieron nuestros padres, puede decirse que nos estamos identificando con ellos. Los procesos a través de los cuales se adquieren estas actitudes y comportamientos probablemente corresponden a un aprendizaje mediante observación al igual que el resto de las conductas útiles aprendidas.

Para explicar porque individuos de diferente naturaleza continúan presentando las mismas características de funcionamiento mucho después de haber sido desarrolladas se comprobó que todos los modelos representativos de figuras de apego como de sí mismo que una persona se forma durante la infancia y la adolescencia, tienden a persistir relativamente inmodificados a lo largo de la vida adulta. Como resultado de esto, la persona tiende a asimilar a cualquier persona nueva con la que establece un vínculo, la esposa, el hijo, su jefe, con un modelo preexistente (correspondiente a la madre, al padre o a sí mismo) y con frecuencia persiste esta asimilación o equiparación, a pesar de la reiterada evidencia de que el modelo es inadecuado. De la misma manera, espera ser considerado y tratado por los demás del modo que resultaría adecuado para el modelo que tiene de sí mismo, y continúa con tales expectativas a pesar de que la realidad le demuestre lo contrario. Estas percepciones y expectativas equivocadas dan lugar a creencias equivocadas acerca de los demás, a falsas expectativas sobre cómo se comportaran y a acciones inadecuadas, que pretenden anticipar la respuesta al comportamiento que se espera de los otros. Por ejemplo, una persona que durante su infancia fue amenazada frecuentemente con el abandono, puede atribuir fácilmente esta intención a su mujer. Va a tender a interpretar erróneamente las palabras que ella diga o las cosas que haga, en el sentido del imaginario abandono y para esto adoptara cualquier modo de actuar que piensa que puede contrarrestar mejor la situación que cree que existe. La consecuencia de este tipo de situaciones podría ser un conflicto basado en malos entendidos.