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Programa: 30/09/2010

¿COMO TRATAR LOS SENTIMIENTOS DE LOS NIÑOS?

El costo de los métodos tradicionales y los efectos de la represión en lo físico y sobre la autoestima

 

La mayoría de nosotros manejamos los sentimientos de los niños de la misma manera que menos nos gusta que se manejen los nuestros. Cuando compartimos nuestros sentimientos personales, no buscamos juicios, ni lógica, ni razones, ni consejos. No deseamos que los sentimientos se vean dejados de lado, ni negados, ni tomados a la ligera. Sin embargo podemos enumerar algunas reacciones típicas de padres ante los sentimientos de los niños:

-“¡Ojalá no tuviera un hermano, el que tengo es horrible!”

-“¡Hugo! Lo que acabas de decir es espantoso! ¡Si a tu hermano le pasara algo, te sentirías muy mal por tener esos pensamientos! “(La madre de Hugo juzga y avergüenza a su hijo, en vez de ayudarlo en el caso de celos terribles que tiene adelante).

Para que podamos abrirnos a los demás en materia de sentimientos es ante todo la búsqueda de ser comprendidos. Sin embargo, cuando los niños comparten sus emociones con nosotros, nuestra actitud típica consiste en darles instrucciones acerca de lo que deben o no deben sentir. Lo que vemos es que en el manejo de las emociones rara vez damos lo que deseamos que nos den.

¿Por qué son un problema los sentimientos?

A pesar de que los sentimientos negativos son un hecho de la vida, prácticamente a todos nos ensenaron que no debemos tenerlos. La realidad es que nadie puede vivir día a día con otro sin conflictos y que los conflictos engendran sentimientos. Por eso es importante tener conciencia que la manera más rápida de liberarse de las emociones negativas (y la única de asegurarnos que no se transformen en síntomas de otra índole) es poder expresarlas. Los sentimientos negativos que se expresan y se aceptan pierden su valor destructivo.

Los sentimientos producen cambios corporales

Cuando los sentimientos se expresan mediante la acción física vigorosa, la arcilla, la pintura, el teatro, la música o las palabras, la energía envuelta en la emoción, se descarga. Entonces el cuerpo puede volver a su estado de equilibrio inicial. La expresión de los sentimientos descarga la energía emocional.

El costo de los métodos tradicionales

Cuando los sentimientos negativos se reprimen, el cuerpo permanece en estado de tensión. Una vez que las presiones se acumularon, para producir alivio es necesario recurrir a válvulas de escape. Las emociones contenidas pueden volverse contra la propia persona (a través de síntomas físicos y psicológicos como dolores de cabeza, hiperactividad, obsesiones, enfermedades psicosomáticas, etc.), o bien pueden volcarse hacia afuera, en forma de agresión hacia los demás y hacia la sociedad.

Por otra parte las energías que se frenan con la represión no quedan disponibles para propósitos constructivos. El torbellino interno constante lleva a la fatiga crónica y disminuye la resistencia a las enfermedades físicas. Se puede observar con cuanta frecuencia las enfermedades que padecemos siguen a períodos de tensión emocional.

Otra desventaja de la represión es que por tratarse de un exceso de control, no solo encierra las emociones negativas sino que también lo hace con las cálidas y positivas. El niño reprimido se mantiene casi siempre controlado, distante y frío.

Se podría decir que el niño modelo, reprime sus malos sentimientos y sigue siendo bueno. El comportamiento modelo claramente no es la conducta saludable y positiva. La conducta del niño modelo no surge espontáneamente de un desborde de alegría real, sino que actúa como si leyera todo lo que hace de un libro de buenos modales.

Efectos de la represión sobre la autoestima

Además de las desventajas que enumeramos antes, la represión también afecta negativamente en la autoestima del niño. Las maneras tradicionales de manejar las emociones de los niños los alejan de nosotros, al comunicarles que padres de su ser son inaceptables. Buscando el autorespeto, los niños pueden o bien tratar de ocultar esos sentimientos hasta de si mismos y bloquearlos de manera que no lleguen a su conciencia. De esta manera, se alienan y quedan fuera de contacto con lo que verdaderamente son.

Cuando un niño no se niega a si mismo los sentimientos prohibidos sino que se limita a mantenerlos fuera de la vista, llega a la conclusión: “Debo ser una persona terrible para tener estos malos sentimientos”, y de esta manera desaparece el autorespeto.

¿Cómo sería un manejo constructivo de los sentimientos?

La fórmula para manejar constructivamente los sentimientos sería la siguiente: ante una emoción, positiva o negativa, lo primero que debemos hacer es escuchar con empatía, aceptamos el sentimiento y por último proveemos válvulas de escape aceptables.