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Programa: 07/10/2010

LAS FAMILIAS, LOS ROLES, Y LOS ESTEREOTIPOS

Clasificaciones de algunos personajes familiares prototípicos que se han popularizado por formar parte de muchas familias

 

En su libro, “Cuando es preciso ser padres”, sus autores, Lilian Banderas y Ricardo Levy, hacen una interesante descripción acerca de la influencia que tiene el rotulo que se le asigna al chico dentro del sistema familiar en la formación de su autoconcepto.

Para esto, parten de la idea que las familias se suelen estructurar con acuerdos implícitos según los cuales se distribuyen los roles: a cada hijo se le asigna un papel que interactúa con el de sus hermanos y sus padres, y cada hijo puede aceptar estas reglas, salirse del juego o no intervenir.

Existe una diferencia entre las familias flexibles donde los papeles son relativos y móviles, a veces sobresale uno de los hermanos y por momentos otro, en algunas cosas se destaca uno y en algunos aspectos se destaca otro y las familias rígidas donde los roles pueden tornarse fijos y estereotipados, extremos y absolutos transformándose en rótulos, donde cada hijo cumple estrictamente un libreto y anda por la vida cargando solo esa etiqueta y actuando en función de ella, de este modo los otros le confirman siempre que él es la etiqueta.

Vamos a compartir ahora una clasificación que hicieron los autores de algunos personajes familiares prototípicos que se han popularizado por formar parte de muchas familias:

La oveja negra
Este personaje representa al hijo diferente por las características exageradamente negativas que se le atribuyen, en contraste con la autovaloración positiva del resto del grupo familiar. Estas características pueden ser totales o parciales y son señaladas como una marca distintiva que lo margina del resto del rebaño.

Este hijo se siente descalificado, rechazado, dejado de lado y excluido. Para sus padres es la deshonra de la familia, para sus hermanos la vergüenza. Uno de sus caminos es desarrollar comportamientos en el mundo externo que generan rechazo en los demás y de esta manera ratificar su etiqueta. El otro camino es buscar agruparse con otras ovejas negras, integrándose en grupos que desde la óptica familiar son marginales.

La mosca blanca
Son aquellos chicos que también sobresalen por lo diferente, pero con atribuciones positivas sobredimensionadas dentro de una familia con una pobre visión de sí misma. “Este hijo” se siente sobrevalorado, especial, es un ejemplo para los demás. Para los padres es el orgullo y para los hermanos un modelo y la envidia. Esta etiqueta puede significar para el chico un estímulo contante y alimento para su autoestima, que facilite el camino hacia la obtención de logros, con sentimientos de satisfacción; o puede representar una mochila pesada por la autoexigencia del “deber ser” en el desempeño de un papel que no admite fallas, con sentimientos de displacer”.

“En el afuera, el mantenimiento del rotulo suele llevar a estos chicos a que sobresalgan del resto, pueden destacarse en el colegio, siendo abanderados, o ser el preferido de la maestra, y entre sus pares puede ser el mejor compañero o es envidiado porque está en el pedestal o es rechazado porque lo ven como “bicho raro”. Arrastrar esta etiqueta supone el mandato de ocupar un lugar destacado en el mundo”.

La manzana podrida
En estos casos, la atribución negativa se generaliza a la totalidad de la personalidad del chico y ya no hay nada que esperar: está perdida, arruinada, no tiene arreglo y sobretodo es vista como peligrosa, porque puede pudrir al resto.

Este chico se siente peligroso y sin salida. Para sus hermanos puede ser una tentación prohibida: se sienten tentados a seguirlo e imitarlo porque llama la atención, pero saben que es mejor alejarse, porque contamina. Como los chicos suelen verse y actuar tal como los ven, este repite en el mundo conductas que a través de la mirada de los otros le confirman quien es él.

La estrella
Este es el niño que según la definición de los padres es el elegido, tiene un don maravilloso que seduce, y todo gira alrededor de él. En él se ve a un dotado naturalmente para ser el mejor en todo, “todo le sale bien” y tiene un destino promisorio porque “nació para triunfar”.

Los padres tienden a exacerbar y alabar sus aciertos y minimizar o neutralizar sus fallos.

“En el mundo este niño puede tener un gran magnetismo y conseguir adeptos, generando fascinación en un rol de líder carismático; pero puede creer que los demás son injustos con él si no lo idolatran como sus padres. Los otros pueden seguirle el juego, o chocar contra su vanidad cuando intentan bajarle los humos porque él no acepta ser uno más”.

El estrellado
La familia lo ve como un pobrecito, lo que otros consiguen fácilmente a él le cuesta un enorme esfuerzo, o no puede conseguirlo o lo pierde rápidamente. Los padres no le tienen confianza, sus logros son vistos como obras de la casualidad, vaticinan su fracaso, exageran sus errores, y hasta las cotidianas situaciones adversas con las que todo el mundo se enfrenta adquieren para él una dimensión especial, para confirmarle que “no hay una que le salga bien”.

Estos chicos se sienten impotentes, son quejosos y piensan que todo lo malo les pasa a ellos. Hacen anticipaciones catastróficas y se predisponen para confirmarlas. Cuando algo le sale bien tiene miedo de disfrutarlo porque piensa que algo malo puede suceder.

En el mundo externo este niño no compite porque no vale la pena o se boicotea.

El genio
La característica que hace diferente al genio es la de poseer un recurso, aptitud, habilidad o destreza en algún aspecto de su persona, que sobresale llamativamente del resto. Dispone de un atributo propio excepcional. Tiene el mérito de ser un superdotado.

Sus padres suelen ser sobre exigentes con él y no escatiman esfuerzos para que este niño desarrolle al máximo su potencial privilegiado, ponen todas sus energías al servicio del despliegue de ese aspecto, a expensas del cuidado por el crecimiento armónico de las otras áreas de su personalidad que quedan desfasadas. Es por eso que es común ver a un genio del deporte analfabeto, un genio de la música inadaptado social o un niño prodigio de la televisión carente de afectos.

En función de la etiqueta, este chico se siente un ser superior, pero oculta un deseo de ser como los demás; para un costo altísimo por ser genio, le resulta difícil lo que para otros es simple en el manejo de lo cotidiano, él esta más allá. Se siente anormal y carga con el peso de tener que ser un modelo para los demás.

En el exterior o es admirado por su talento, o es usado, o resulta pedante, antipático, soberbio o raro. Aunque en casos excepcionales se puede ser un genio y una estrella al mismo tiempo.

Siguiendo a los autores, más allá del rotulo, en un mismo grupo familiar a veces coexisten varios hijos rotulados, y en función de esta marca, los hermanos funcionan como idénticos, opuestos o complementarios.

La etiqueta que un padre o una madre le ponen a un hijo surge de la descripción de hacen de él según como lo ven. Los padres están convencidos de su observación y creen ser neutrales respecto al comportamiento del chico. La idea de imparcialidad es una ilusión, los padres siempre influyen sobre la manera de actuar de sus hijos aunque funcionen como simples espectadores.

Todos tenemos alguna etiqueta que contribuye a nuestra definición y ese no es el problema. De la síntesis entre las imágenes externas y la autoimagen, surge el autoconcepto. El problema es la marca grabada a fuego, las rígidas etiquetas de las familias rígidas, porque esas nos determinan y no nos dejan ser más que eso.