volver>>
 

Programa: 04/11/2010

LOS LÍMITES EN EL TIPO DE LÍMITES

Sabemos que si como padres no ponemos límites, inevitablemente se los van a poner los demás y sin el afecto que nosotros sentimos por nuestros hijos

 

En su libro “Cómo poner límites a los hijos”, su autora, Elvira Giménez de Abad, nos alerta acerca de la importancia de los límites de los límites: mantener un tono amable en la expresión; ser firme; seguro; razonable y sostener una continuidad. En este sentido lo que propone es mantener un equilibrio a la hora de poner límites.

Lo primero que enuncia la autora en su libro es el sentido del límite, cual es su propósito. Para esto dice que si un límite no permite ningún tipo de discriminación y sólo es un “no” constante que niega la independencia, la responsabilidad y la creatividad, estaremos formando a un ser humano con autoestima muy baja y poca seguridad en sí mismo, que necesitará permanentemente la aprobación de otros para emprender alguna actividad. Por el contrario, si el límite no existe o es muy débil, generará en el niño actitudes prepotentes que serán también una manifestación de inseguridad.

Propone que tan importante como poner los límites necesarios es cuidar la forma en la que se ponen, utilizando buenas maneras sin poner en ridículo al niño frente a los demás, es mejor darle la indicación en voz baja y a solas. Una indicación será siempre más eficaz si el padre o la madre usan un tono que refleje el sentimiento de amor que los lleva a decir lo que están diciendo.

Esto le va a permitir al niño que pueda recibirlo e internalizarlo, para poder ponerlo en práctica.
Límites en el tipo de límites: la obligación de los padres es educar a sus hijos teniendo en cuenta que el límite que impongan tenderá al bien del niño y de la familia y por consiguiente a su mejor funcionamiento en sociedad. Los límites que favorezcan un desarrollo armónico y que tiendan al crecimiento interior del niño son los que tengan que ver con las características de la familia y con sus valores. Para esto es importante reflexionar acerca de las cosas que son valiosas para los padres, aquellas cosas que quieren cuidar y hacer respetar. Esta tarea es sumamente importante ya que el límite que les ponemos a nuestros hijos hoy, quedará grabado en los chicos y será el que los proteja el día de mañana.

Aprendamos a enseñar y comunicar nuestros estados de ánimo: aunque no lo demuestren los niños están siempre pendientes del estado de ánimo de los padres y pueden percibir sus fluctuaciones emocionales desde los primeros meses de vida. Por eso necesitan explicaciones.

El mal humor de los padres puede tener distintas causas, laborales, conyugales, familiares, económicas, y también puede deberse a la conducta de los hijos. En este último caso sugiere que es conveniente que nos preguntemos por que nos molesta tanto lo que hace el chico. Muchas veces nos damos cuenta que lo que nos pone mal en realidad es no saber qué hacer, cómo actuar, qué decir, o que alguna de esas situaciones nos recuerda a nuestra propia niñez.

Lo importante es siempre reflexionar. Es bueno que podamos hablar con nuestro hijo acerca de las actitudes que nos molestan y acordar con él que no repita esa conducta, siempre que nuestro hijo sea mayor de 6 años. Tanto escuchar como escucharse es fundamental.

Premios y castigos
De acuerdo al momento evolutivo del niño, existen distintos métodos que pueden utilizarse. La autora enumera algunos, que si bien son cuestionables, también han mostrado ser bastante eficaces.

Períodos de exclusión: consiste en retirar al niño del lugar en que esta realizando una actividad compartida cuando su conducta molesta a los demás. Estos períodos no deben superar los 5 minutos, y el empleo de este recurso debe ser preciso, coherente y sostenido. El sitio al que se lo envíe debe ser seguro y no provocarle miedo.

Es importante no polemizar con el niño, cuando le damos una indicación él debe cumplirla. El niño debe saber que si no obedece va a tener una sanción. Muchas veces nuestros hijos van a intentar desafiarnos pero en la medida en que tengamos claro que es lo que hay que hacer, él no insistirá en su conducta.
Es importante que no polemicemos con nuestros hijos para que aprendan que cuando les damos una indicación tienen que cumplirla.

Reparar y recompensar
Enseñar a los chicos a reparar una situación, ya sea una desobediencia, una contestación inadecuada o una agresión, les permite aprender a hacerse responsables de sus actos y comenzar a corregirlos lo que también implica que pueden ponerse en el lugar de los demás. Para esto es bueno que reflexionemos acerca de la forma en la cual nosotros como adultos, reparamos situaciones, si es que lo hacemos, y como lo hacemos. Para poder reparar, primero es necesario reconocer la equivocación, luego aceptar el daño causado y finalmente disculparse manifestando la intensión de no repetir la conducta. Para enseñarles a reparar a nuestros hijos es necesario que como padres lo hayamos aprendido y lo practiquemos entre nosotros y con ellos.

Sanciones
Las sanciones que se imparten más fácilmente tienen que ver con sacarle al chico algo que le gusta o con prohibirle ir a algún lugar. Como es muy frecuente que cuando se nos pase el enojo las sanciones que les impartimos nos parezcan excesivas y terminemos suprimiéndolas u olvidándolas, lo que hacemos de esta manera es perder credibilidad ante el niño. Para evitar esto es importante que las sanciones no sean muy graves y que sean proporcionales a la conducta y la edad del chico. También es necesario que tengamos en cuenta que el objetivo de las sanciones es corregir y formar al chico para una convivencia sana dentro y fuera de la familia, por esto es importante que una vez que la situación pasó podamos volver sobre el tema y darle al chico las explicaciones sobre el enojo que provoco su conducta, como reconocer también que cumplió muy bien lo que se le pidió.