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Programa: 21/10/2010

LAS DIFERENCIAS ENTRE HOMBRES Y MUJERES

¿Por qué para las mujeres es tan difícil soltar y por qué para los hombres es tan complicado retener?

 

Pilar Sordo, la psicóloga chilena que se ha hecho muy conocida en este último tiempo a raíz de sus conferencias subidas en YOUTUBE, tiene publicado un libro llamado “Viva la diferencia” en el cual comparte las conclusiones a las cuales ha arribado a través de las investigaciones que realizó acerca de la diferencia entre hombres y mujeres.

En este libro la autora hace una interesante descripción acerca de la diferencia entre los aspectos masculinos y femeninos de la personalidad, considerando que tanto hombres como mujeres poseemos características femeninas y masculinas y tenemos desarrolladas algunas más que otras. Para esto propone que tratemos de identificarlas y descubrir en la propia historia lo que nos hizo adoptar dichas características y desde aquí cuáles serían los aspectos que nos quedan por desarrollar.

Capacidad retentiva y expulsiva

Una de las diferencias que describe en su libro es que mientras que en lo masculino lo natural es la liberación, la capacidad de desprenderse y soltar los procesos. En lo femenino la tendencia es a retener. Estas dos funciones tienen su correlato en lo biológico, donde el hombre para generar vida debe permitir que sus espermatozoides salgan de él y la mujer no puede generar vida si no tiene la capacidad de retener a un bebe dentro de sí misma. Esta capacidad retentiva o expulsiva se puede observar en distintas características de nuestro funcionamiento, por ejemplo en nuestra manera de enfrentar los conflictos: mientras las mujeres tendemos a ser más lentas que los hombres en procesar nuestros conflictos, nos cuesta más olvidarnos de ellos y pasar de una etapa a otra; generalmente tendemos a quedarnos pegadas a nuestros conflictos o angustias. Esto hace muy difícil la comprensión desde lo masculino, ya que para los hombres conflicto solucionado es conflicto olvidado y no forma más parte de su repertorio conductual. Las mujeres parece que tuvieran más memoria para sus procesos afectivos que los hombres justamente por el hecho de retener dentro de sí muchos elementos.
Esta capacidad de retención se contrapone con la capacidad para soltar con que cuentan los hombres naturalmente y expresan a lo largo de sus vidas. Siempre están centrados en un objetivo y pueden pasar de un objetivo a otro con rapidez. De alguna manera les es más fácil olvidar los conflictos y seguir avanzando, no piensan en todas las etapas que ese conflicto o ese proceso puedan tener, lo cual les permite avanzar más rápidamente. Siempre están pensando de alguna manera que no ganan nada con preocuparse por cosas que no pueden resolver en el momento. El pasar de una etapa a otra también es una característica propia de soltar.

Las acciones que implican retener significan también no dejar de hacer algo independientemente del agobio que me cause. Es muy característico de las mujeres que hacemos cosas, nos quejamos de lo que hacemos y sin embargo no las dejamos de hacer. Los hombres no entienden por qué hacemos algo que nos desagrada tanto y que encima nos tiene quejándonos todo el tiempo mientras lo hacemos. El llamar, reclamar, preguntar, quejarse, llorar, también son elementos retentivos. Cuando lloro de alguna forma le pido al otro que se acerque a mí, lo retengo y traigo hacia mí. A diferencia del aspecto masculino, que tiene más que ver con la rabia y el enojo; al enojarme lo que hago es alejar al otro de mí, suelto al otro y lo separo de mí de esta manera porque me es más cómodo estar lejos de él.

En la descripción de esta diferencia que la autora adjudica en gran parte a la naturaleza, que requiere que las mujeres sean capaces de retenerlo todo, de cuidar lo que tienen, de mantener las situaciones y sus nidos cobijados, y los hombres, al soltar y liberarse de los conflictos con el fin de poder seguir avanzando en sus futuros objetivos, está por otro lado la importancia de poder aprender lo propio del otro género. En el caso de las mujeres, dice la autora de “Viva la Diferencia”, tenemos que aprender a dejar de hacer lo que de alguna manera nos hace daño, o hacer aquello que aparentemente no nos gusta sin quejarnos tanto o sin mantener la queja como una constante; solo así podemos soltar, alejarnos y dejar aquello que nos hace mal. Aprender a soltar nuestros afectos para que cada miembro de la familia se haga responsable de lo que le corresponde y no hacernos cargo de todo lo que pasa dentro de la casa con los reclamos pertinentes.

En el hombre, en cambio, sugiere que el desafío sería poder lograr avanzar en la función de retener para poder aprender a cuidar lo que tienen cotidianamente, ser capaces de entender que las cosas se construyen de a poco y no solamente sobre la base de objetivos logrados, para que sea también capaz de cuidar la casa, sus cosas, preocuparse de lo que involucran los ambientes afectivos y cuidar así mejor de sus afectos. Mientras más haya desarrollado un hombre su lado femenino más fácil le será poder retener y cuidar sus afectos, y por lo tanto, hacer feliz a la mujer, a los hijos y a los que lo rodean. Mientras más masculino sea el hombre más desinteresado estará de los procesos afectivos y su concentración estará enmarcada exclusivamente en el logro de objetivos que él mismo se ha propuesto.

La autora lo explica a través de dos principios, femenino y masculino, que guían nuestra existencia y que determinan de alguna manera en el proceso de soltar la dificultad de las mujeres y la facilidad de los hombres.

Lo femenino estaría determinado porque en la base de su accionar predomina el sentirse necesitado. Esto hace más difícil aún para las mujeres el soltar, ya que si primero necesito sentirme necesaria me será imposible dejar de hacer ciertas cosas porque mi identidad, y mi autoestima están principalmente y por desgracia, determinadas así más por lo que hago y no por lo que soy; y sólo en la medida en que haga y porque hago ciertas cosas me siento más querida y más útil.

En cambio, la identidad masculina estaría sobre todo determinada por el aspecto económico y por el aspecto sexual. Y lo masculino entonces estaría gobernado principalmente por la necesidad de admiración. Esto dificulta el retener, ya que para poder ser admirado por la persona o el público al que se está seduciendo, los hombres deben cambiar permanentemente de objetivos; solo así la observación estará constantemente centrada en esta admiración.