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Programa: 11/11/2010

¿Qué les estamos enseñando a nuestros hijos a través de los propios hábitos de consumo?

Si satisfacemos cada capricho de nuestros hijos tal vez nunca terminen de desarrollar un corazón lleno de gratitud. Pasarán la vida deseando más y se perderán los placeres simples y cotidianos.

 

¿Estamos transmitiendo nuestra codicia a nuestros hijos?

Para reflexionar como padres en esta época de consumismo y de cumplir deseos y necesidades a través de las cosas materiales, Jill Rigby, nos dice en su libro “Educar niños respetuosos en un mundo irrespetuoso “que los niños llegan a nuestras vidas con el corazón vacío y que es preciso llenarlo. Y cuando tratamos de llenar esos corazones con “cosas” en lugar de hacerlo con nuestro tiempo, nuestros hijos siguen deseando más y más porque, por cada necesidad emocional no satisfecha, su vacío crece y se hace más profundo. Y a un niño con el corazón vacío se le hace muy difícil ser agradecido. Pero no es culpa de él.

La ingratitud dice la autora es como una epidemia entre los chicos de hoy, porque los padres hacen esto, por ejemplo:

• Les brindan elogios inmerecidos, lo cual lleva a que los chicos esperen en lugar de aceptar.
• Les dan cosas a sus hijos, en lugar de brindarse ellos mismos y ofrecerles su tiempo.
• Y les dieron demasiado y han esperado muy poco de ellos.

Cuando nuestros hijos empiezan a esperar “cosas” de nosotros, habrán perdido su gratitud. Hay un ejemplo muy gráfico; un padre o la madre de un chico viaja con frecuencia por su trabajo y este padre se siente culpable por estar lejos y le trae de vuelta un regalo a su hijo como muestra de su amor. Pero pasa el tiempo, y el hijo deja de esperar el regreso del padre, y en cambio espera el regalo que él le va a traer. Cuando un día el padre no llega con un regalo, el hijo se siente triste y poco contento con la vida y con su papá. Los padres que malcrían a sus hijos, dice Jill Rigby, están alimentando seguramente la ingratitud en el corazón de sus hijos.

Probablemente cuantas más cosas den los padres a sus hijos, más cosas querrán esos chicos. ¿Hay una forma de llenar esos corazones vacíos con las cosas adecuadas? Jill Rigby afirma que sí, pero puede llevar bastante trabajo, pero se puede hacer.

Cultivar un corazón agradecido toma tiempo y precisa según la autora, de una parentalidad que sea intencional y no accidental. Y nos propone que hagamos el esfuerzo para que podamos brindar a nuestros hijos oportunidades para que desarrollen la gratitud. Necesitaremos compromiso, perseverancia y un poco de creatividad…Pero podemos hacerlo.

Un examen de situación de lo que estuvimos hablando…

¿Cómo está nuestro corazón?
• ¿Lleno o vacío?
• ¿Herido o feliz?
• ¿Lleno de ansiedad o en calma?
• ¿Perturbado o en paz?
• ¿Agradecido o codicioso?

¿Cómo es el corazón de sus hijos?
• Agradecido
• Codicioso