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Programa: 25/11/2010

¿Cómo podemos ayudar a un hijo adolescente en su autodescubrimiento y transferirle una adecuada responsabilidad para que pueda lidiar con sus problemas?

Los adolescentes que cuentan con un saludable autorrespeto descubren que el secreto de encontrarse a si mismos es el hallar satisfacción en la toma de decisiones sabias y en ser respetuosos con los demás.

 

En esta etapa de la adolescencia donde es muy importante el autodescubrimiento y el desarrollo de la autoestima, los padres nos preguntamos cómo podemos ayudar y sobre todo qué medida de responsabilidad corresponde darle a nuestro hijo

¿Cómo se enseña el respeto por uno mismo y a desarrollar la autoestima a través de la responsabilidad?

Los adolescentes principalmente buscan. Buscan la verdad, y también respuestas sobre la vida y sobre todo se buscan así mismos. Jill Rigby en su libro “Educar hijos respetuosos en un mundo irrespetuoso”, nos dice que el desafío que nosotros enfrentamos es ayudar a que nuestro hijo adolescente desarrolle autoestima y autorrespeto (respeto por uno mismo), porque al hacerlo sus preguntas serán respondidas y su búsqueda culminará con éxito.

Los adolescentes que cuentan con un saludable autorrespeto descubren que el secreto de encontrarse a si mismos, es el hallar satisfacción en la toma de decisiones sabias y en ser respetuosos con los demás.

La autora nos propone que si queremos ayudar a nuestro hijo a que desarrolle autoestima y respeto por si mismo, deberemos inculcarle lo siguiente:

• Las razones por las cuales hacemos lo que hacemos son más importantes que lo que hacemos.
• Lo que damos es más importante que lo que se nos da.
• A través de la humildad, ganamos confianza.

¿Cuál sería el método de instrucción que puede ayudarnos a enseñar autorrespeto a nuestro hijo adolescente?

El de la responsabilidad.

Jill Rigby, indica que cuanta más responsabilidad le demos a nuestro hijo adolescente, más oportunidades tendrá de obtener logros y de construir su autoestima. Con cada logro, crecerá el autorrespeto de nuestro hijo. Los adolescentes que tienen autorrespeto comprenden que sus elecciones producen consecuencias, y están preparados para aceptar el desafío de estar al mando.

Vamos a examinar la primera pregunta que necesitamos plantear para ayudar a nuestros hijos adolescentes

1 ¿Quién soy?

Los padres deben conectarse con el corazón de sus hijos para permitir que ellos se encuentren a sí mismos, ya que la esperanza más grande de su hijo adolescente de responder a la pregunta; quién soy, proviene de su conexión con nosotros. Muchas conclusiones de estudios y encuestas refuerzan fundamentalmente la creencia que los adolescentes que cuentan con la presencia de alguno de sus padres antes y luego del colegio, a la noche a la hora de la comida y al irse a dormir tienen menos probabilidades de involucrase en conductas de riesgo (como el abuso de drogas, relaciones sexuales tempranas, violencia o suicidio) que aquellos que no gozan de una buena conexión parental.

Sus años de adolescencia son el momento de su vida para que sepa que no hay nada que él pueda hacer para que nosotros lo amemos más y tampoco nada que pueda hacer para que lo amemos menos. Nuestro amor y fe incondicionales en él, le permitirán tener confianza para conocerse a si mismo.

Muchas veces las actitudes que vemos en nuestro hijo adolescente pueden llevarnos a creer que ya no necesita de nosotros, pero la realidad es lo opuesto. Nuestro hijo necesita ahora de nuestra presencia más que nunca. Los adolescentes tienen mucho para descubrir sobre si mismos, y es preciso que sean los padres quienes los guíen y estén presentes cuando cometan errores.

El objetivo, dice Jill Rigby, es que nosotros como padres de un adolescente podamos permitir que nuestro hijo enfrente el mundo con suficiente autorrespeto y autoestima para prosperar.

La propuesta es ayudar a nuestro hijo a responder a la pregunta de quién es, haciendo énfasis en que las elecciones que realizamos determinan en quiénes nos convertiremos. Por ejemplo:

1. Permitir que nuestro hijo sufra las consecuencias de elecciones equivocadas. En lugar de insistir en que nuestro hijo de 15 años vaya a la cama a las diez de la noche un viernes antes de un importante partido de futbol el sábado siguiente por la mañana, permitirle que elija el horario que le parezca a él adecuado para irse a dormir. Cuando decepcione a su equipo porque estaba demasiado cansado para jugar en su mejor forma, aprenderá como fijar prioridades.


2. Otro ejemplo y sugerencia, es permitir que los errores moldeen el carácter. Por ejemplo.: nuestro hijo de 16 años, decide revolcarse en el barro con sus amigos en una propiedad privada. Nosotros descubrimos esto, y sabemos que él destruyó el césped que estaba comenzando a crecer. Entonces hablamos con él acerca de lo sucedido y le pedimos que se disculpe con el vecino, y que devuelva las cosas a su estado original. Podemos acompañarlo para a disculparse con los dueños del lugar o predio y también para informarles que nuestro hijo pagará el costo del reemplazo del césped dañado (por supuesto acordaremos previamente con nuestro hijo de donde obtendrá los fondos para esto).

3. Formulemos preguntas que hagan reflexionar. Estas preguntas pueden ayudar a que nosotros le podamos transferir a nuestro hijo la responsabilidad respecto de su proceso de madurez. Por ejemplo:

• ¿Qué opinas de las relaciones prematrimoniales ? (los adolescentes saben cuál es nuestra opinión, pero les preguntamos a ellos qué opinan)
• ¿Cuáles son tus objetivos para vos… (sabes lo que a mamá y papá les gustaría) pero que es lo que vos, queres lograr?
• ¿Qué es lo más importante para vos, tener carácter o tener dinero?
• ¿Cómo es tu relación con Dios, o con la religión?

Por supuesto hay muchas preguntas similares a estas que sirven. Y este diálogo entre nosotros y nuestro hijo pueden continuar por mucho tiempo y también seguir profundizándolo con este tipo de conversaciones.

Lo importante dice Jill Rigby en su libro, es que permanezcamos conectados con nuestro hijo. Y que estemos disponibles para escuchar cuando nuestro hijo adolescente necesite hablar con nosotros, y no sólo cuando nosotros necesitamos hablar con él. Hablar es fácil, escuchar es difícil. Si nosotros esperamos hasta que nuestro hijo adolescente nos pida una opinión, es más probable que escuche nuestra respuesta. Durante esta etapa de autodescubrimiento, puede ser que nuestras opiniones tengan mayor impacto en la imagen que el adolescente tiene de si mismo, y en la construcción de su autoestima.

Pregunta 2 ¿Puedo tener autoridad?

Nuestra cultura, dice la autora, ya no ofrece la verdad absoluta. Cualquier cosa con la que nos sintamos bien o disfrutemos, está bien y es correcta. Y si bien nosotros sabemos que sólo porque algo nos hace sentir bien no significa que sea correcto, es importante que nuestros hijos aprendan solos esta lección. Muchas veces es difícil para los padres dar a los adolecentes la responsabilidad de lidiar con sus propios problemas porque con frecuencia, los efectos de su conducta pueden resultar vergonzantes o incómodos.

Pero este puede ser otro gran regalo que podemos dar a nuestro hijo adolescente; el regalo de madurar. Hay que cuidarse por supuesto de no darle demasiada responsabilidad. El desafío es encontrar la medida, ya que darle a un adolescente demasiada responsabilidad y muy rápidamente es tan riesgoso como darle un cuchillo a un niño de 2 años y decirle” Ahora no te cortes”. Cuando los padres ofrecen a los hijos adolescentes demasiada responsabilidad, los ubican en una situación en la que posiblemente que fracasen y tal vez hasta los pongan en riesgo, Entonces, la sugerencia es dar a los chicos una adecuada responsabilidad, y hacerlo dando un paso a la vez.

Daremos un par de ideas que propone Jill Rigby en el libro” Educar hijos respetuosos en un mundo irrespetuoso “, para ayudar a nuestro hijo adolescente a que tenga éxito al hacerse cargo de su vida.

1. Haga que los adolescentes se encarguen de desarrollar sus propios talentos. Hasta el momento, hemos controlado el cronograma de casi todo; ahora, es tiempo de ceder ese control para que su hijo adolescente coseche los frutos de un trabajo bien hecho, y mientras desarrolla la autodisciplina para ponerla en práctica.


2. Si nosotros aún no dimos “recetas de cocina”….es hora de comenzar a hacerlo. Construya la confianza de su adolescente en la cocina, permitiéndole que prepare la cena una noche por semana (los adolescentes necesitan adquirir esta habilidad antes de irse de casa).

3. Pregunte a su hijo adolescente qué opina de los sucesos actuales. Por ejemplo, hablar sobre política, hablar sobre candidatos y cuestiones que surgen en épocas electorales. Lo importante es que su adolescente esté preparado para el día en que deba votar.

4. Alentar la toma de decisiones. En lugar de decirle a nuestro hijo de 14 años que es hora de ir a hacer los deberes del colegio, recordarle que la regla de casa es que no se mira televisión antes de que la tarea del colegio este finalizada. Permitir entonces que él tome la decisión respecto de hacer o no sus deberes para la escuela. cumplamos la regla, pero dejemos que elija que se pierda entonces su programa preferido de televisión porque eligió no hacer su tarea antes de que comenzara el programa.

5. Cuando tu hijo adolescente cometa un error…¿Qué conviene hacer? No rescatarlo, en vez de esto, ayudarlo a resolver el problema. Comentar opciones para rectificar un error, jamás podrá hacerse cargo de su propia vida hasta que aprenda a resolver conflictos y solucionar problemas solo.

6. Ayudar a tu hijo adolescente a desarrollar objetivos, y adecidir el método para lograrlos, después apartarnos y observar. Podemos señalar que realizar bien una actividad es mucho mejor que solo participar en algunas de ella. Está bueno alentar a nuestro hijo adolescente para que utilice una lista de objetivos y prioridades como guía para tomar decisiones.

7. Esperar a que nos pida su opinión. O sea, no ofrecerle consejos no solicitados, a menos que haya un peligro.

8. Y para finalizar estas recomendaciones, y sobre todos a los creyentes, es bueno recordarle a nuestro hijo adolescente, que Dios, está ahí de alguna manera. O el rezar algunas oraciones todas los días, como tal vez lo hacíamos cuando era más chico. A veces es difícil hacerlo todos los días, pero la enseñanza práctica contenida en la palabra de Dios, por ejemplo como los mandamientos, o en valores, tal vez más universales y comunes a muchas religiones, ayuda muchas veces a guiar el pensamiento de los chicos en determinadas situaciones del día.


Nuestros hijos necesitan que tengamos una fuerte y relación con ellos, y ellos necesitan que nosotros seamos modelos en los cuales puedan confiar. Si comprendemos las preguntas que nuestros hijos formulan, como las que plantea la autora para esta etapa de la adolescencia (de 13 a 19 años) “¿Quién soy?” Y “¿Puedo tener autoridad?” y cuyo objetivo es el desarrollo de la autoestima y el autorrespeto, podremos entonces darles la orientación que necesitan para entrar al mundo.



Si bien no hay garantías en la tarea de ser padres, porque en última instancia dice Jill Rigby , los chicos realizan sus propias elecciones. No olvidemos que nuestros hijos se van a beneficiar siguiendo nuestro ejemplo tanto como con la capacitación que le proporcionemos.


• Si tratas a tu conjugue con respeto, es muy probable que tus hijos nos respeten a ambos y sigan ese patrón en sus relaciones.
• Si administramos bien el dinero, nuestros hijos aprenderán el valor de cada moneda.
• Si valoramos a las personas de todas las religiones o razas, es muy probable que nuestros hijos crezcan sin prejuicios.
• Si manejamos bien las pérdidas, nuestros hijos estarán bien preparados para manejarse bien en esos casos.
• Si podemos reírnos de nuestro errores, nuestros hijos serán mas capaces de reírse de sus imperfecciones.
• Si aceptamos los trabajos difíciles como desafíos que han de superarse sus hijos estarán mejor preparados para luchar en el camino por terminar sus tareas.
• Si elegimos no conducir luego de beber, es muy probable que sus hijos sigan su conducta.



Para cerrar el tema; el respeto por los padres, por Dios y por los demás, se convierte en respeto por si mismo, y el resultado es un adulto joven respetuoso. Jill Rigby nos propone y nos alienta con estos ejemplos e ideas, para ayudarnos a nosotros como padres, para que nos convirtamos en una especie de “Entrenadores” bien predispuestos para educar a nuestro hijo y que se pueda “recibir con honores” en esta “Escuela del Respeto”. Y esto es muy importante, ya que la autora afirma que la falta de respeto proviene de la decepción, no porque un adolescente no haya obtenido las cosas que deseaba, sino porque no tuvo las cosas que necesitaba para llenar su corazón con sabiduría y respeto.