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Programa: 30/12/2010

LA ADICCION AL CONSUMO COMO SINTOMA DE LA INSASTIFACCION DE NECESIDADES BASICAS

Nuestra cultura avanza cada vez más hacia el egoísmo, la falta de mirada hacia el otro y la comodidad personal

 

En su libro Crianza, la Lic. Laura Gutman, describe a nuestra sociedad actual como una sociedad adictiva, en la que estamos todos pendientes de lo que obtenemos, de lo que consumimos, de lo que incorporamos y sobretodo de lo que creemos que son nuestras necesidades. Según la autora, esto se debe a que estamos casi todos carentes de maternaje en nuestras historias individuales. Considera que nuestra cultura avanza cada vez más hacia el egoísmo, la falta de mirada hacia el otro y la comodidad personal. “Es común que los individuos en esta sociedad tengamos como objetivo, tener un buen trabajo y ganar lo suficiente para aumentar el confort. Luego, el confort viene de la mano del consumo. Por otra parte, cuando logramos comprar un objeto, desearemos otro similar, más grande y más lindo. Y lo mismo con un auto o con el destino de las vacaciones. Una vez obtenido y consumido un placer confortable, anhelamos uno más grande y así se nos va la vida”. ¿Por qué nos pasa esto? ¿Qué es lo que necesitamos incorporar en realidad? Según la autora esto tiene que ver con la calidad del maternaje que hemos recibido, incluyendo el mismo, no sólo lo que nuestra mamá real ha hecho con nosotros, sino la totalidad de situaciones de amparo, cuidado, y sostén que hemos recibido, o no, en nuestra primera infancia. “Un bebé es un ser necesitado. Necesita ser cuidado, sostenido, alimentado, tocado, abrazado y amado. No hay estructuración psíquica saludable sin que esto ocurra. La mayoría de nosotros no somos satisfechos en nuestras necesidades originales, porque la cultura, la moda, y las opiniones que circulan y que adoptamos así lo establecen. Y esto es muy real en los últimos siglos de la cultura occidental. También a causa de la discapacidad de prodigarnos amparo de nuestras propias madres que, a su vez, no fueron suficientemente maternadas por sus propias madres, que a su vez, cargan con historias difíciles de soledad y desamparo. Y así de generación en generación”. Más adelante sigue: “Como bebés, tenemos algunas opciones para sortear estas dificultades: la primera es enfermarnos. Esto es muy fácil de constatar. Esta enfermedad puede llamarse: hecho desplazado, porque el adulto comienza a tomar en cuenta la enfermedad, pero no la totalidad del bebé necesitado. Otra opción es hacer otros pedidos más “escuchables” para el adulto: llorar, no dormir, vomitar, tener reacciones bizarras. Y por último nos queda adaptarnos, es decir, hacer de cuenta que no necesitamos eso que necesitamos y así sobrevivir. Advierte que el peligro de sobrevivir disminuyendo las demandas, es que lo hacemos a costa de relegar de alguna manera las necesidades que no fueron satisfechas, pero no por esto desaparecen, solo lo hacen para la conciencia, desplazando al inconsciente la vivencia más profunda de seguir estando necesitados. La confusión aparece porque mientras tanto vamos creciendo, aprendiendo a pedir solo lo que los adultos están dispuestos a escuchar, porque ya estamos entrenados para no pedir lo que no corresponde. Además, de todas maneras, no lo obtendremos. Así, dice la autora, nos alejamos de nuestras genuinas necesidades personales, que ya no registramos, ni conocemos ni reconocemos en nosotros. Es una manera de desconocernos a nosotros mismos. Por eso, podemos afirmar que el desconocimiento de si mismo se instaura en la infancia. Al mismo tiempo, nos entrenamos para estar siempre atentos a cualquier necesidad que pueda surgir, para autosatisfacerla inmediatamente. Y aquí aparece el punto clave: la inmediatez. Así como el bebé necesita el pecho ya, continúa la Lic. Gutman, el niño o adulto eternamente necesitado, lo que sea que necesite lo necesita ya. No importa que sustancia tenga que incorporar para satisfacer su necesidad. Sólo sabe que tiene que ser pronto, a cualquier precio. De lo contrario, el dolor al que remite, es insoportable. Según la autora, la mayoría de las personas, somos es este sentido, emocionalmente bebés, necesitando satisfacer, prioritariamente las propias necesidades. “Es importante tomar conciencia que nuestros padres son también esa clase de niños necesitados. Nos educaron seguramente con las mejores intenciones y creyendo hacer lo correcto. Pero, inconscientemente, antepusieron sus necesidades a las de cualquier otro individuo. No puede ser de otra manera. Es como pedirle a un bebé que espere. Es desgarrador”. Entonces podemos darnos cuenta de que significado adquiere lo que mayormente hemos experimentado siendo niños: padres especialmente ocupados en satisfacer sus propias necesidades, por lo tanto, con poco espacio psíquico y emocional para satisfacer las necesidades genuinas que teníamos en tanto niños. Esta es la razón por la cual, siendo niños, hemos aprendido a satisfacer nuestras necesidades emocionales: con esto se refiere al contacto, la mirada del adulto, la comprensión, el diálogo y el acompañamiento en el descubrimiento del mundo externo, desplazándolas hacia sustancias u objetos que podíamos incorporar. “Al no poder incorporar mamá, fuimos incorporando “sustitutos”, desesperadamente. El tema de la desesperación es también una cuestión central. Porque no hay términos medios en la necesidad primaria”. Así explica que nuestra vida cotidiana esté regulada por la adicción al consumo desesperado, de comida, dulces, cigarrillos, alcohol, drogas, psicofármacos y trabajo. También la relación dependiente y compulsiva que establecemos con la televisión, el chat, el teléfono y el vínculo obsesivo y eterno con los jueguitos electrónicos. Todas estas conductas, dice, reflejan la necesidad de “incorporar vorazmente” lo que sea para sobrevivir, siendo desplazamientos de necesidades primarias que no han sido satisfechas. Ahora bien, si nos interesa de verdad criar niños seguros y libres, a pesar de nuestras propias carencias, estaremos obligados a reconocer, ante todo, nuestras discapacidades y desvalimientos primarios. Comprender y alimentar nuestro ser interior hambriento, con conciencia, comprendiendo la propia historia de vida. Entonces, tal vez podamos resarcirnos y estar atentos a lo que necesita el otro. Que en tanto otro, necesita algo distinto que nosotros. Y si nos resulta intolerable responder a las necesidades del otro, sabremos pedir ayuda. No para que ese otro se calme. Sino para calmarnos nosotros ante nuestra necesidad devoradora. La crianza de niños pequeños necesita, altruismo, generosidad y dedicación: todas virtudes despojadas de necesidades individuales.