volver>>
 

Programa: 16/12/2010

METODOS PRACTICOS PARA ENSEÑAR A LOS DEMAS COMO DESEAMOS QUE NOS TRATEN

¿Observas que los demás se aprovechan y no te respetan como persona? ¿Te ves reiteradamente utilizado, avasallado o menospreciado?

 

En el libro “Evite ser utilizado” de Wayne Dyer (el mismo autor del libro “Tus zonas erróneas”) que brinda algunos recursos para que cambiemos el perfil de víctima sobre la base de situaciones típicas, veremos algunas clases de “verdugos” potenciales, o sea algunas categorías corrientes de personas a las que muchas veces nosotros mismos “les enseñamos” a convertirnos en victimas de ellas.

Lo que propone el autor, es darnos algunas ideas prácticas y algunas graciosas o insólitas, acerca de estudiar estos perfiles de verdugos, con la intención de que podamos enseñar ( o a poner un límite) a estas personas y expresarles como deseamos que se nos trate. Seguramente en estos ejemplos, o perfiles de avasalladores comunes, nos situamos ante ellos la mayoría de las veces como víctimas, y si somos sinceros, observaremos que en más de una vez entramos también a formar parte de determinadas categorías de avasalladores de los demás.

Veremos 17 tipos de Avasalladores

1. Borrachos y “eufóricos”. Seguramente no deseemos o no estemos en condiciones de enseñar a alguien que está fuera de sí en esta situación, y que sea algo que recuerde mucho tiempo, pero en el corto o inmediato plazo, podemos demostrarle que es él que pierde el tiempo y no va a sacar nada empleando tácticas abusivas sobre nosotros. Los borrachos y eufóricos que no paran de hablar, babear o tropezar con nosotros, irán también a los tumbos a otro lado cuando ven que no se les hace caso. Si cuando tratan de arrinconarnos, observan que no tienen ningún efecto sobre nosotros, lo normal es que se larguen en busca de un ser “más animado” ya que no hemos respondido. Y si ellos no los hacen, nosotros si lo haremos.

2. Plomazos, pelmazos, pesados. Si uno se queda quieto escuchando muy cortés a una persona plomo, asintiendo con la cabeza, pero por dentro estamos apretándonos los dientes de fastidio y aburrimiento ante el monólogo egoísta como también imperturbable, esta actitud indica que el pesado va a hacer precisamente lo que nos molesta. Pero, por regla general, los plomazos se percatan a cierto nivel (muy a destiempo) de que la capacidad de aguante del oyente se está agotando, y con frecuencia, aplican un freno si le damos muestras de que conocemos la manera de salir del cerco al que nos somete. Tal vez algún comentario bondadoso pero con firmeza pueda se útil, por ejemplo “.. Epa no te das cuenta de que llevas ya un rato largo como 10 minutos hablando, sin reparar en lo que decís.. O decir, tal vez no me importa mucho. O es mejor aflojar que perder del todo un oído…”

3. Quejosos o llorones. A las personas que abusan de uno, utilizándonos de paño de lágrimas para sus quejas y lamentos se les puede hacer comprender que, sin víctimas propiciatorias, se encuentran en un paro forzoso, y no resulta difícil darles una buena lección, ‘¿cómo? mediante un procedimiento de demostrarles lo inexistente que es en realidad su “dominio” sobre nosotros.

4. Matones. Los matones que molestan o atropellan a los demás, “juguetonamente” o de cualquier otro modo, raramente responden a las sutilezas; enseñarles que uno no está dispuesto a aguantar sus bromas suele requerir la práctica de un comportamiento enérgico.

5. Anfitriones coactivos. Las personas de las que somos sus invitados pueden ponerlos las cosas difíciles a la hora de no prendernos o no participar en juegos que no nos gustan, o comer alimentos que no nos gustan o realizar cierto número de las cosas que normalmente se le piden a un invitado “cortes”. Pero las oportunidades tácticas “discretamente efectivas” pueden indicar a los anfitriones que la cortesía ha de ejercerse en ambos sentidos…

6. El polémico o discutidor. Para evitar discusiones que no nos proporcionan satisfacción alguna, tenemos que negarnos de plano a intervenir en el juego, sea el que sea, desde el principio. Las personas aficionadas a la controversia aprovechan las inclinaciones de sus víctimas para inducirlas en principio a entablar conversaciones sobre el tema y atraparlas después en la discusión. Con los polémicos o discutidores, la clave consiste en mantenerse emocionalmente distanciado, con el objetivo de estar en una situación de poner en funcionamiento las estrategias anteriores, por ejemplo de negarse desde el principio de entrar en el juego..

7. Agrandados, Cuentistas, fanfarrones, o creídos. La idea frente a estos “agrandados” es no devolverles con algún cuento más de fanfarrón o de creído, si no nos queremos vernos envueltos en una competición para determinar quien suelta “el cuento” más largo y que menos interesa a los demás. Si nos abstenemos de participar en el juego, podemos enseñar a los otros lo que necesitan aprender, con sólo demostrarles que los consideramos unos simples pelmazos.

8. Adoctrinadores o mentores. Las personas a las que les encanta adoctrinarnos acerca de por que no debimos comportarnos como lo hicimos o que tienen una predisposición muy grande a darnos lindas conferencias morales basadas en su convencimiento, de que debemos pensar, sentir y comportarnos como ellas, van a continuar indefinidamente en esa actitud, aún y a pesar de que tratemos de enseñarles en una forma clara que no nos encontramos en situación de manipularnos, tratándonos con esos aires de superioridad o de sabelotodo.

9. Personas que interrumpen sin cesar. Hay que enseñar a tener un poco de paciencia a las personas incapaces de esperar a que se produzca una pausa en la conversación, para meterse y dar una opinión. Si entonces vos las interrumpís, lo que haces es corroborar la regla de que “la voz que grita más y más insiste es la que gana” pero si reaccionas con un súbito y “sobresalto silencio” en el instante en el que te dejan con la palabra en la boca, las inducís así a darse cuenta de lo que han hecho y en muchos casos, se disculparán. Y si no captan la indirecta silenciosa, entonces la próxima vez podemos decirle: “Con esta son diez veces que me interrumpís… ¿Es que no sos capaz de mantener en la memoria lo que queres decir, hasta que yo haya terminado? “ Al menos que esta persona sólo desee intimidarnos (y ya sabemos que lo están haciendo) lo normal es que se esfuerce en restringir su costumbre (o tal vez) aunque es posible que siga haciéndole falta que le llamemos la atención de vez en cuando, por supuesto con avisos afables, o naturalmente tranquilos.

10. Desvergonzados. Si somos proclives a escandalizarnos por el lenguaje, las imágenes sexuales, chistes, las historias verdes o groseras o raras, los chistosos van a aprovechar esta circunstancia para avasallarnos. Para demostrarles que el truco no funciona con nosotros ¿qué hacer’?, negarse a sentirse ofendido para su provecho diversión, y si es necesario decir que consideras infantil semejante comportamiento.

11. Mentirosos, embaucadores. La frialdad indiferente suele ser el único recurso eficaz para indicar a estas personas que en absoluto tienen interés para sus propósitos con nosotros (aunque simulen tenerlo). salvo en lo que se refiere a lo que pueden sacarnos.

12. Resentidos. Las personas que intenten utilizar su resentimiento por algo que hicimos, para manipularnos y convertirnos en víctimas, solo van a desistir en su empeño cuando les demostramos que ni por asomo vamos a permitir que ese resentimiento influya sobre nuestras decisiones. Es bueno probar comunicárselo así tal cual, y en caso que no resulte, recurrir a las estrategias dispuestas para tratar con las personas que no le comprenderán. Sirve también evitar discusiones, mantenerse a distancia, tranquilo, sino “hagas lo que hagas”, casi siempre uno sigue en plan de víctima.

13. Informadores y denunciantes. Sólo pueden extorsionarnos si creemos que la opinión de los demás, sobre lo que hacemos, es más importante que nuestra propia opinión o si tenemos miedos que nos paralizan en cuanto a ¿qué pasaría si…tal cosa? Muchas veces, una levantada de hombros o un tranquilo ¿y qué? le indican al “informador” que no nos sentimos intimidados. Es bueno recordar que frente a estas personas, las amenazas son inútiles. Pero lo cierto es que la denuncia casi siempre es inútil.

14. Porfiadores obstinados. Las personas firmes y perseverantes en sus intentos para que hagamos las cosas del modo que ellas quieren, es muy raro que abandonen su empeño, dejándose convencer por razones o palabras. El único sistema, dice el autor, para combatir sus estrategias, suplicas halagos o exigencias, consiste en hacer oídos sordos y negarse de raíz a moverse de esa postura.

15. Los que echan culpas (aquí Wayne Dyer los denomina como Traficantes de culpabilidad). Son los que pretenden vendernos culpabilidad al precio que ellos mismos estipulan, que generalmente suele ser la manipulación de nosotros. ¿Qué hacer? Aprenderán a no echarnos la culpa en cuanto perciban que no hay operación posible para adjudicarnos culpas. Podemos probar también en explicarles porqué consideramos inadmisible el negocio que ofrecen, pero no esperemos que solamente con la palabra van a cancelar el intento de echar culpas.

16. Personas de humor variable. Por ejemplo alguien que crea, que por su humor, o temores, o por alguna circunstancia que los pone de mala actitud de pronto, puede arrastrarnos a nosotros también a ese estado de animo negativo y nos cambie el humor. Entonces nuestra independencia (o felicidad o alegría) se ve un poco atacada, y existen entonces la posibilidad que nos convirtamos en víctimas. ¿Qué hacer? Explicar al otro, que la desdicha que tiene no necesita nuestra compañía y viceversa. Preguntarle también si cree que dos personas cayendo en la tristeza es mejor que una sola. Pero es mejor que podamos ignorar naturalmente los arrebatos de melancolía ajenos.

17. Codiciosos. Si alguien cercano a nosotros es avaro o codicioso y nosotros colocamos nuestros principios e independencia por debajo de la lealtad a esa persona, podemos vernos bastante perdidos, tanto en lo que se refiere a nuestro tiempo, dinero, libertad, etc. Es perfectamente posible querer a las personas y no dejarse seducir por su codicia ilegal o inmoral. De hecho si lo aceptamos y seguimos tranquilamente adelante, tal vez no hacemos un buen trabajo en cuanto afecto. La avaricia suele desear más de lo que a uno le corresponde, a expensas de otra persona, y los que arrebatan nunca son seres felices. La codicia en las personas que no conocemos o no nos importan, es algo tal vez que debamos suponer de antemano y entonces tener dispuestas al tratar con estas personas, las estrategias de antiavasallamiento les enseñaran a dejarnos tranquilos. Pero también la avaricia en alguien que a nosotros si nos importa, conviene rechazarse desde principio y también con toda la táctica adecuada que como redimidos dispongamos.

Para cerrar. Los 17 tipos de avasalladores comunes que expone Wayne Dyer en su libro “ Evite ser utilizado”, van siempre a intentar tirar de nuestros hilos… aún cuando demos una lección para que no lo hagan. Pero hay esperanza y recursos. Se puede tener mucho más control del que se cree, tanto en las reacciones de uno mismo como también sobre los hábitos de ellos.