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Programa: 24/02/2011

¿Cómo desarrollar nuevas actitudes y comportamientos para comprender mejor las necesidades emocionales de nuestros hijos?

Para los padres que crecieron con normas que determinaban como debía comportarse un hombre, aprender nuevos comportamientos significa; comunicar amor abiertamente, y cultivar la inteligencia emocional para comprender mejor las necesidades emocionales de sus hijos.

 



Will Glennon, en su libro “La inteligencia emocional de los niños”, brinda consejos y métodos prácticos y eficaces para orientar a los padres (y también a los profesores, maestros, docentes) y que puedan potenciar su inteligencia emocional.

El autor en este libro dice que lo esencial a la hora de educar a los niños y niñas es brindarles amor, apoyo y confianza, a fin de que se conviertan en seres humanos íntegros y sensibles. Y plantea que si además de revisar nuestras creencias que tenemos muchas veces bajo antiguas normas , y educamos a nuestros hijos con una alto nivel de inteligencia emocional, tendremos entonces la oportunidad de corregir nuestros errores y convertirnos en los adultos equilibrados que queremos que se vean reflejados nuestros hijos.

Para muchos hombres o padres que crecieron con normas que determinaban como debía comportarse un hombre esto que propone el autor, significa aprender nuevos comportamientos, abrir el corazón, comunicar amor abiertamente, asumir errores, y cultivar la inteligencia emocional para comprender mejor las necesidades emocionales de los hijos.

Veremos algunos ejemplos para lograrlo. Y luego de cada ejemplo, Will Glennon, brinda dos consejos; uno orientado a los padres y otro para profesores o maestros.

El autor entonces brinda muchos ejemplos en principio de él como padre y a la vez, de la experiencia que tuvo de niño con sus padres. Hay un enfoque y consejo práctico para los varones, o para los padres de un hijo varón. También en los ejemplos veremos la diferencia entre como criamos muchas veces a los hijos varones con respecto de las niñas o hijas.

DECIRLE QUE LO QUEREMOS. Cuenta el autor su vivencia con su padre y dice:” Mi padre nunca me dijo que me quería. Me dolió tanto que cuando tuve hijos decidí que iba a decirles que los quería a todas horas. Ahora mi hijo tiene vente años, y cuando le digo que lo quiero se siente un poco avergonzado, pero sé que le gusta oírlo”.

Es dudoso dice el Will Glennon, que se haya estudiado con que frecuencia dicen los padres a los niños y a las niñas que les quieren, pero está seguro de que la diferencia es muchas veces notable. ¿Por qué tenemos ese mal hábito? Los niños necesitan saber que los queremos tanto como a las niñas, y algunos casos mucho más porque se alejan con facilidad de nuestro amor. Necesitan que se lo recordemos de forma regular y la mayor parte de las veces dice el autor les fallamos. El problema no es que no los queremos. Y el autor dice; que no ha conocido que ningún padre no adore a su hijo, pero las influencias culturales nos condicionan de tal manera que los varones tienen miedo de decir algo tan importante como “Te quiero”. Y ellos se sienten incómodos cada vez que lo escuchan.

Compartimos que esas palabras y expresiones de amor, tienen un gran poder, sobre todo cuando no son habituales y su falta crea un vacío cada vez más profundo. El amor no es algo que se pueda dar por supuesto. El amor es la base esencial de cualquier relación, y no tiene sentido que lo excluyamos de nuestro vocabulario.

Para Padres: el consejo es decir a tu hijo “te quiero” todos los días. Y hacerlo con todo el corazón y no desanimarse si a veces te sentís incomodo. Es necesario y hay que decirlo. Tener en cuenta de no limitarse a suponer que nuestro hijo “lo sabe”.

Profesores, Maestros: buscar la manera de expresar afecto y aprecio. Para los niños, que les digan “Sos genial o fabuloso” en la escuela, es tan importante como oír “te quiero “en casa.

TENER CUIDADO CON LAS CRÍTICAS. “Mi padre siempre estaba corrigiéndome”. Incluso cuenta el autor; cuando hacía algo bien me decía que podía haberlo hecho mejor. Para cuando me fui a la universidad apenas nos hablábamos. Estaba tan dolido que le escribí una carta muy larga para intentar explicarle como me sentía. Me la devolvió con todas las faltas de ortografía marcadas con tinta roja.

Will Glennon a partir de esta experiencia dice que los padres solemos ser excesivamente críticos con nuestros hijos. Y es como si nuestro temor a que no les vaya bien en la vida nos obligara a presionarlos para que se esfuercen más. No tiene nada de malo plantearles retos positivos en el momento adecuado, pero cuando nos excedemos los interpretan como una crítica continua no como una motivación para superarse. Y en estos casos adoptamos una posición en la que no pueden confiar en nosotros, porque en su mente muestra respuesta automática es siempre crítica.

Ante todo ¿qué hacer? Tenemos que mantener contacto con nuestros hijos, por difícil que resulte. Si esto significa controlar de algún modo nuestros temores respecto a su futuro, o buscar la manera de orientarlos sin romper la comunicación, debemos hacerlo. No podemos cruzarnos de brazos y decir: “no nos escuchan” porque tenemos la obligación de tratarlos con amor y respeto para que aprendan a escuchar.

Para los Padres: tener mucho cuidado con el modo y el momento en que criticamos a nuestro hijo. Aunque las intenciones sean buenas, éste es un territorio muy peligroso. Cuando observas que tu hijo intenta alejarse o cerrarse, conviene dejar entonces lo que estemos haciendo (por importante que sea) y hacer todo lo posible para restablecer la comunicación.

Profesores, Docentes: es importante las interacciones en los resultados positivos de los alumnos, ya sean académicos o de comportamiento. Ayuda Incentivarlos a evaluar sus resultados antes de hacerlo como docente. Es importante decirles con claridad cuáles son las expectativas para que puedan comprender las críticas.

DISCULPARSE. “Cuando hacia algo mal, cuenta el autor, mi padre me obligaba a pedir perdón. Era la parte más difícil, no porque no lo sintiera, sino porque pronunciar esas palabras era como anunciar en público que era un inútil y me sentía fatal”.

Por lo general a los hombres les cuesta disculparse mucho más que a las mujeres, posiblemente porque se supone que no deben equivocarse. Son una versión moderna del caballero andante que no puede perder su honor, y pedir perdón equivale a reconocer que no somos como debemos ser.

Aunque parezca raro, si nuestro hijo tiene problemas podemos ayudarlo a superarlo disculpándonos siempre que podamos. Y pedirle disculpas, por ejemplo; por llegar tarde a casa, por no tener mucho tiempo para estar con él, por ser un poco brusco algunas veces o por no prestarle la atención que necesita. El mensaje doble que enviamos con cualquier disculpa es que todos somos humanos y cometemos errores, y que nuestros hijos nos importan tanto que queremos que sepan cuánto sentimos haberlos defraudado.

Para los Padres: no debemos subestimar el poderoso efecto de las disculpas. Muchos psicólogos afirman que una buena disculpa tiene tres partes: 1, Una expresión sincera de arrepentimiento: “siento haber llegado tarde a tu recital”, 2, una explicación de nuestro comportamiento: “lo olvide por completo” y 3, una oferta para compensar el error: “¿qué tal si vamos a comer un helado cuando termines?”.

Profesores, Maestros: pedir a los alumnos que recuerden alguna situación en la que no recibieron la disculpa que esperaban, y que pongan por escrito lo que les gustaría que hubiese pasado. Es importante hablar del poder de las disculpas para cicatrizar viejas heridas.

FORTALECER LA CONFIANZA CON UNA ACTITUD EQUILIBRADA. “Mi padre, (cuenta Will Glennon en este ejemplo), era muy voluble. Según el humor que tuviera, podía ser terriblemente brusco y sarcástico conmigo o increíblemente cariñoso. Y lo desconcertaba que yo no pudiera cambiar de humor con tanta facilidad. Me costó mucho tiempo recuperarme de uno de sus ataques verbales”.

Ser chico no es fácil, sobre todo porque para la mayoría sigue siendo un secreto lo difícil que resulta. En general no queremos reconocerlo, y muchos ni siquiera nos damos cuenta de lo difícil y solitario que puede ser el camino. Pero esta historia tiene otro lado dice el autor, tampoco es fácil educar a un niño. Las mismas presiones que hacen que crecer sea tan difícil convierte la educación de los niños en una tarea muy delicada, en la que todos nos equivocamos una y otra vez.

Una de las razones por las que es tan difícil ser padre es que en muchos casos las consecuencias de nuestros errores son más graves y duraderas de lo que pensamos. En el terreno de la confianza, los chicos tienen un límite muy bajo de tolerancia. Se sienten inseguros y tienen tanto miedo a ponerse en evidencia (sobre todo en lo emocional) que si ignoramos sus necesidades o sus gritos de ayuda terminan convencidos de que no nos importa lo que les suceda.

Por esto en este libro; La inteligencia emocional de los niños, el autor plantea que tenemos que hacer todo lo posible para mantener el equilibrio emocional. Está claro que nuestros hijos no pueden aprender a confiar en nosotros si les gritamos como locos y un segundo después los abrazamos. El equilibrio emocional es un rasgo que todos podemos cultivar intentando pensar antes de hablar y esperando a estar calmados antes de afrontar una situación conflictiva.

Si nuestros hijos pierden la confianza no la podrán recuperar de la noche a la mañana. Tenemos que comprender sus mensajes y dedicarles el tiempo necesario para que sepan que estamos ahí, que siempre estaremos ahí (aunque nos equivoquemos) y que los queremos con todo nuestro corazón y que respetamos nuestros sentimientos.

Para los Padres: contar hasta diez, hasta cien, o hasta mil veces en vez de hacer comentarios negativos. Y si nuestro hijo se aleja, hacer todo lo que sea necesario para recuperar su confianza. Tener paciencia y abrir el corazón.

Profesores, Maestros: hacer todo lo posible para mantener la calma. Brindar a los alumnos recursos para que desarrollen su equilibrio emocional. Entre otros recursos sirve: enseñarles a controlar las emociones intensas, dibujando, cantando o haciendo ejercicio.

INDIVIDUACION SIN SEPARACION. Una de las anécdotas familiares, y que siempre cuenta mi madre, dice el autor en este ejemplo, es la de mi primer día de escuela. “Tenía cuatro años y por lo visto me enganché a ella, comencé a gritar y no la dejaba marcharse. Tuvieron que agarrarme tres personas para que la soltara”.

Uno de los mitos que debemos superar es el que los niños tienen que separarse de sus madres para que no crezcan débiles según el autor, o falderos (sobre todo los varones).

En ésta historia hay muchos errores. En primer lugar no es a su madre a quien intentan agarrarse sino a la persona de quien reciben mas cariño. Podría ser el padre. Aunque las cosas están cambiando, en nuestra cultura el cuidado de los hijos ha sido una tarea casi exclusivamente femenina, así que el error es fácil de entender. Pero no es una cuestión de género, sino de comprender que los niños no quieren renunciar a los lazos emocionales con los que crecieron.

Esto es algo que deberíamos potenciar. Tenemos que dejar de pensar propone el autor, de pensar en términos de separaciones forzosas y reforzar los vínculos emocionales con nuestros hijos para que puedan descubrir el mundo por si mismos sabiendo que siempre estaremos a su lado. Deben saber que siempre tendremos la puerta de nuestro corazón y los brazos abiertos y que ese vinculo emocional no va a desaparecer nunca.

En vez de separarnos de nuestros hijos tenemos que centrarnos en su proceso de individuación. Hay una gran diferencia. Al hablar de separación decimos:”Tenes que irte para crecer y convertirte en adulto”. Y al hablar de individuación transmitimos este mensaje:”queremos ayudarte a crecer, y haremos todo lo que podamos para apoyarte porque nadie puede hacerlo por si mismo. Por supuesto habrá muchas veces en las que tengamos que darles un pequeño empujón, pero es importante asegurarnos de que no olviden que la conexión no se romperá.

Para los Padres: cuando tu hijo comience a explorar su propio mundo, es importante que lo apoyemos y que lo animemos, pero sin forzarlo. Asegurarnos también que comprende que puede crecer sin separarse de nosotros. Y cuando lo recibimos o vuelva es muy útil consolidar ese vínculo que hay con nuestro hijo.

Profesores, Maestros: analizar historias que traten los temas de la individuación y la separación por ejemplo; Peter Pan. Y explicar a los alumnos que pueden ser independientes sin romper ningún lazo. Pueden decirles que escriban su propia historia, por ejemplo; “Al hacerme mayor… “

SIGUE INSISTIENDO AUNQUE RESULTE DIFICIL. En este ejemplo Will Glennon cuenta: “a mis padres les encantaba contar a mis hijos que durante tres años apenas abrí la boca. Y es cierto. Durante un tiempo me encerré en mi mismo y me comportó como un idiota, pero mis padres siguieron hablándome como si no ocurriera nada”.

Crecer es difícil y a veces nuestros hijos responden encerrándose en sí mismos y adoptando una actitud cínica y arisca (sobretodo en la adolescencia) y lo hacen para levantar una pared de defensa alrededor. Es aterrador ver como un niño dulce y cariñoso se convierte de pronto en un monstruo, pero no debería sorprendernos. ¿Cómo se supone entonces que debe hacer frente a unas expectativas sociales que son inalcanzables, definir su identidad cuando nadie le dice cómo, también controlar sus emociones sin la experiencia y los recursos necesarios y tener contentos a los padres, sus profesores y sus amigos?’. Es muy comprensible que se aleje del mundo durante un tiempo.

Lo que propone el autor en este libro “La inteligencia emocional de los niños” es que en esos momentos debemos “capear, el temporal con ellos”. O sea dejar que tenga su refugio, pero seguir recordándole que estamos ahí, dispuestos a ayudarlo. Es importante intentar averiguar lo que le está pasando (es difícil cuando no hay comunicación, pero si prestamos atención nos puede sorprender lo que podemos descubrir) y entrar en su territorio sin amenazas y con la mayor sutileza posible.

En estos casos la comunicación debe ir en ambas direcciones. Por ejemplo; si nos parece que está preocupado porque no encaja en su clase, un día podemos decirle “hoy me encontré con un amigo al que no veía desde el Colegio. El y yo éramos los raros del grupo. Y no sabes lo duro que fue en esa época”. O naturalmente lo que le contemos dependerá también de lo que nos diga nuestro instinto en cada situación. Pero lo más importante e que hablemos de nosotros. Y que le contemos nuestras historias pero sin incluirlo en estas historias. Si estamos de su lado, propone el autor, le damos entonces oportunidades para que hable, y cuando este preparado para decir algo, lo hará.

Para los Padres: el silencio es difícil de soportar, pero en esos casos es cuando más nos necesitan nuestros hijos.

Profesores, Maestros: cuando un niño de la clase se encierre en si mismo, es importante reconocer su presencia aunque no responda. Es muy posible que lo que ocurra no tenga que ver con el profesor pero es útil darle una mano con una nota, un gesto o una palabra amable.

Y para cerrar este tema: nuestros hijos la mayoría de las veces, intentan expresarse de una forma lógica pero necesitan desesperadamente que descifremos el código y escuchemos los sentimientos que hay debajo de las palabras. Como padres tenemos que comprenderlos, y eso significa ir más allá de las palabras y escuchar los sentimientos que intentan expresar para ayudarlos a entender cómo se sienten.