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Programa: 31/03/2011

¿COMO MEJORAR UNA RELACION DE PAREJA EN CRISIS?

Un enfoque cognitivo para superar malentendidos, resolver conflictos y enfrentarse a los problemas de la pareja.

 

En su libro “Con el amor no basta” (cómo superar malentendidos, resolver conflictos y enfrentarse a los problemas de la pareja) el Dr. Aaron Beck, presenta un enfoque cognitivo de los problemas de pareja. Su libro se basa en la observación clínica de parejas en crisis que presentaban algunos síntomas similares de sus pacientes depresivos y ansiosos, y descubrió; que al igual que estos, las parejas tendían a fijarse en lo que estaba mal en sus matrimonios y a descuidar o no querer ver lo que estaba bien.

Vamos a compartir la propuesta que hace el Dr. Beck en su libro para mejorar una relación en crisis; identificando primero lo que debería modificarse y ofreciendo después un programa para el cambio.

En su experiencia clínica, el Dr. Beck observa que uno de los problemas de los matrimonios en crisis es cuando se llega a estar convencido que las cosas no pueden cambiar. Esa convicción, dice; lo que hace es frustrar el cambio porque les quita la motivación que necesitan para ensayar algo constructivo, para modificar el pensamiento y la conducta. Por otra parte lo que el autor observa es que cuando uno de los miembros de la pareja empieza a realizar cambios constructivos, ayuda con eso no sólo a la relación, sino que generalmente lleva al otro a cambios positivos.

El autor propone una sucesión de cambios que recomienda se realicen gradualmente, partiendo de los que considera los cimientos de una relación estable: el compromiso, la cooperación, la confianza y la lealtad. Y habiendo reforzado estos aspectos, concentrarse en los puntos débiles de esos pilares, tratando de fomentar la cooperación, dedicación y confianza y examinando qué actitudes y acciones pueden estar atentando contra ellos.

Habiendo adoptado una actitud constructiva y cooperadora, se puede empezar a hacer cosas para mejorar la relación. Por ejemplo: se puede intentar fijar la atención en las acciones agradables de la pareja y reconocerlas. También se puede pensar en detalles que den una mayor satisfacción a la pareja y aumenten, indirectamente, la propia.

Una vez creada una atmosfera favorable, puede estar listo para abordar el propio pensamiento improductivo. Para esto se necesita tratar de mejorar la comunicación y la colaboración con la pareja.

A medida que se eliminan algunas interferencias de las conversaciones, se pueden ensayar métodos para enfrentarse con la ira. Para esto, el enfoque que propone el Dr. Beck, consiste en tratar de reducir la hostilidad hasta el punto en que ya no pueda hacer daño. Esa meta se puede alcanzar con técnicas instantáneas de “control de ira”, y programando sesiones especiales para los miembros de la pareja, en las cuales ambos expresen lo que les molesta, y si hace falta, desahoguen la rabia reprimida. Otro enfoque que indaga en las raíces de la ira, tratan de reducirla modificando la tendencia a exagerar, “tremendizar” y deformar.

Por último, sugiere ensayar algunos programas especiales para resolver problemas prácticos del matrimonio y eliminar las costumbres y modelos “indeseables”.

¿Qué debería modificarse?

Una vez que se decide tratar de cambiar, uno puede preguntarse qué debería modificar primero: ¿Los esquemas de pensamiento o la conducta? Conviene comenzar con la conducta. ¿Por qué? Porque es mucho más fácil cambiar acciones concretas o incorporar otras nuevas, que cambiar los esquemas de pensamiento. Y cuando las acciones cambian, con frecuencia se produce una gratificación inmediata que se traduce en poder reconocer que uno tiene la aptitud para hacer algo agradable o frenar algo perturbador.

En cambio, las gratificaciones pueden tardar más en llegar cuando se comienza a trabajar en los esquemas del pensamiento. Uno puede sentirse, por ejemplo, menos enojado o triste y estar menos dispuesto a desquitarse, pero no siente que la relación esté bajo control como cuando la pareja reconoce un acto positivo con una sonrisa o un beso. A la larga, que podamos reducir el propio grado de perturbación, baja la temperatura de los arrebatos de otro y éste estará más dispuesto a reaccionar de manera más amistosa y agradable.

Ante la pregunta de si es más importante realzar los aspectos positivos o eliminar los negativos, el autor responde que aunque las acciones negativas en un matrimonio son menos frecuentes que las positivas, las mismas ejercen un efecto mucho mayor en el nivel de felicidad. A veces parece que un acto negativo puede pesar más que una docena de acciones amables o amistosas.

Por lo tanto, parece que eliminar los actos negativos debería prevalecer sobre la acentuación de los actos positivos. En la práctica, sin embargo, si uno empieza a concentrarse en los aspectos negativos de la pareja, parecerá que lo acusa o lo critica, lo que lleva a empeorar la situación. Al comienzo es mejor trabajar en hacer las cosas mejor. Más tarde, cuando ambos trabajen en equipo, podrán tratar sobre qué es lo que les gustaría cambiar.

¿Generación o solución de problemas?

En los matrimonios desavenidos, el mayor impedimento del cambio es la tendencia de los miembros de la pareja de atribuir todo lo desagradable a los rasgos negativos de la personalidad del otro y de desacreditar las acciones positivas mutuas. Hay una versión más realista según la cual algunas personas tienen ciertos hábitos y sensibilidades que los hacen vulnerables o las llevan a herir a otras. En un nivel mas profundo tienen actitudes que se expresan de un modo contraproducente.

El modo en que las personalidades de los cónyuges encajan, puede determinar que sus rasgos se vean bajo una luz positiva o negativa. Si se forma una pareja entre una mujer que busca y necesita intimidad y un hombre acogedor, en general, no hay problema. O bien, un marido autónomo con una mujer autosuficiente, sociable, pueden llevarse muy bien. Los problemas surgen cuando la pareja formada por dos individuos no es buena. Sin embargo, aún en este caso, estos pueden atribuirse a la relación, la interacción entre ellos antes que a los defectos individuales.

Si se puede cambiar un miembro de la ecuación, también en el otro se va a producir una transformación.

¿Cómo cambian las personas?

Suponiendo que los miembros de la pareja quieran cambiar, ¿Cómo se produce un cambio? ¿Qué seguridad hay de que puedan hacerlo? Hay muchas técnicas matrimoniales que son realmente fáciles de aprender. Otras, como por ejemplo las que requieren el olvido de formas bien arraigadas de interpretar la conducta de un cónyuge, son más difíciles. Por ejemplo, es más fácil adoptar una nueva costumbre en el habla, dando respuestas más completas a las preguntas del otro, que dejar de interpretar sus sugerencias como un intento de control.

A medida que crecemos, adquirimos hábitos de interpretar a otras personas y tratar con ellas, cómo reaccionar a un gesto amistoso, cómo ignorar un desaire implícito, cómo tratar una exigencia. Estos hábitos se liman con el correr del tiempo y componen lo que llamamos un “repertorio de conductas sociales”. Las personas dotadas con estas habilidades son consideradas en general, como simpáticos, socialmente controlados, etc. Pero para la mayoría de nosotros, nuestras conductas pueden no ser tan flexibles o armoniosas.

Nuestro sistema de códigos, decodifica automáticamente un hecho particular, por ejemplo: una mueca, una sonrisa, una cara inexpresiva. Así como aprendemos ciertas maneras de interpretar sucesos, también aprendemos a malinterpretarlos. Cuando crecemos, nuestros padres, hermanos y otros que nos rodean, tienden a formular enunciados muy exagerados y a poner rótulos inexactos a los demás y a nosotros. De niños, escuchamos estas descripciones exageradas y las incorporamos en nuestro sistema de códigos. Nuestra interpretación de una situación implica comparar una situación con el código que le asignamos. Si nuestro código es singular, nuestra interpretación también lo será. Estos modelos se adquieren de figuras significativas y de experiencias pasivas.

Pero volviendo al tema de si las personas pueden cambiar, el autor afirma que si pueden hacerlo o al menos podemos suavizar nuestras reacciones si estamos lo bastante motivados y empleamos las técnicas adecuadas. Algunos cambios son relativamente fáciles, como por ejemplo, llamar a la pareja si va a llegar tarde, ayudar con las tareas de la casa, o tomarse un tiempo para hablar con el otro si éste lo pide o lo necesita. Otros cambios son más difíciles y requieren más tiempo, como no estallar cuando su pareja trata de corregirlo o no tener celos cuando el marido habla con otra persona.

El Dr. Beck en su libro afirma que con las técnicas adecuadas, se puede aportar cambios básicos de diversas maneras. Por ejemplo, si uno reconoce que su marido es sensible a la crítica, puede atenuar sus comentarios críticos o incluso las sugerencias que podrían interpretarse como crítica. Si sabe que para su mujer son importantes los días especiales, puede asegurarse de agendarlo de manera de que no se le pasen por alto. Al practicar técnicas de esa clase, estas se van convirtiendo en hábitos.

El programa que propone el Dr. Beck está destinado a producir un cambio para aportar mayor satisfacción y placer a la vida de la pareja y aliviar sufrimientos innecesarios y situaciones ingratas.

Para lograrlo sugiere seguir ciertos pasos:

Primero: es necesario estar en un estado mental adecuado, que implique estar dispuesto a aprender, de esta manera estará mejor preparado para ver el lado bueno del otro y poner las bases para un futuro cambio. Segundo: se necesita la motivación para aplicar los principios que sugiere en su programa. Es suficiente estar dispuesto a ensayar algunas de las técnicas que propone y ver cómo funcionan.

1er Paso para el cambio: Reforzar los cimientos. Los elementos que según el Dr. Beck, componen los cimientos del matrimonio, son la cooperación, el compromiso, la confianza básica y la lealtad.

La cooperación. Se refiere a trabajar para satisfacer los objetivos conjuntos como pareja y como familia. Las actitudes básicas serían: “elaboremos juntos las decisiones importantes”, “coordinemos lo que hacemos en las actividades que se llevan a cabo mejor en conjunto”, “cada uno de nosotros cumplirá con lo que esté bajo su responsabilidad”.

El compromiso. Es la seguridad en que uno va a permanecer en la relación cualesquiera sean las dificultades. No poner en duda la permanencia en la relación, como no cuestionaría la permanencia en su relación con sus hijos, sus padres o sus hermanos. Las actitudes que denotan compromiso son las siguientes: “si tenemos problemas los afrontaremos juntos”, “no me alejaré de mi pareja si las cosas se ponen difíciles”.

La confianza básica. Tiene que ver con estar seguro que puede confiar en su pareja y que lo encontrará a disposición. La confianza básica consiste en las siguientes actitudes: “Puedo confiar en mi marido; “Sé que defenderá mis intereses”, “Sé que mi mujer no me va a lastimar intencionalmente”, “Sé que puedo confiar en mi marido para que me ayude en situaciones cotidianas de emergencia”, “Sé que mi mujer estará a mi disposición cuando lo necesite”, “Puedo confiar en la buena voluntad de mi pareja”.

Lealtad. Se refiere a la dedicación y a los intereses de la pareja. Apoyarás a tu pareja en tiempos de adversidad. Actitudes básicas: “coloco los intereses de mi pareja en primer lugar”, “apoyaré a mi pareja como un aliado”, “defenderé a mi pareja”.

Los componentes básicos de un amor maduro: Los sentimientos de cariño; que reemplazan la intensidad del enamoramiento a medida que pasa el tiempo.

La solicitud; que significa que uno cree en el cónyuge y se lo hace saber “Eres importante para mi. Me interesa lo que te pueda pasar. Te voy a cuidar”. Para esto se necesita interés y afecto.

Las expresiones de afecto; que son un medio para despertar los sentimientos tiernos de la pareja. Sin embargo, a medida que el matrimonio avanza, los gestos afectuosos se van reduciendo cada vez más.

La aceptación tiene que ser incondicional en una relación de amor maduro. Se pueden admitir diferencias en las ideas acerca de la religión, la política y la gente sin criticarse mutuamente; pueden aceptarse la incapacidad y las debilidades del otro sin convertirse en juez. Esa aceptación es profundamente tranquilizadora, les da a los miembros de la pareja la sensación de aceptarse a sí mismos. Si el compañero los puede aceptar en forma total pueden relajarse y bajar la guardia. La aceptación no implica ceguera para los defectos del compañero, pero, en una atmosfera de aceptación, uno puede luchar contra cualquier cosa que interfiera en su intimidad. Si un amor esta condicionado por una “buena conducta”, nunca podrá alcanzar la intimidad que es posible cuando el amor es algo dado y la buena conducta es una meta que debe lograrse con un trabajo conjunto.