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Programa: 30/12/2010

¿QUE VINCULO HAY ENTRE EL AMOR, LA INTELIGENCIA Y LA SABIDURIA?

Hablaremos del amor, que si bien nombra a esa calidad de energía que sustenta todo lo que existe, también se presenta en uno de sus niveles de manifestación, como una emoción.

 

Todas las emociones están continuamente interactuando con la mente y sobre este vínculo existen siempre muchos malos entendidos.

En su libro, “La sabiduría de las Emociones”, Norberto Levy, médico psicoterapeuta, nos dice con un lenguaje claro y preciso que cuando aprendemos cuál es la señal que cada emoción transmite, podemos encaminarnos a resolver el problema que nos muestra y el sufrimiento auto creado puede así llegar a su fin.

¿Cómo podemos definir el Amor?

Hay muchos libros, estudios, opiniones y planos para hacerlo; como el biológico o filosófico. Para Levy, es imposible definirlo a través de conceptos, pero en su libro intenta una aproximación y dice que en el plano personal, se manifiesta básicamente como respeto, solidaridad y cuidado y según la circunstancia podrá ser amor pasional, fraternal, paternal o religioso, entre otros.

Sea cual fuera la forma, la trama esencial de la experiencia del amor es la que surge del reconocerse como dos partes distintas de la misma unidad mayor. Expresado en otras palabras; el amor es la memoria que la unidad tiene de si misma en la diversidad.

Y entonces para que podamos relacionar; amor, inteligencia y sabiduría, empezaremos por definir, qué es la inteligencia. En principio es la capacidad de resolver problemas. El tipo de problemas dice Levy, que podamos resolver definirá cuales la inteligencia que tengo: si es filosófica, material, química, emocional, musical, corporal, etc. Si tenemos una inteligencia que comprende la cualidad unitaria que existe en todo lo vivo y el rol complementario que cumple todos sus componentes, llegaremos a esa sabiduría que es precisamente el conocimiento profundo de dicha unidad.

De la manera que lo expone Levy en su libro” La sabiduría de las emociones”, y para redondear el vínculo entre sabiduría, amor e inteligencia, decimos que sabiduría es el amor hecho autoconciencia. Es la energía del amor convertida en concepto, conocimiento y enseñanza.

¿Cómo actúa la sabiduría frente a un conflicto?

Un conflicto es un vínculo en el que cada parte cree que la solución radica en la eliminación del otro:”Yo estaré bien solo si logro vencerlo o apartarlo”. Esta es la esencia del conflicto tanto en el universo interpersonal como intrapersonal.

Un conflicto intrapersonal típico, es el que se da entre impulsos y la mente. El impulso dice: “Yo quiero expresarme, convertirme en acción, y vos “mente, no me dejas”. “Te la pasas calculando y anticipando y no me dejas vivir. Quiero eliminarte para poder ser feliz.” La mente responde: “Vos avanzas enceguecido y traes más problemas que otra cosa. Estoy harta de que te equivoques, te ilusiones, te engañen y tener que pasarme la vida tratando de arreglar los platos rotos”. ”Te voy a frenar como sea porque eres un peligro total”. Parece un juego verlo así y tal vez nos de un poco de gracia, pero de verdad este diálogo imaginario puede ser una batalla que tengamos continuamente.

Y así puede continuar esta lucha con todo el daño y sufrimiento que lleva y hasta que alguien pueda devolver la armonía al sistema. Y esta es la tarea de la sabiduría. Ella es la que puede reconocer la parte de verdad y de error que hay en cada antagonista y explicárselo a cada uno de ellos del modo en el que lo puedan entender. De esa forma contribuye a reconstruir el vínculo de complementariedad perdido entre los impulsos y la mente, ese vínculo en el que ambos se pueden volver a reconocer tan necesarios el uno para el otro como lo son las dos manos entre si.

Levy nos dice también, que los impulsos y la mente podrían compararse con el acelerador y el freno. Vistos en forma aislada parecen opuestos que se anulan uno al otro. Recién cuando se incorpora la imagen del auto en el tránsito es que se comprueba que son complementarios, o sea puedo acelerar porque cuento con el freno y viceversa.

¿Qué relación hay entre el amor propio y el amor?

Lo que llamamos “amor propio” u orgullo es una forma distorsionada de intentar compensar la falta de amor hacia uno mismo.

Si me descalifico y me reprocho en exceso, como puede suceder por ejemplo en ese diálogo imaginario entre los impulsos y la mente, ambos componentes terminan viviendo en un estado de maltrato crónico, como en “carne viva””. Por lo tanto no tienen resto para absorber las frustraciones cotidianas y demandan un trato externo que compense ese maltrato interior. Si en esas condiciones alguien me dice por ejemplo, algo de mí que no me gusta, entonces “desborda la copa”, me siento muy herido, me ofendo, me tenso y me cierro. A esa actitud la llamamos orgullo. Desde afuera lo que se ve es que ante “cualquier cosa” me ofendo y me cierro y esto por supuesto, molesta a los demás. Si uno ingresa en el estado interior que produce la respuesta orgullosa, se ve otro escenario completamente distinto; y en esencia de minusvalía.

¿Amar es dar?

Es una definición tradicional del amor que es parcial y confunde, porque asocia el amar a una acción y uno puede comprender mejor la calidad de esta energía cuando comprendemos que no es una acción particular sino una forma de llevar a cabo cualquier acción. Por lo tanto hay un dar amoroso y también un recibir y un pedir amoroso. Cuando formulo mi necesidad y mi pedido de un modo que tiene en cuenta al otro y reconoce respetuosamente su derecho a decir que no, ese es un pedir amoroso.

Este concepto más amplio nos ayuda a comprender que tanto la actitud remisora como la receptiva pueden ser realizadas amorosamente. O sea que el amor no es patrimonio de ninguna de ellas en particular.

¿El amor tiene sus leyes?

Una de las leyes que el amor conoce es que la parte puede estar bien de un modo integro y duradero en la medida en que el conjunto al cual esa parte pertenece también lo esté. Por ejemplo, un miembro de la pareja puede estar bien en la medida en que la estructura pareja esté bien. El marido o la mujer puede sentirse bien mientras somete a su conjugue pero eso es solo por un breve tiempo. Es difícil imaginar un ser que experimente un completo bienestar rodeado de dolor. Ese dolor, dice Levy, vuelve. Esto es así, porque la trama que enlaza los destinos de la parte y el conjunto es muy fuerte y en un sistema que funciona a alta velocidad, la contundencia de dicha trama se observa de inmediato.

¿El amor a si mismo es una forma de egoísmo?

El egoísmo está relacionado con el deseo inmaduro que se siente en el centro de la escena y se satisface exclusivamente con su realización, sin tener en cuenta todo lo demás. El amor a si mismo trasciende ese plano. Ama lo que le gusta de si mismo, y también lo que no le gusta. Puede no gustarme mi parte insegura y amarla igual. Amarla no quiere decir consentirla en el sentido de la complacencia, quiere decir tenerla en cuenta, respetarla, y asistirla. Recién cuando aprendemos a amar lo que no me gusta de mí, es que puedo amar lo que no me gusta de los otros, es decir todo aquello que no satisface mis deseos inmediatos. De modo que el amor a mi mismo no solo excluye el amor a los demás sino que es precisamente quien lo posibilita.

¿Cuál es la relación que existe entre amar y desear?

El deseo es un movimiento de atracción hacia algo que surge de la percepción o del recuerdo de ese algo. Junto con el deseo, nace el rechazo. Si deseo “manzanas” todo lo que no sea “manzanas” será rechazado por mí. Deseo y rechazo son simultáneos, son las dos caras de la misma moneda. Es cierto que existen situaciones en las que el deseo de algo encuentra un obstáculo al que efectivamente debe eliminar.

Una de las diferencias entre amar y desear es que el deseo se satisface exclusivamente con la obtención de lo deseado mientras que el amor encuentra el bienestar de todos los protagonistas.

¿Qué papel juega la pasión en todo esto?

La pasión es precisamente una atracción intensa. Puede ser hacia una persona, hacia una actividad, hacia un objeto, etc. Tanto puede ser la música, los cuadros, o el fútbol, u otro deporte. No importa tanto qué la inspira sino la intensidad que se siente ante eso que la inspira. Y esa atracción apasionada, dice Levy en su libro, puede ser más o menos amorosa. En la pasión se ve con más amplitud lo que dijimos o describimos antes en relación al deseo. Si siento una pasión no amorosa hacia alguien puedo “liquidar” a quien percibo como un obstáculo, o a la misma persona si no satisface mis requerimientos. Es el típico crimen pasional. La realidad es que “mato” por la intensa frustración de la atracción no correspondida, pero no por amor.

La pasión amorosa siente la misma intensa atracción pero no se otorga ningún lugar de privilegio en su relación con el obstáculo. Levy dice, que en última instancia el amor es el que convierte a la relación en una especie de danza entre la pasión y el obstáculo.

¿Todo deseo por el hecho de ser deseo reacciona del mismo modo?

Levy propone establecer una distinción dentro del deseo mismo y diferenciar deseo inmaduro de deseo maduro. El deseo inmaduro se caracteriza porque se percibe en el centro de la escena y coloca a los demás protagonistas en la posición de” seres a su servicio”. Esto significa que no reconoce la vida propia de los tres personajes básicos con quienes se relaciona.

a. El objeto mismo del deseo.
b. Todos lo que funcionen como medio para alcanzarlo.
c. Todos los que funcionen como obstáculo para alcanzarlo.


Para el deseo inmaduro quien cumple la función de medio debe estar disponible si o si para llevar a cabo su tarea. Presionará y forzará”como sea” para que así ocurra. Este nivel evolutivo es la fuente de innumerables conflictos y sufrimientos y es al que se han referido la mayoría de las tradiciones orientales como causa básica del padecimiento psíquico.

También existe el nivel maduro del deseo, que se caracteriza precisamente en lo opuesto de lo anterior. No se encuentra en el centro de la escena y tampoco inscribe al resto de los protagonistas como “seres a su servicio”. En el mismo momento en que empiezo a desear, comienzo a exponerme a la frustración. No puedo asegurarle a mi dese la garantía de su logro, lo más que puedo es asegurarle mi mejor intento posible.

Y para cerrar lo que dice Levy sobre este tema en su libro; es posible y necesario en este nivel evolutivo, que el deseo deje de ser fuente de conflicto y se convierta en un colaborador consciente al servicio de la plenitud del desarrollo, tanto del individuo como del conjunto.