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Programa: 14/04/2011

El MIEDO Y LA ANSIEDAD

Los métodos de afrontamiento adaptativos mejoran nuestro funcionamiento general y las conductas puestas en marcha como estrategias disfuncionales tienden a mantener o exacerbar el malestar subjetivo.

 

El miedo y la ansiedad son experiencias emocionales diferentes aunque con frecuencia los términos se usas indistintamente. El miedo es muy desagradable y tiene una función orientada a la supervivencia, a provocar que escapemos del peligro. Generalmente es una respuesta transitoria a un estímulo específico que disminuye una vez que la persona ha escapado del peligro. Por otra parte, la ansiedad es una reacción a situaciones simbólicas, psicológicas o sociales, en vez de la presencia física inmediata de peligro. La ansiedad es una respuesta ante la incertidumbre que surge cuando se ve amenazada la propia sensación de integridad, de coherencia, de continuidad o la sensación de ser agente activo.

La ansiedad resulta debilitadora y disfuncional cuando es intensa y crónica, cuando la persona está continuamente anticipando peligros o esperando que se repitan amenazas del pasado.

Cuando el miedo se evoca, la acción se detiene, se controla vigilantemente el entorno y se hacen planes para escapar o evitar situaciones peligrosas. Esta tendencia de acción constituye una respuesta compleja e integrada de la mente y el cuerpo. Se activa el sistema nervioso simpático, la persona siente una subida de la adrenalina, se pone más alerta y focaliza la atención en la situación inmediata. Los sentimientos subjetivos de miedo vienen con frecuencia acompañados de enojo, ayudando a movilizar a la persona para una intensa actividad.

La ansiedad, por otra parte, da como resultado confusión o procesos cognitivos que dominan la conciencia, más que una tendencia de acción explicita. Se produce, o bien una difusión de la atención, o un estrechamiento del foco de atención en el sí mismo. Esto último consiste en un aumento de la activación y en una preocupación acerca de la propia habilidad para funcionar eficazmente o para sentirse seguro en la situación.

Las Conductas de Afrontamiento y el Mantenimiento de los Trastornos de Ansiedad

Las personas utilizamos estrategias de afrontamiento para enfrentar e intentar superar los obstáculos y los problemas por los que atravesamos a lo largo de la vida. Los métodos de afrontamiento adaptativos mejoran nuestro funcionamiento general, y promueven la superación de las situaciones problemáticas. Las estrategias disfuncionales tienden a mantener o exacerbar el malestar subjetivo.

En el desarrollo de los trastornos de ansiedad intervienen mecanismos que generan interpretaciones catastróficas respecto de distintos estímulos, lo cual, a su vez, promueve respuestas fisiológicas, emocionales y conductuales congruentes con la evaluación de amenaza. De todas las respuestas posibles frente a la interpretación de peligro, las que cobran mayor importancia son las que perpetúan el ciclo ansiógeno, favoreciendo el mantenimiento de los trastornos.

Las conductas evitativas son estrategias puestas en marcha para evitar la confrontación con el estimulo temido. Pueden ser comportamientos observables como evitar acercarse a una situación percibida como peligrosa (por ej., ascensores, subtes, lugares donde hay mucha gente en personas agorafóbicas), pero también pueden ser estrategias de tipo cognitivo como intentar tener la mente en blanco para evitar la aparición de algún pensamiento (como en personas con trastorno obsesivo compulsivo). Este tipo de afrontamiento es común en todos los cuadros de ansiedad, y se ve especialmente en los casos de fobias específicas (a los animales, a los aviones, a las tormentas, etc.). Las conductas evitativas son de las más persistentes y difíciles de contrarrestar porque el que las padece nunca se expone a la situación temida, lo cual le genera una sensación de alivio y control y esto lo que hace es reforzar su utilización. Además, como la persona siente ansiedad o displacer ante la sola idea de enfrentar el objeto temido, y la conducta evitativa le brinda un alivio instantáneo, esto suele ser interpretado como una evidencia de la peligrosidad de la situación y la conveniencia de no exponerse a ella, lo que corrobora la interpretación catastrófica inicial (círculo vicioso).

Las conductas de escape, consisten en huir de la situación o estimulo que se teme una vez que se encuentra frente a este. El principal problema en este tipo de estrategia es que el escape produce un alivio repentino del malestar, reafirmando la necesidad de evitar el estimulo temido. Una persona con fobia específica, por ejemplo, puede vencer su miedo de ir a una fiesta, pero, si se va inmediatamente ante el primer signo de ansiedad, lo que va a hacer es corroborar su idea sobre sus dificultades de interacción por lo que termina llegando a la conclusión que lo mejor que puede hacer es evitar nuevos encuentros de ese tipo.

Las conductas de seguridad, son otra forma de afrontamiento disfuncional. Esta estrategia consiste en recurrir a algún objeto o persona como medio de contrarrestar los síntomas de ansiedad. Una persona con pánico o agorafobia, por ejemplo, puede rehuir viajar en subte salvo que viaje con su botella de agua, su ansiolítico o su amigo. De esta manera se siente a salvo de las posibles consecuencias que pudieran ocurrir al exponerse a la situación temida y cree que si llegara a sentirse muy ansioso puede contar con una ayuda salvadora externa. El principal problema de esta estrategia es que si la persona siente que si no les pasó nada malo al enfrentar el problema, es gracias al recurso ajeno y no gracias a recursos propios, o porque su miedo era excesivo.

Otras de las formas más frecuentes de afrontamiento son las búsquedas de reaseguros, donde la persona busca asegurarse todo el tiempo de que ninguno de sus miedos se ha concretado. Todas estas estrategias son eficaces en el corto plazo para contrarrestar los síntomas de ansiedad, lo que refuerza su utilización cada vez que uno se enfrenta a la situación que le genera miedo, pero a largo plazo mantienen el circuito ansiógeno porque le impiden contar con información que pueda servir para poner a prueba la interpretación catastrófica.

También la preocupación patológica es considerada como una estrategia de afrontamiento disfuncional. A través de ella se busca reducir la incertidumbre que dispara el temor de que ocurra un acontecimiento negativo, imaginándose situaciones hipotéticas y posibles formas de enfrentarlas. De esta manera se vive en constante estado de activación autonómica, intentando siempre adelantarse y prevenir sucesos negativos.

Por último, está la disociación. Esta es una estrategia que se observa más frecuentemente en personas que sufrieron eventos traumáticos. Este mecanismo lo que hace es producir una separación de los componentes del recuerdo traumático, lo que no permite procesar el suceso total adecuadamente en su totalidad. Por esto, por ejemplo, las personas que sufren de stress postraumático suelen presentar síntomas disociativos (como flashbacks o pesadillas) todos relacionados con la fragmentación producida por la disociación.

Estas son sólo algunas de las estrategias de afrontamiento disfuncionales que se utilizan para superar o enfrentar los obstáculos o problemáticas por las que atravesamos a lo largo de la vida. El objetivo sería modificarlas a fin de aumentar la posibilidad de mejorar la calidad de vida.