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Programa: 02/06/2011

EL VARON ADOLESCENTE

Respuestas y claves científicas acerca de cómo piensan y actúan los varones a esta edad.

 

¿Qué le sucede al varón en esta etapa de grandes cambios; con sus estudios, intereses, emociones, y comportamientos más hostiles debido a sus cambios hormonales?

Para tratar estas dudas que tienen actualmente los padres de varones adolescentes, hay respuestas o claves científicas acerca de cómo piensan y actúan los varones a esta edad, y en el Libro “El Cerebro Masculino” de Louann Brizendine (doctora en medicina y también autora del libro, “Cerebro femenino”) describe muy bien a qué se deben estos cambios y explica grandes enigmas del cerebro masculino.

¿Cómo es ver el mundo con el color del cristal masculino?

Si una mujer pudiese ver el mundo con el color de cristal masculino, nos afirma la autora, nos asombraríamos en comprobar qué distinto aspecto tiene.

En la pubertad, cuando cambia la voz y el cuerpo de los chicos, se transforman también sus expresiones faciales a raíz de su nueva percepción de las expresiones faciales de los demás, y esto se debe a las hormonas. Uno de los objetivos fundamentales de las hormonas es inducir nuevas conductas mediante la modificación de las percepciones cerebrales.

La testosterona y la vasopresina son las hormonas que alteran la percepción de la realidad en el adolescente. De manera similar el estrógeno y la oxitócina cambian el modo en que las chicas perciben la realidad. Los cambios perceptivos impulsados por las hormonas en las chicas preparan al cerebro femenino para las relaciones y las conexiones emocionales, mientras que las hormonas masculinas propician las conductas agresivas y territoriales en los varones. En la edad adulta, estas conductas le ayudarán a defender y proteger agresivamente a sus seres queridos. Pero antes tendrá que aprender a controlar esos impulsos innatos.

Por muy armónico que sea un niño en la infancia, la pubertad puede cambiarlo todo (y los padres de chicos adolescentes lo saben muy bien y lo padecen muchas veces por diferentes motivos). Es por esto, que esta fase del desarrollo del los chicos requiere esa delicada maniobra de los padres ( o cintura ) de soltar sin desconectarse del todo.

Los científicos descubrieron que el cerebro adolescente en ambos sexos es notablemente distinto del cerebro preadolescente. Los cambios evidentes en un varón adolescente son impulsados por los genes y las hormonas mientras todavía está en el útero, antes de nacer. Al final de la pausa juvenil (o latencia) llega el momento en que un chico comienza a desarrollar sus destrezas para sobrevivir en un mundo masculino. En esta fase, millones de pequeños interruptores o receptores andrógenos de su cerebro aguardan la llegada de la testosterona, el rey de las hormonas masculinas, y al abrirse las compuertas, la esencia de la virilidad satura el cuerpo de un varón y su cerebro.

La autora da un ejemplo, del momento en que unos padres se dan cuenta que su hijo al cumplir los catorce años, se vuelve malhumorado e irritable, y comentan con una cierta ironía que la testosterona empezará entonces a dominar el cuerpo, la mente y el alma de su hijo adolescente.

A los catorce años aproximadamente, el cerebro de un chico ya lleva varios años de reconstrucción. Entre los nueve y los quince años, los circuitos cerebrales masculinos, con sus millones de neuronas y billones de conexiones, entran en funcionamiento, debido a que el nivel de testosterona se multiplica por veinte.

La autora brinda un ejemplo de cantidades y nos dice que si la testosterona fuese cerveza, un niño de nueve años recibiría el equivalente de una copa diaria. Pero a los quince años, sería el equivalente a ocho litros diarios.

A partir de entonces, la testosterona masculinizará biológicamente todos los pensamientos y conductas procedentes del cerebro del varón. También, va a estimular el rápido desarrollo de los circuitos masculinos configurados desde antes de nacer; activará el desarrollo delos músculos y los huesos, inducirá el crecimiento del vello púbico y la barba, Ampliará y alargará su zona genital, y le cambiará la voz. Con la misma intensidad va a desarrollar sus circuitos cerebrales en el hipotálamo de la búsqueda sexual, de manera que alcanzará un tamaño más de dos veces superior al del cerebro de las chicas. Y entonces el cerebro masculino va a estar en este momento estructurado para situar la búsqueda sexual en el centro de su mente.

Pero el sexo no es lo único que preocupa a la mente de un adolescente. A medida que la testosterona impregna las células cerebrales de un varón, también estimula una hormona asociada, la vasopresina. Juntas, la testosterona, y la vasopresina hacen que un varón defienda el territorio, por ejemplo el de su habitación y sea sensible a los desaires (percibidos o reales) de los otros.

Cuando las hormonas se mezclan con el cortisol, la hormona del stress, sobrecargan su cuerpo y su cerebro, preparándolo para la respuesta masculina de luchar o huir, como reacción ante los desafíos contra su status o territorio (algo que cobra mucha importancia en esta etapa).

Nuestros cerebros se han formado durante cientos de miles de años de vida en grupos jerárquicos con conciencia de status. Y aunque no todos los chicos adolescentes quieren ser el rey, desean ocupar un puesto alto en la jerarquía, lo más alejado posible del punto más bajo. Y esto puede traer riesgos y también generar problemas.

Para la mayor parte de las madres de varones, muchas veces no comprenden todos los cambios que se producen en el cerebro de sus hijos adolescentes. Y para tener en cuenta; una información útil y sobre todo para no preocuparse, es saber que el cerebro adolescente tarda ocho o nueve años en completar la remodelación que inicio al entrar en la pubertad. Los circuitos cerebrales perfeccionados por las hormonas se estabilizarán entonces cuando cumpla veinte o veintipocos años. ¿Qué aconsejarles a las madres? Tener paciencia...o muchas veces, sobrevivir a esta etapa.

¿Qué harán casi la mayoría de los varones en esta etapa? Se saltearán los deberes, mirarán algo de porno, se meterá en peleas y se les caerá la baba por las chicas. Y mediante los límites que podamos poner como padres, y pase un tiempo”castigado”, ya se le pasará o se podrá regularizar un poco todo los desbordes.

Habíamos hablado de la inquietud de algunos padres sobre el rendimiento escolar de sus hijos en esta etapa, y como se titula en el libro de Louann Brizendine, será la etapa de la guerra de los deberes. Aunque castiguemos a un hijo adolescente hasta que termine por ejemplo, sus tareas olvidadas de inglés, hay que tener en cuenta que en esta etapa, a los chicos les cuesta concentrar su cerebro en el trabajo escolar.

La autora nos expone que si pudiéramos ver el cerebro de un chico adolescente con un escáner cerebral en miniatura mientras esta haciendo los deberes, veríamos su cortex pre-frontal -la zona de la atención y el buen juicio-, titilando de actividad, intentando forzar la concentración en los estudios. Pero, también veríamos impulsos de vasopresina y testosterona latiendo en su cerebro, activando los circuitos del sexo y de la agresividad.

El libro brinda el ejemplo de que si en el cerebro de este mismo chico (que no puede concentrarse para hacer sus deberes de inglés) se registrara una imagen de la cara burlona de un amigo, (se sabe que la amenaza potencial suele indicarse con una expresión facial) se empezaría a disparar la hormona del stress, el cortizol (habíamos dicho antes sobre estas hormonas que empiezan a estar más presentes y a estar más susceptibles por lo territorial y al status). Entonces, luego se activaría su centro del miedo y de la amenaza: la amígdala. Y posteriormente, cuando se enciende en su sistema visual secundario una imagen de una chica que le gusta con una remera ajustada, veríamos la activación de sus circuitos sexuales que lo van a distraer más todavía. Lo siguiente que veríamos es su Cortex Prefrontal (atención y buen juicio) luchando por recuperar la concentración en los deberes de inglés. Pero por supuesto sería tarde, porque su zona pre-frontal no puede contrarrestar las ensoñaciones sexuales. Y muy pronto los deberes serían su último interés de su mente.

Ante este panorama de lo que sucede en los circuitos cerebrales de un varón adolescente, ¿Puede haber alguna afirmación que nos de un poco de tranquilidad? Si, en principio comprender que los chicos adolescentes, no pretenden ser difíciles. Lo que pasa es que su cerebro no está preparado todavía para pensar mucho en el futuro.

Conseguir que los hijos estudien y hagan los deberes siempre ha sido una batalla más ardua para los padres con los chicos que con las chicas, y mas aún con todas las tentaciones actuales de la alta tecnología (internet por ejemplo), entonces la batalla puede parecer una guerra. Estudiar en lugar de hacer algo divertido online carece de sentido para los adolescentes varones.

Varias investigaciones muestran que hacen falta sensaciones extraordinariamente intensas para activar los centros de recompensa del cerebro masculino adolescente, y los deberes no consiguen ese efecto. ¿Qué hacer entonces…? Para los padres, hay algunas posibilidades; el libro da un ejemplo bastante clásico, sobre un padre que le dice a su hijo de manera tal vez “amenazante”, de quedarse castigado sin computadora, celular, o televisión durante un mes, junto también, y modo de estímulo, con la posibilidad de un par de entradas para un partido de finales de fútbol o de tenis por ejemplo si mantenía una calificación y entregaba todos los deberes. No sería una sorpresa que ante esto hubiera una reacción favorable y un chico pueda tomar en serio la amenaza y también la recompensa de su padre.

Es importante tener presente que también a los chicos que se sacaban buenas notas pueden empezar a detestar el colegio a los 15 o 16 años. Todo lo que representa el sistema escolar entra en conflicto directo con el cerebro aventurero y ansioso de libertad de los chicos adolescentes. De modo entonces, que no es de extrañar que los chicos provoquen el 90 % de los trastornos en el aula o que el 80 % de los alumnos con fracaso escolar en enseñanza mediar sean varones. Los chicos reciben el 70 % de los insuficientes o poco satisfactorio o muy deficiente. Y no es que les falta inteligencia para sacar buenas notas, pero les da igual.

Y tampoco ayuda que las clases empiecen a horas totalmente discrepantes con el ciclo de sueño del cerebro adolescente. Esto es interesante y se ha comprobado mediante estudios científicos, sobre la somnolencia y el aburrimiento.

Es muy comentado los chicos quieren dormir hasta tarde o les cuesta mucho mantenerse despierto a primera hora de la mañana, y se quedan además hasta altas horas de la noche. ¿Porque, a qué se debe? El horario de sueño del cerebro masculino empieza a cambiar hacia los once o doce años. Los receptores de testosterona reprograman las células horarias del cerebro (técnicamente lo hacen en el núcleo supraquiasmático o NSC) de modo que un chico se acuesta más tarde y no madruga tanto.

A los 14 años, el nuevo horario de sueño lleva una hora de retraso con respecto a las chicas de su edad. Este cambio crono-biológico es el primer aspecto de falta de sincronía con el sexo opuesto. A partir de este momento y hasta que las mujeres de su edad lleguen a la menopausia, los hombres se dormirán y se despertarán más tarde que ellas.

Actualmente, l os chicos adolescentes, en su mayoría, dicen dormir entre seis o cinco horas durante la semana cuando su cerebro requiere al menos diez horas. Ante esto algunos padres saben que tienen que regular el uso de internet o cortarlo para que sus hijos concilien el sueño. Algunas recomendaciones, por ejemplo, sería que la computadora no esté en su habitación, y también el uso medido del celular.

La autora Louann Brizendine, postula que; si los sistemas escolares y los profesores realmente quisieran que los chicos aprendan, tendrían que, y a modo de sugerencia, iniciar las clases varias horas más tarde. Al menos así, se puede incrementar la probabilidad de que los chicos mantengan los ojos abiertos, aunque no terminarían con las caras de aburrimiento.

Con respecto al aburrimiento, los científicos han descubierto que el centro de placer del cerebro masculino adolescente esta casi entumecido en comparación con esta misma área en los adultos y en los niños. Explican que el centro de recompensa del cerebro de un chico se vuelve menos fácil de activar y no es bastante sensible en esta etapa para percibir los niveles normales de estimulación. Esto sería, que no fingen aburrimiento, o como muchos padres piensan a veces que es una postura de su hijo adolescente para no mostrar interés por nada. Están aburridos, y no pueden evitarlo.

Hay otro estudio que expone esto de los niveles de estimulación o aburrimiento de los chicos. Analizaron con un escáner cerebral a varios adolescentes mientras estos observaban imágenes horripilantes y se puso de manifiesto que los cerebros no se activaban tanto como la de los niños o adultos. Como tal vez muchos profesores de enseñanza media conocen, el cerebro del adolescente varón necesita una mayor dosis de horror o miedo para activarse. La cantidad de estimulación que se requiere para que un adulto se acobarde apenas causa incomodidad en un chico adolescente. (Esto explica el gusto de los chicos a esta edad de la películas de terror o morbosas). Para sobresaltar a los chicos hasta el punto de conseguir que griten o salten, hay que magnificar la experiencia con ruidos, luces, acción y escenas macabras. Ahora los padres de adolescentes pueden saber porque a sus hijos les gustan los efectos especiales más macabros y las películas de tiroteos. Esta preferencia (como bien saben los productores de películas bien taquilleras) puede cambiar o no cuando los chicos llegan a la edad adulta, pero los hombres adultos no necesitan la misma dosis de salvajismo que cuando eran adolescentes ávidos de emociones.

Para cerrar este tema interesante, muy instructivo y que despeja muchas dudas, es muy útil que un padre pueda entender y tener presente que la irritabilidad, o el malhumor de un varón adolescente, no se deben sólo a cambios emocionales y a la falta de sueño (factores que sin duda influyen). Y que el aburrimiento, la falta de concentración o la ira pueden ser fruto del nuevo modo que su cerebro masculino percibe el mundo y a los demás.