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Programa: 16/06/2011

UN PAPA NO ES UNA MAMA

Algunas reflexiones de dos autores que han escrito acerca de la importancia de la figura paterna en la vida de los chicos.

 

Aprovechando que se acerca el día del padre queríamos compartir algunas reflexiones de dos autores que han escrito acerca de la importancia de la figura paterna en la vida de los chicos. Para esto tomamos un artículo escrito por Sergio Sinay, autor de “Ser padres es cosa de hombres” y un capítulo del libro de Marichu Seitún, “Criar hijos confiados, motivados y seguros”.

Sergio Sinay, autor de “Ser padres es cosa de hombres”, reflexionando acerca de la diferencia entre la función de la madre y la del padre en la crianza de los chicos se pregunta si los padres están menos capacitados que las madres para la crianza efectiva y cotidiana, de los hijos; si son menos hábiles o si les cuesta más.

Ante estas preguntas responde que claramente el papá no está menos capacitado que la mamá. Sino que tienen capacidades distintas, que son complementarias e irremplazables. El papá tiene una relación más física con sus hijos y la mamá un vínculo más emotivo. Y cita algunos estudios que demuestran que ambos, papá y mamá, tienen una similar predisposición emocional para guiar, cuidar y nutrir a los hijos, pero que tanto la sociedad como sus familias no los preparan de la misma manera para ello. También se ha demostrado que ambos son igualmente capaces de interpretar y entender las conductas de los chicos; y que con excepción del amamantamiento no hay evidencias científicas de que las mujeres estén biológicamente mejor predispuestas que los hombres para la crianza.

¿Por qué, entonces, los papás siguen siendo menos confiables?

El autor explica esto a través de un viejo malentendido de lo “masculino" y lo "femenino". Los tradicionales y rígidos estereotipos de género (que aún nos influyen a pesar de los cambios) fueron los que limitaron durante generaciones a los hombres a la producción y provisión y a las mujeres a la nutrición y la crianza.

Un buen papá es, en esta visión, el que asegura el bienestar material de su hijo y de su mujer y no interfiere en la relación entre ellos.

Así se fue instalando la creencia de que, en última instancia, los hijos son más de la mamá que del papá, que ella los entiende y atiende mejor. Y los hombres de alguna manera se fueron aceptando como "negados" para la crianza, para la nutrición, para el contacto emocional con sus hijos y para entender sus señales (llantos, síntomas, gestos, etc.).

De esta manera la salud, la alimentación, la educación y el acontecer afectivo se convirtieron en "especialidades" maternas. Y hoy cuando un padre se propone ser más participativo en su paternidad, se encuentra con que hay cosas que no sabe porque no le son familiares. Pero, ¿Cómo puede aprenderlas? De la misma manera en que las aprende la madre, la única posible: a través de un contacto frecuente y estrecho con el hijo.

Partiendo de la base de que un papá no es una mamá y una mamá no es un papá, el autor resalta la importancia que tiene para el hijo el contacto con ambos para aprender que cariño, atención, nutrición y guía tienen diferentes modos de expresión según provengan de una mujer o de un varón. Michael Yogman, pediatra y pedagogo, dice: "El padre tiende a jugar más que la madre con el pequeño y sus juegos suelen se más vigorosos, más estimulantes más excitantes". Los de ella son más acogedores, más sedantes. Así el chico aprende sobre sí mismo, sobre su sexo y sobre el opuesto y se educa para convivir en la diversidad. Cuando un papá viste al hijo no lo viste mal. Lo hace diferente de la madre. Cuando lo arroja al aire y lo revolea, no lo pone en peligro porque él sí puede recibirlo en sus brazos con seguridad (a la mamá probablemente se le caería, por eso ella juega distinto). Y cuando sale con ellos y vuelven sucios, es porque con el papá juegan distinto, a juegos más activos y exploran el mundo de otra manera. Son diferencias. No se trata de papá o mamá, sino de papá y mamá ofreciendo dos accesos distintos e integrados a la vida en la sociedad y al vínculo con los demás.

Marichu Seitún, en su libro “Criando hijos confiados, motivados y seguros”, habla acerca de la importancia enorme que tienen los papas varones en la vida de los hijos. Desde el embarazo, una mujer que se sienta acompañada, sostenida, protegida, y querida va a poder vivir este momento tan especial con una tranquilidad que también le trasmitirá a su hijo. En esta etapa tan especial, cuando a las mujeres nos aumenta la sensibilidad, las inseguridades y los miedos, además de sentirnos muchas veces mal físicamente, puede convertirse en una dura prueba para los papas, quienes también se sienten desorientados, asustados e inseguros. En este momento, dice la autora, comienza una constante que continuará durante muchos años (en el mejor de los casos), y es el padre sostiene a la madre, mientras ella sostiene a los hijos o al hijo por nacer.

Tanto la preparación para el nacimiento como el parto son oportunidades para que el papá vaya conectándose con el bebe por nacer. Que pueda acompañar a la mama durante el proceso, presenciar el parto, tomar al bebe recién nacido en sus brazos son experiencias que crean lazos muy fuertes desde el primer momento de vida del bebé.

Durante los primeros meses de vida, dice la autora, hay dos cuestiones centrales. Que la mama se sienta amparada, comprendida y acompañada y querida para que pueda con tranquilidad sostener y atender a su bebe. Para esto es conveniente que los papas hagan algunos ajustes en su rutina diaria, para poder estar más presentes. Por otra parte hombres y mujeres somos diferentes, nuestra visión del mundo, los intereses, los ideales, nuestros temores y preocupaciones; y esto también enriquece el mundo de nuestros hijos desde su nacimiento, ya que tener dos personas que lo atienden, que se ocupan y estén disponibles como modelos amplía las posibilidades de aprender, imitar, identificarse y ofrece una gama de recursos mucho mayor al saber que hay más de un modo de vivir. Por esto es muy importante que desde el primer día cuenten con la presencia del padre. Mama y papa somos tan distintos que todo lo que hacemos con nuestros hijos lo hacemos de maneras diferentes, pero que son tanto complementarias como enriquecedoras para sus vidas. Estas diferencias las vemos desde como los bañamos, como los alimentamos, como los ponemos a dormir, los tipos de juegos a los cuales jugamos y fundamentalmente la forma en la cual nos relacionamos con ellos. Los papás por otro lado, contribuyen al desarrollo de habilidades sociales, ayudando a los chicos a ser capaces de interpretar las señales de los demás, jugar con los otros y también reaccionar ante los otros.

También la autora hace alusión a la diferencia entre los juegos con el papá y los de la mamá, con el padre son mas corporales y excitantes, les hacen cosquillas, los tiran por el aire, los exaltan, cada vez yendo un poco mas lejos,y esto facilita en el bebe el desarrollo del entusiasmo, de la capacidad de excitarse y de volver a la calma, ayudándolo a despertar y a tolerar emociones cada vez mas intensas. Las mamás en cambio, hacemos juegos mas repetitivos, que tienden a calmar al bebé y a equilibrar sus emociones.

Por otro lado una de las tareas fundamentales de los papás es colaborar para la ruptura de la simbiosis madre-bebé. El papá le ayuda a aprender al bebé que su mamá tiene una vida, intereses y amor mas allá del hijo. Otra tarea del papá es presentarse como representante del mundo externo y portador de la ley, y para esto, dice la autora, la vida les da a los papás muchas oportunidades para que los chicos entiendan que el tamaño, la fuerza del papá no son tan fácilmente violables como los de mamá; de esta manera confirman la existencia de límites y fronteras (y como vimos muchas veces cuando hablamos de limites, esto les da tranquilidad a los hijos porque saben que papá puede con ellos).

En el área emocional, contar con un papá y una mamá disponibles permite a los hijos conectarse más plenamente con sus emociones, ya que algunas van a ser mas toleradas y desplegadas por uno de ellos y otras, por el otro. Por qué se da esto? Porque hombres y mujeres tenemos tolerancia distinta a diferentes emociones: los hombres por ejemplo, se relacionan mejor con la ira y los sentimientos negativos. Esto les permite ser modelo de estas capacidades, tolerarlas mejor en sus hijos y ayudarlos a reconocerlas y aprovecharlas para la vida, aprendiendo a dominarlas y haciéndose dueños de estas aceptando este sentimiento. También el hombre, señala la autora, es habitualmente menos temeroso, lo que le brinda mas posibilidades de ayudar al hijo a superar los miedos, al trasmitirle su propia confianza y seguridad. Para esto es necesario que papá este emocionalmente presente, que pueda ponerse en el lugar del hijo y reencontrase con su propia infancia. Que pueda desarrollar un genuino interés, que pueda entusiasmarse con sus actividades, que pueda sentirse orgulloso y mostrarse interesado por las capacidades que van apareciendo y que aprenda a comunicarse estando cerca y disponible.

Las relaciones humanas se construyen en presencia, la mejor experiencia para un hijo, es la certeza de que también cuenta con su papá y más importante aun sentir que a su papá le importa, que le hace falta, para esto es importante que los hijos sientan que son prioridad para los padres.

Para esto nos da una recomendación a las madres y es que como los padres son altamente sensibles a las criticas de la mujer que tiende a ser la encargada de las tareas de la casa y de los hijos, es muy importante que tratemos de no criticarlos ni pretender que hagan las cosas como las hacemos nosotras. Y recomienda que solo estemos atentas para orientarlos o ayudarlos cuando lo piden.

Y respondiendo a la pregunta de cómo los papás pueden encontrar un espacio y un tiempo para los hijos en un mundo tan complicado y competitivo, la autora sugiere que la forma mas fácil es creando hábitos, acostumbrándose a disponer de ratos cortos a la mañana o al volver del trabajo, ya que señala que cuando los chicos saben que cuentan con sus papás se ponen menos exigentes. Pueden esperar y confían que aunque no este todo el tiempo va a venir lo que les permite poder dejarlo ir. Lo importante es elegir momentos que sean favorables para el papá con el placer de disfrutar y hace crecer esa nueva relación. Y sobretodo que lo haga con libertad y no para obtener reconocimiento, por sentimiento de culpa o ante reclamos de la mamá.