volver>>
 

Programa: 05/05/2011

¿COMO PUEDEN LOS PADRES FOMENTAR LA AUTONOMIA DE SUS HIJOS?

Veremos 6 tácticas específicas para estimular a nuestros hijos hacia la independencia.

 

¿Cómo podemos alentar la autonomía? En principio dejando que piensen por si mismos, permitiéndoles enfrentarse a sus propios problemas y aprender de sus errores. Esta recomendación vale con énfasis para aquellos padres que amortiguan siempre a sus hijos, y no permiten que se equivoquen ni tomen riesgos, y restringen la autonomía para aprender de sus propias experiencias.

La mayoría de los libros sobre educación infantil, nos dicen que uno de los objetivos fundamentales de los padres es ayudar a nuestros hijos a separarse de nosotros, a convertirse en individuos independientes que algún día sabrán desenvolverse por su cuenta. Generalmente se nos sugiere a no ver a nuestros hijos como copias o prolongaciones nuestras, sino como seres humanos únicos con distintos temperamentos o gustos, distintas emociones, distintas motivaciones o anhelos, y distintos sueños. Lo equivocado está, en que muchas veces no dejamos que nuestros hijos cometan errores o que sufran fracasos. Y pretendemos que para lograr que aprendan una lección, lo único que tienen que hacer ellos es escucharnos y seguir nuestros consejos.

En el libro; “Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen”, sus autores, Adele Faber y Elaine Mazlish, nos ofrecen mediante ejemplos y tácticas, oportunidades para alentar la autonomía de los hijos.

En este libro, sus autores, sugieren que nosotros, como muchos padres, solemos pensar y preguntamos si es tan terrible ayudar a un niño a anudarse los cordones de las zapatillas o decirle cómo resolver alguna discusión con sus amigos o ahorrarle algún otro inconveniente. A fin de cuentas decimos, que los hijos son jóvenes inexpertos y dependen físicamente y moralmente de los adultos que los rodean. Y es aquí, donde sus autores nos señalan que radica el problema. Afirmando también, que cuando una persona vive en una continua dependencia de otra, es inevitable que salgan a la luz determinados sentimientos. Incluso hostilidades.

¿Existen maneras de minimizar el sentimiento de dependencia de nuestros hijos? ¿Hay algún medio para ayudarles a que se conviertan en seres humanos responsables, capaces de caminar solos por la vida? Si por supuesto que hay maneras, y todos los días se nos ofrecen oportunidades de alentar la autonomía.

Veremos para esto unas 6 tácticas específicas para estimular la autonomía y que ayudarán a nuestro hijo, a apoyarse en si mismo y no depender de los mayores.

En principio estas tácticas parecen muy comunes y tal vez nos parezcan a veces que son puro sentido común, pero no hay nada común en ellas. Se requiere muchas veces de resolución y mucha práctica para hablar a los chicos en unos términos que alimenten su independencia.

1. Dar opciones al niño para que elija.

Puede parecer intrascendente preguntarle a un chico si quiere medio vaso de jugo o un vaso lleno, o si le parece mejor ponerse el pantalón gris o los azules, o si el pan lo quiere muy tostado o poco, Pero para él cada pequeña opción representa una oportunidad de ejercer un control sobre su propia vida. Si nos percatamos de todas las tareas y órdenes que les pedimos todos los días y a todo momento, no nos extrañemos que a veces se resientan y se vuelvan desobedientes.

Si podemos darles a elegir cómo hay que hacer algo, esa alternativa u opción bastará para alcanzar a reducir su negatividad. Veremos entonces, algunas formas de expresión de órdenes cotidianas, y las opciones que les podemos ofrecer en respuesta para cada una de ellas:

Ejemplo: “Deja de dar golpes en la mesa” “Ese ruido, o los golpes en la mesa me irritan”. Opción: ¿Podes dejar de dar golpes y quedarte, o podes seguirlos en tu cuarto. Vos decidís.

Ejemplo: “Debes tomar tus remedios” “Ya veo que no te gustan tus remedios.“ Opción: ¿Te sería mas fácil tomarlos con jugo de manzana o con otro cosa para tomar?

Ejemplo: “Anda a la cama” “Es hora de que los papás podamos hablar y que vos estés en la cama”. Opción: ¿Te vas a dormir ya, o preferís jugar un rato en tu cuarto y llamarnos cuando sea la hora y quieras que te demos el beso de las buenas noches?

Algunos padres son reacios a emplear estas tácticas, u otra forma de sugerencia similar a los ejemplos anteriores, como opciones posibles. Dicen, que una opción forzosa, no es una opción, y que es como acorralar al niño. Es entendible, y tal vez otra alternativa posible, podría consistir en invitarlo a proponer opciones propias que sean aceptables para todos los miembros implicados.

2. Mostrar respeto por la lucha o esfuerzo personal.

Siempre hemos creído, que cuando le decíamos a un niño que algo era fácil, lo estábamos alentando. Ahora nos damos cuenta que al usar frases como: “Proba, es fácil”. No le hacemos ningún favor. Ya que si consigue realizar un trabajo “fácil”, no se concede mucho mérito, ¿cierto? Y si fracasa, se siente incapaz de la cosa más simple o sencilla. Pero en cambio, si le decimos: ” No es nada fácil” o “Puede que te cueste un poco”, el niño se da a si mismo otro tipo de mensajes. Si, lo consigue, sentirá el orgullo de haber cumplido una misión difícil. Y si fracasa, le dará al menos la satisfacción de saber que la tarea era dura o difícil.

Algunos padres consideran una mentira o actuación, decirle a un hijo, “Esto es difícil”. Pero si evaluaran la tarea desde la perspectiva de un chico inexperto, llegarían a comprender que las primeras veces que intentamos algo suele ser realmente duro. La recomendación también es evitar decir: “Debe ser difícil, para ti”. El niño podría pensar: ¿Para mí? ¿Y porqué no para los demás?

Otros padres afirman que es insoportable quedarse plantado contemplando los forcejeos de un hijo sin ofrecerle nada más que solidaridad. Pero en vez de tomar las riendas y hacer el trabajo nosotros, podemos sugerirle alguna información útil, por ejemplo: “A veces resulta práctico hundir bien el extremo del cierre en su punto de encaje antes de tirar hacia arriba” o “A veces resulta practico o útil golpear la tapa con una cuchara ya que un frasco puede ser difícil de abrir”. Es muy útil esta propuesta sobre emplear decir: “A veces resulta práctico…”. Porque sino no resulta o no puede hacerlo, le ahorramos a nuestro hijo el sentimiento de ineptitud.

¿Estas sugerencias significan que no debemos hacer nunca por nuestros hijos lo que pueden hacer ellos mismos? Confiamos en la intuición de cada padre (además de considerar las edades de los niños). Y también de estar atentos para darnos cuenta cuándo un chico está cansado o necesita una atención especial o incluso un poco de mimos. En ciertos momentos reconforta mucho que nos cepillen el pelo o nos pongan las medias, aunque tengamos plena capacidad para arreglarnos solos.

Como padres vamos a poder disfrutar “dándoles una mano” mientras tengamos presente que nuestra meta final es ayudar a los hijos a ocuparse de sus propios asuntos.

3. No hacer demasiadas preguntas.

Los clásicos: ¿Dónde fuiste? Respuesta: “Por ahí” o ¿Qué hiciste? Repuesta:”Nada…”. No son gratuitos. Y otras formas defensivas que utilizan los hijos para eludir las preguntas que no pueden o no desean contestar son: “No lo se” o “Déjame en paz”.

Un exceso de preguntas puede ser una invasión de la vida privada. Por ejemplo: llega a casa un hijo adolescente y la madre lo espera, y al entrar, empieza con el arsenal de preguntas. ¿Lo pasaste bien en la fiesta? ¿A quien viste? ¿La gente iba muy arreglada? ¿Qué comiste? ¿Hubo baile? ¿Y vos bailaste también? ¿Con quién? A veces cuando llegue nuestro hijo adolescente basta decirle tan solo: “Bienvenido a casa”, o “Me alegro de verte”.

Muchas madres comentan o tienen la impresión de que no cumplen bien sus funciones maternas si no hacen preguntas a sus hijos. Y descubren con asombro que en cuanto dejan de bombardear al hijo y se deciden a escucharlo con interés siempre que habla, el hijo empieza a abrirse. ¿Quiere decir que nunca hay que preguntar nada a los hijos? Por supuesto que no. Lo importante es ser sensible a los posibles efectos de nuestras preguntas.

Una pregunta para tener muy en cuenta, y que parece experimentarse como una coacción es por ejemplo: ¿Lo pasaste “muy bien”? Es una pregunta con una exigencia para imponer a un hijo. Porque no sólo tuvo que asistir a la fiesta (al partido, campamento, o baile) sino que estaba “obligado a divertirse”. Si no fue así, tiene que enfrentarse a su propia decepción y además a la de sus padres. Puede sentir también que los defrauda por no disfrutar.

4. No precipitarse dando respuestas.

Cuando nuestros hijos van creciendo nos hacen un sinfín de preguntas. ¿Qué es un asteroide? ¿Por qué no puede mi hermanito volver al lugar de donde vino? ¿Por qué la gente no puede tener todo lo que desea?* ¿Es obligatorio ir a la universidad?

Algunas de estas preguntas ponen en un dilema a los padres que tratan forzosamente de buscar respuestas prontas y apropiadas. Al hacerlo, se someten ellos mismos a una presión absolutamente innecesaria. Generalmente cuando un niño formula una pregunta de este tipo, ya ha meditado sobre la respuesta. Lo que le conviene es un adulto o padre que actúe como una voz para ayudarle a explorar mejor sus pensamientos. Siempre estamos a tiempo de suministrarle más tarde la respuesta exacta, y por supuesto, si todavía le importa al niño. Al dar a nuestros hijos respuestas instantáneas, los perjudicamos. Es como si hiciéramos un ejercicio mental por ellos.

Resulta mucho más constructivo devolverles su propia pregunta para un examen más consciente. Por ejemplo, podemos decir: ¿Vos que opinas? o Piénsalo bien. También podemos repetir su pregunta: ¿Por qué la gente no puede tener todo lo que desea? También se puede alabar al interrogador, diciéndole por ejemplo:”Esta es una cuestión trascendente, algo que los filósofos han especulado o reflexionado durante siglos…”.

Y la recomendación para tener también presente, es que nunca hay que apurarse. El proceso de buscar una respuesta es tan valioso como la respuesta misma.

5. Animar al niño a utilizar fuentes externas.

Una forma de aliviar los sentimientos de dependencia de un chico con respecto a su familia es demostrarle que fuera de casa existe una comunidad más amplia, con excelentes recursos, esperando ser consultada. El mundo no es un ente ajeno. En él se puede encontrar siempre ayuda cuando se necesita. Además del obvio beneficio que aporta a un chico, este principio (de ayuda externa) también lo desliga al padre de tener que ser siempre el que machaca algo o brinde alguna información o sobre algo que debe tenerse en cuenta.

La maestra en el colegio también puede discutir los hábitos de las comida saludables con un niño, el bibliotecario también puede ayudar ala adolescente a abordar un trabajo duro de investigación. El dentista puede esclarecer sobre los daños de no lavarse los dientes, y como estos, existen muchos más ejemplos de colaboración o fuente externa. De algún modo todas estas fuentes externas poseen un mayor peso específico que una enciclopedia “arengas paternas”.

6 No desalentar.

Uno de los placeres de la vida consiste en soñar, fantasear, anticipar, hacer planes. Cuando intentamos preparar a un hijo para la posibilidad de un desengaño, podemos robarle experiencias importantes. Y a veces, de poder soñar o de realizar sus propios sueños.

Por ejemplo: Nuestra hija nos comenta que quiere un papel principal en la obra del colegio. Y decimos:” No quiero que te lleves una desilusión” o “Nunca antes tuviste la experiencia teatral o podrías pedir un papel secundario”. Para dejar que explore y experimente, mejor podemos decirle: Así que, quieres actuar en la función, y ser la protagonista” “Puede ser toda una experiencia”.

Por ejemplo: Un chico dice: “A lo mejor cuando sea grande trabajo de ingeniero” Y el padre le contesta: ¡Con tus notas de matemáticas ya podes olvidarte! Mejor es la opción que pueda decirle y no lo desaliente: “De modo que te estas planteando estudiar ingeniería...”

Hay muchísimas otras formas de fomentar la autonomía de nuestros hijos. La idea es que como padres podamos tener presente y a modo de ayuda, el ejercicio de distinguir entre nuestras expresiones y ante varias situaciones cotidianas, dos cuestiones: ¿Qué puedo decir o hacer para mantener a mi hijo dependiente de mí? ¿Qué podría hacer o decir para fomentar su autonomía?