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Programa: 04/08/2011

JUEGO Y RESILIENCIA

El niño con características resilientes es aquel que a pesar de las situaciones críticas o adversas que esté viviendo o haya vivido, puede jugar y disfrutar del juego.

 

Comenzamos por definir la resiliencia como la capacidad universal de todo ser humano de resistir ante condiciones adversas y recuperarse, desarrollando paulatinamente respuestas orientadas hacia la construcción de un ajuste psicosocial positivo al entorno, a pesar de la existencia simultánea de dolor y conflicto.

Algunas de las características que presentan las personas resilientes son: habilidad, adaptabilidad, baja susceptibilidad, enfrentamiento efectivo, capacidad, resistencia a la destrucción, conductas vitales positivas, temperamento especial y habilidades cognitivas, todas desplegadas frente a las situaciones vitales adversas, estresantes, etc., que le permiten atravesarlas y superarlas.

Esta capacidad de las personas de salir airosas de situaciones adversas no siempre se mantiene a lo largo de los años, una persona puede manifestarse como resiliente en algún momento y frente a otra situación no desarrollar estas características. Esta posibilidad de hacer frente a la adversidad implica distintas habilidades, pero los estudios demostraron que ciertos atributos de la persona tienen una asociación positiva con la posibilidad de ser resiliente. Estos atributos son: el control de las emociones y los impulsos, una alta autoestima, el sentido del humor, la autonomía, la empatía, la capacidad de comprensión y el análisis de situaciones, cierta competencia cognitiva y capacidad de atención y concentración.

La resiliencia también fue reconocida como un aporte a la promoción y el mantenimiento de la salud mental y emocional. Promover aspectos resilientes permite fomentar un desarrollo más saludable, respetando a su vez los ritmos particulares sin exigir una sobreadaptación.

Trabajar en una escuela de manera resiliente implica la aceptación de estilos de aprendizaje variados en los chicos, promoviendo el trabajo grupal y a reflexión crítica en lugar de la repetición sin sentido. Que los chicos participen activamente en la evaluación, en el diseño de tareas y en las reglas de convivencia, permiten que se sientan parte de la comunidad asumiendo un rol más activo y responsable. Por otro lado, adoptar un enfoque resiliente, implica trabajar desde lo que se tiene y no desde la carencia. Así, se reconoce a cada chico como persona única, con sus posibilidades propias, sus fortalezas, a partir de las cuales se pueden ir promoviendo nuevas posibilidades para enfrentar la realidad. Ser resiliente significa crecer hacia algo nuevo. Tanto el humor como la creatividad son indicadores de resiliencia, a la vez que promueven conductas resilientes en las personas.

Todo esto puede relacionarse con las posibilidades que brinda el juego, donde tanto el chico como el adulto logra desenvolver sus aspectos más personales, animándose a desarrollar personajes, estrategias y modos de comunicación que en la vida real no siempre alcanza. En este ámbito, más protegido, que ofrece mayor contención, donde un error es simplemente el comienzo de una nueva posibilidad, el chico está mucho más dispuesto a crear algo nuevo. En el juego, lo que no se puede, se juega; el jugador se anima a emprender, representar, avanzar sobre aquellos puntos temidos y dudosos de su persona. Esto promueve de alguna manera una mejora en la autoestima, ya que, al lograr desarrollar y conocer aspectos novedosos de uno mismos, se amplía el autoconocimiento y las posibilidades de acción, logrando una mayor seguridad.

El juego también promueve una mayor capacidad creativa y de resolución de situaciones. Los desafíos que presentan los juegos y el jugar, implican para el jugador crear nuevas estrategias y modalidades para mantener el juego y a su vez poder jugar con los otros. Frente a estos desafíos, se pone en funcionamiento la capacidad creativa del jugador. Ya sea frente a una jugada inesperada del contrincante, ya sea frente a un estilo de comunicación desconocido de mi par, o ante un personaje que aparece en el juego.

Aunque el desafío sea pequeño, implica para el jugador crear nuevas estrategias, vínculos y alianzas para seguir en juego. En este sentido, la relación con la posibilidad de desarrollar capacidad resiliente es prácticamente directa. En el juego me descubro a mi mismo y desarrollo nuevas formas de vincularme con los demás, de comunicarme, y de resolver situaciones conflictivas.

Por otro lado, el juego está asociado a un sentimiento positivo, un sentimiento de placer. Relacionado con esto estaría el humor, como aspecto que surge dentro del juego. La risa, el humor, la posibilidad de reírse incluso de sus propios errores, son características que se pueden observar frecuentemente en el marco de un clima lúdico. Aquí surge otro punto de enlace entre la resiliencia y el juego.

El juego es por un lado indicador de resiliencia, dado que el juego en los niños con menor capacidad resiliente se ve perturbado, menos creativo. Por el contrario, el niño con características resilientes es aquel, que, a pesar de las situaciones críticas o adversas que esté viviendo o haya vivido, puede jugar y disfrutar del juego. Al mismo tiempo, el juego favorece aspectos resilientes. El juego promueve también un mayor desarrollo cognitivo e intelectual, a partir de la manipulación de los objetos, del ejercicio continuo de determinadas estrategias, la necesidad de elección de posibilidades diferentes. Entonces, puede concluirse que el chico que tuvo mayores posibilidades lúdicas en espacio y tiempo, en variedad de propuestas y en permisos por parte del adulto, que con una mirada comprensiva, habilite y promueva espacios lúdicos, creara mayor variedad de aspectos personales y herramientas para enfrentar las situaciones problemáticas o adversas que se puedan presentar.

Por otro lado, el juego se ejerce en libertad, libertad de elección a partir de la cual cada jugador elige jugar o no, sus compañeros de juego, temas y materiales de juego y el momento de dejar de jugar. Esta práctica de la libertad es un ejercicio que permite sentar las bases para otros ámbitos. Aceptar y sentirse aceptado y respetado por los demás en el juego a partir de sus propias elecciones, promueve el desarrollo de la autoestima y el respeto por uno mismo.