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Programa: 25/08/2011

¿SITUAMOS LA LEALTAD A LAS INSTITUCIONES O A LAS COSAS POR ENCIMA DE LA LEALTAD A NOSOTROS MISMOS?

Personas de conducta tipo A y los 6 grupos que conforman categorías generalizadas de comportamiento de víctima, que se avasallan así mismas y a sus seres queridos de mil formas distintas.

 

En principio decir que las personas son más importantes que las cosas, parece muy obvio. Pero, muy a menudo nos convertimos en víctimas de alto nivel si concedemos a la adquisición de artículos prioridad sobre la existencia humana, particularmente sobre nuestra propia vida.

El libro de Wayne Dyer,” Evite ser utilizado” (el mismo autor de “Tus zonas erróneas”), brinda muchos recursos y métodos prácticos, a veces sorprendentes o con humor, y que ofrece para salir del papel de victimas y librarnos de las manipulaciones y presiones que nos proyectan también los demás.

El autor nos dice que la persona que se consagra a las cosas, acontecimientos y dinero es muy probable que termine desmoralizada. Las personas orientadas hacia las cosas tienen un cúmulo de dificultades en sus relaciones con el prójimo. Hablan con las personas sobre una tarea pero más que hablar con, hablan a, dan órdenes y utilizan a los interlocutores como medio para la adquisición de cosas. Las personas a las que da órdenes se molestan ante las tentativas de otros para convertirlas en esclavos emocionales, de manera que optan por mantenerse distanciadas de las personas orientadas a las cosas, y esas personas se proyectan entonces todavía más hacia las cosas y entonces el ciclo se repite. Por último la persona orientada hacia las cosas se queda con éstas para su consuelo.

Pero las cosas, no proporcionan consuelo, son estériles, objetos que no transmiten afecto. Las cosas no pueden amarse en sentido mutuo, la soledad y la frustración pueden ser en última instancia la recompensa sobre el éxito y la adquisición. El autor propone que pongamos en tela de juicio la idea de que necesitamos cada vez más cosas para mejorar la calidad de nuestra vida. Y que nos hagamos a modo de examen o reflexión si estamos muy orientados hacia las cosas. Lo más importante es que podamos discernir y aprender en seguida a situar los valores donde puedan ser útiles y no donde sirvan para esclavizarnos. Por supuesto recordar que las personas son más importantes que las cosas y también preguntarnos si estamos concediendo una importancia mucho mayor a la consecución de cosas “como idea de gran valor” que a nuestra propia dicha personal.

Veremos las particularidades de algunas personas en un rol de víctimas que ponen la lealtad a las cosas por encima de la lealtad a si mismas. Y haremos una descripción de las personas de conducta tipo A y también grupos que constituyen las más generalizadas categorías de comportamiento de victima.

El autor plantea que las personas que colocan la lealtad a sus empleos y a cosas por encima de la lealtad a si mismas se avasallan típicamente así mismas y avasallan a sus seres queridos de mil formas distintas. La personas de conducta tipo A, son también aquellas que demuestran que gran parte de su comportamiento autodestructivo es consecuencia de sus inclinaciones de victima, llevadas a la práctica al proyectar equívocamente su lealtad sobre las instituciones y al valorar las cosas y el dinero por encima de las personas.

Las personas de conducta tipo A, manifiestan hábitos tales como poner gran énfasis en palabras clave, cuando no necesitan acentuación, también de sentir la imperiosa necesidad de decir la última palabra en las conversaciones y accionar, andar y comer siempre con rapidez. “Son impacientes, apuran o exigen de modo constante a los demás (y así mismos), exigiéndoles a que se den prisa y “acaben de una vez”. Tienen tendencia a irritarse desproporcionadamente ante situaciones como embotellamientos y les resulta extraordinariamente difícil estar en una fila sin saltar de un lado a otro o quejarse en demasía. Son casi incapaces de hacer una sola cosa por vez, como escuchar a alguien sin distraerse haciendo garabatos o excusarse cada dos por tres para llamar por teléfono. Para esas personas es prácticamente imposible atender lo que exponen los demás, sin intercalar sus propios puntos de vista y desviar la conversación para que gire en torno a si mismas.

Otra característica también de las personas de conducta tipo A, es que se sienten culpables en lo que se refiera a relajarse o “no hacer nada”. No pueden contemplar las cosas naturales y disfrutar visualmente de su belleza, porque están constantemente preocupadas. Viven su vida adaptándola a programas y calendarios. Apenas se permiten disponer de tiempo para situaciones imprevistas. Se sienten obligadas a desafiar a otras personas de tipo A, más que a compadecerlas. Y en cuanto a la postura física o gestual, a veces aprietan los puños, emiten risitas nerviosas, tensan los músculos y utilizan gran cantidad de golpes con las manos y enfática conducta no verbal.

Hay numerosos estudios e investigaciones que afirman que estas personas son los primeros candidatos a las enfermedades cardíacas, la hipertensión y otras afecciones físicas. Se ha demostrado también que un índice superior al noventa porciento de los varones por debajo de los sesenta años que sufren ataques cardiacos pertenecen a la variedad del Tipo A. Y gran parte del comportamiento autodestructivo de estas personas, es consecuencia de sus inclinaciones de víctima y que se ve en la práctica cuando proyectan su lealtad sobre instituciones o cosas y dinero, por encima de las personas.

Los 6 grupos que constituyen las más generalizadas categorías de comportamiento de víctima que se avasallan así mismas y a sus seres queridos de mil formas distintas:

1. Esfuerzo intensivo. Esta es la clase de comportamiento sin descanso en la que se refleja en alguna actividad. Es una presión constante sobre uno mismo, desear más y no sentirse nunca satisfecho en ningún momento determinado. La acción afanosa no está necesariamente dirigida hacia un objetivo; se trata de un esfuerzo por el esfuerzo y constituye un empeño asesino, tanto física como mentalmente.

2. Pazos urgentes. Regir la vida de uno sobre la base de un reloj y un calendario y andar siempre aceleradamente ocupado para cumplir en las fechas u horas límite que uno mismo se ha impuesto, y lleva a intensas presiones y nerviosismo cuando el término del plazo se acerca y la tarea aun no se ha completado. También estar constantemente pendiente del reloj, apurarse para atender las citas programadas y gobernar la propia vida según a una “apretada agenda” de trabajo que por supuesto deja a cualquiera sin tiempo para disfrutar de si mismo y de su familia.

3. Competitividad. Intentar ir siempre por delante de los otros lleva a no dirigir nunca la vista hacia el interior de uno mismo, en busca de satisfacción, sino a juzgar el propio valor sobre la base de cómo ha actuado uno en comparación con otras personas.

4. Impaciencia. Aquí, uno exige continuamente a los demás que se den prisa con las cosas, se impone a si mismo normas que uno no puede siempre observar, lo que te lleva a acosarte por no haber cumplido el “trato”. También a sentirse continuamente irritado ante circunstancias como embotellamientos de tránsito, personas que hablan despacio, niños “difíciles de tratar”, vecinos carentes de ambición” y colegas poco eficientes”.

5. Brusquedad en el hablar y en los gestos. Pautas de expresión oral ásperas, entre las que aparecen buenas dosis de “muletillas por ejemplo:” si, si, si”,”de verdad…”, “ya sabes”,.. “o sea… “, y otras formas de hablar atropelladas que demuestran una actitud de precipitación, de meter prisa al interlocutor, que a veces aflora a la superficie mediante gestos que incitan al apuro. Y también un énfasis innecesario para hacerse comprender.

6. Energía excesiva y un extremo compromiso con el trabajo. Es fácil de detectar y es que una persona concede más importancia a las tareas, empleos, plata y cosas que las relaciones con las personas.

A modo de reflexión, es que si reconocemos características de nuestro comportamiento en estos mortíferos seis grupos que definimos recién, es muy probable que nos avasallemos a nosotros mismos, también que perjudiquemos o destruyamos relaciones personales y de ejercer grandes presiones emocionales sobre nosotros mismos. Y lo que sería también grave, para tener en cuenta, es que podemos perjudicar nuestro propio cuerpo.

Para cerrar haremos un ejercicio, el examen de las doce pruebas o preguntas respecto a nuestro comportamiento hacia las instituciones y las cosas. Si respondemos afirmativamente por alguna de estas doce preguntas, es muy probable que figuremos en la categoría de víctimas que han puesto la lealtad a una institución por encima de la lealtad a nosotros mismos y a nuestra satisfacción personal.

1. ¿Se toma usted sus obligaciones laborales más en serio que sus responsabilidades personales o familiares?

2. ¿Le resulta difícil relajarse y apartar de su cerebro las cuestiones relacionadas con el trabajo?

3. ¿Observa que sacrifica su tiempo en aras del lucro monetario o la adquisición de objetos materiales?

4. ¿Dedica su vida a ir en pos de cosas como pensiones o proyectos de jubilación?

5. ¿Concede prioridad al logro de cosas o prestigio, colocando esto por encima del trato gozoso de las personas?

6. Se deja usted aturdir fácilmente por los tramites administrativos y las barreras que levantan los burócratas?

7. ¿Cree que fracasar en una tarea es una terrible catástrofe o que siempre tiene que esforzarse al máximo?

8. ¿Opina que el equipo o la empresa es más importante que el individuo?

9. ¿Le gusta al idea de integrarse en comisiones o participar en ceremonias sin sentido relacionadas al trabajo?

10. ¿Le resulta difícil tomarse unos días libres sin sentirse culpable?

11. ¿Actúa y habla siempre con rapidez?

12. ¿Se manifiesta impaciente con las personas que no hacen las cosas del modo que usted cree que deberían hacerlas?