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Programa: 11/03/2010

La importancia del juego

El juego es la manera que el niño utiliza para comunicarse, para demostrar lo que siente, para practicar roles y ensayar comportamientos.
El juego es lo que le permite al niño tomar riesgos sin miedo al ridículo.

 

El juego y sus alcances

Es el juego y quizás solo en él, el niño y el adulto están en libertad de ser creadores. Y es solo en el juego que se puede usar toda la personalidad y el individuo descubre su persona solo cuando se muestra creador. Son palabras de Donald Winnicott, uno de los psicoanalistas que mas ha estudiado la función de esta conducta en los niños:

Jean Piaget describe tres tipos de juego que pertenecen a diferentes momentos evolutivos de los niños. El primero en aparecer, que corresponde a los primeros dos años de vida es el juego de ejercicio que es la forma primitiva de juego, que no implica ningún simbolismo ni técnica, y consiste en repetir por placer actividades adquiridas con un fin de adaptación. Por ejemplo, el caso de un niño que ha descubierto por azar la posibilidad de balancear un objeto suspendido en el aire (móvil, gym de bebe), reproduce enseguida el resultado con el fin de adaptarse a él y para comprenderlo, lo hace por el placer que le genera sentirse causa del efecto y de afirmar un saber adquirido.

Después de este estadio, entre los 2-3 y los 5-6 años aparece el juego simbólico. Esta es la actividad primordial del niño porque es su ocupación principal y el centro de interés de su vida. El simbolismo lúdico puede llegar a cumplir la función de lo que seria para el adulto el lenguaje interior, pero en lugar de repensar simplemente en un acontecimiento interesante o impresionante, el niño tiene la necesidad de un simbolismo más directo, que le permita volver a vivir ese acontecimiento, en vez de contentarse con una evocación mental. En este sentido en el juego reaparecen sobretodo los conflictos afectivos, sirviendo para la liquidación de los mismos así como también para la compensación de necesidades no satisfechas, inversión de los papeles (obediencia y autoridad), liberación y extensión del yo, etc. Por esto se considera que el juego, especialmente en esta etapa resulta indispensable tanto para el equilibrio afectivo como intelectual del niño.

En tercer lugar aparece el juego reglado que se trasmiten socialmente de niño a niño y aumentan en importancia con el progreso de la vida social del niño. Ejemplo de estos son los juegos de mesa.


Algunas recomendaciones a los padres
Cada vez mas, tomamos conciencia de la influencia que tenemos sobre nuestros hijos, tanto desde lo que hacemos como desde lo que dejamos de hacer. En este sentido queríamos compartir con ustedes algunos aspectos vinculados con el juego de los niños que hemos observado, preocupan a los padres y muchas veces generan cierta desorientación en cuanto a la manera de manejarlos:

•Las diferencias en los intereses y juegos entre un niño y otro dependen de características personales y del estilo de crianza. Las expectativas sociales puestas en la niña y el varón son tan fuertes que muchos padres se preocupan si su niño es demasiado tranquilo y juega alimentando a sus muñecos o si su niña es demasiado inquieta y prefiere los autos y la pelota. Estos juegos son normales en la etapa pre escolar, tanto en varones como en mujeres. Cuando los padres están tan preocupados por estas preferencias que se obsesionan terminan reforzando las elecciones que ellos rechazan e inhibiendo el juego.

•Otro tema preocupante para muchos padres es la agresión, y algunos creer que la manera de evitar que sus hijos sean agresivos es censurarles el uso de juguetes con connotaciones agresivas. Algunos padres incluso se impactan ante expresiones de los niños del tipo “te mato” sin poder distinguir el “como si” del juego se confunden y confunden al niño, al cual no le permiten discernir que una cosa es pensar o decir algo y otra muy distinta es hacerlo. La consecuencia de esto es que a los niños que no se les permite sentir, fantasear o jugar el enojo pueden terminar: actuándolo, esto es produciéndose lo que los padres tratan de evitar; otros lo reprimen a costa del empobrecimiento y la rigidez y otros lo canalizan a través de distintas manifestaciones somáticas. De todos modos es importante diferenciar el enojo de la conducta violenta, el enojo necesita expresarse, la conducta violenta necesita un límite. Un revolver de juguete permite la expresión de bronca, pero un rifle de aire comprimido estimula la violencia.

•Los estímulos son buenos pero hay que dosificarlos para que los chicos puedan jugar a lo que ellos quieran. Para esto no se requiere grandes espacios ni juguetes costosos. Es aconsejable apelar a juguetes llamados blandos, como por ejemplo un palo de escoba que puede ser un caballo ya que permite al niño colocar en él su fantasía e imaginación.