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Programa: 23/06/2011

EL PASO OLVIDADO QUE VA DE LA ADOLESCENCIA A LA MADUREZ…

¿Qué recursos tenemos los padres para ayudar a un hijo varón para dar ese paso?

 

Seguramente, nos cruzamos y más de una vez con hombres de cincuenta o cuarenta y pico que se han olvidado de crecer. Lo cierto que hay muchos chicos que no se han formado lo suficiente después del la secundaria…

La mayor parte de los hombres reflejan en su paso a la madurez la figura de otro hombre, ya sea la del padre, la de un profesor, la de un abuelo o de un entrenador, y que de algún modo alguno conformó la imagen de lo que consideraban la autentica virilidad. Algunos de estos hombres mayores constituyeron una especie de desafío, les sirvieron de estímulo o simplemente se convirtieron en un modelo a seguir. Pero lo cierto que un chico que está dejando atrás su adolescencia tiene que tener presente su propia imagen futura; y que lo más saludable y oportuno es abandonar esa etapa de adolescencia y confiar en lo que deberá hacer si quiere madurar y convertirse en un auténtico hombre.

Los padres a veces solemos concentrarnos en los deseos de los hijos, ya se trate de una fiesta con los amigos, de la compra de un auto, de un par de esquís, de una excursión o viaje, o de que quiera abandonar los estudios o ponerse a trabajar. La lista por supuesto puede extenderse indefinidamente, y también pasa esto, porque creemos que complaciendo los deseos de nuestros hijos les ayudamos a que sean más felices. Y aunque en el fondo o mediante una reflexión, podemos llegar a pensar que tal vez esto no sea lo mejor seguimos haciéndolo; y la verdad es que no tendríamos que hacerlo.

Cuando se trata de cosas materiales, nuestros hijos no necesitan que les compremos más para complacerlos o para que sean felices en esta etapa, y tenemos que saber o tener más presente, que no podemos complacerlos proporcionándoles más cosas, porque no es precisamente eso lo que ellos buscan. Lo que en realidad buscan es tener unos padres que sepan marcarles u orientarles su camino y que les enseñen las cualidades y virtudes de la auténtica madurez y del autocontrol.

Perseverancia y tenacidad; “Los hombres siguen adelante…”. Perseverar, es uno de los tantos recursos para tener presente con nuestro hijo varón para que de ese salto de la adolescencia a la madurez

El sello, tal vez más característico de una transición acertada de la adolescencia a la madurez, sea la perseverancia. Los chicos se cansan pronto y sabemos que muchas veces quieren dejar las cosas. Los adultos también sentimos ese cansancio, pero nos tomamos un tiempo de descanso y seguimos adelante. Una de las características más importantes del carácter viril es la tenacidad. Y es centrar la voluntad en esa determinada dirección que se sabe es la adecuada.

Los chicos no logran hacer esto (perseverancia y tenacidad) por muchas razones:

Primero: carecen de los recursos mentales y emocionales para centrarse en un objetivo durante un tiempo prolongado. Los adolescentes (recordemos que hablamos del adolecente varón) se cansan con facilidad, cambian de opinión y están demasiado ocupados en descubrir otras cosas para centrarse en un solo punto.

Segundo: a un chico no le atrae la idea de conseguir beneficios o gratificaciones a largo plazo. No puede hacerse la idea de que ahorrar por ejemplo: 10 pesos a la semana significa que después de 10 años tendrá cinco mil. Su incapacidad para prever las consecuencias futuras no le incentiva para seguir ahorrando.

A los trece años a un chico lo único que le importa es el día de hoy y tal vez el de mañana. No le interesa pensar de otra manera, porque su cerebro funciona de ese modo (y tal vez somos los padres los que debemos preocuparnos por ese ahorro semanal).

Para vivir con tenacidad, está claro que se requiere de una motivación. Los chicos solamente se sienten motivados si los beneficios que pueden obtener son inmediatos. Y modificar el sentido de la perseverancia es algo que los padres pueden hacer cuando los chicos son pequeños y se portan bien; pero es necesario ir cambiando esa actitud a medida que los hijos crecen. Un chico de diez años puede ahorrar cierto dinero durante un mes, por ejemplo para comprarse una pelota que tanto le gusta. Un adolescente de 16 años es capaz de prolongar ese ahorro durante tres o cuatro meses si quiere comprarse ese equipo de buceo que vio y que le gusta. La tenacidad también requiere una profunda convicción. A los chicos les gustan ciertas cosas y creen en ellas, pero son muy influenciables, por lo que esas creencias y esos gustos pueden sufrir modificaciones.

Otro distintivo de la madurez es que el hombre sabe lo que cree y por que lo cree. Por esto es capaz de actuar según sus creencias aún cuando esté en desacuerdo con otras personas. Y de este modo se mantiene firme en ellas porque las considera inquebrantables.

Hay un poema de Kipling titulado; “Si”, que resume un poco en versos o principios este pasaje a la madurez. Y el autor, asegura que si se cumplen estos principios, el chico adolescente se habrá convertido en un auténtico hombre.

“Si eres capaz de mantener firme tu cabeza cuando los demás pierden la suya y te culpan.
Si puedes confiar en ti mismo cuando los demás dudan de ti.
E incluso buscan disculpas para sus dudas.
Si puedes esperar sin cansarte por la espera
O soportar las mentiras sin caer en ellas
O ser odiado sin dejarte llevar por el odio…”


Los compañeros o amigos de nuestro hijo no pueden enseñarle tenacidad porque se encuentran en la misma situación que él. Pero nosotros si podemos realizar esta tarea. Padre o madre, podemos enseñar lo que está bien, y también a seguir por la senda correcta y a mantenerse en ese camino.

Podemos darle a nuestro hijo pequeñas tareas para que pueda realizarlas y seguir adelante.

• Si, por ejemplo, empieza un curso o taller de seis semanas de trompeta, de batería, o algún otro instrumento musical, y a la segunda semana ya detesta el instrumento, entonces no le permitamos que lo abandone.

• Si se ha comprometido a trabajar diez o quince horas semanales en un puesto de helado (repartir revistas o promociones) al salir del colegio, y al cabo de unos días dice que no soporta a su jefe, asegurémonos entonces de que sigue yendo a su trabajo.

A pesar de ser conscientes y entusiastas, muchos padres impiden frecuentemente que sus hijos se hagan seres adultos permitiéndoles que no respeten sus compromisos. Si un hijo empieza algo con mucho interés y, de repente y de forma impulsiva, decide que detesta ese trabajo y quiere dejarlo, obliguémosle a que al menos aguante algunas semanas antes de abandonarlo. Si la decisión se mantiene, entonces habrá que pensar seriamente acerca de esto. Nunca se debe dejar algo o terminarlo demasiado a la ligera.

Hemos tratado muchas veces sobre cómo ayudar a un hijo a lidiar con sus propios problemas como también a que aprenda a ser responsable de sus actos. La libertad también forma parte de la madurez. Y es también lo que un adulto tiene que enseñar a un adolescente.

Todo chico merece tener la libertad que le permita disfrutar de su estado como ser adulto, pero necesita que los padres le ayuden a conseguirla. Durante sus años de adolescente podemos ayudarlo a que se haga preguntas sobre si mismo, en lugar de hacerlas sobre los demás. Intentemos también de no favorecer su propensión al egocentrismo y la irresponsabilidad con las argumentaciones que él pueda ingeniarse. Ya que si sostenemos este modo, lo único que podemos tal vez conseguir es perpetuar la forma inmadura de pensar de nuestro hijo.

Y aquel chico que carezca de un padre que sepa instruirlo en el camino de la responsabilidad, necesitará de un profesor, de un padrastro (o padrino), de un tío, o de un entrenador, que esté a su lado para dar ese gran salto que va de la adolescencia a la madurez. Y lo más seguro es que un varón recibirá ese empujón mucho mejor si procede de un hombre que si viene de una mujer. Confía más en el hombre porque ya hizo lo que él a su vez, tendrá que hacer (ese paso).

El gran error que se comete muchas veces con los adolescentes, es que nos olvidamos de quién tiene que “abandonar” ese estado. Millones de chicos crecen de cuerpo, pero son pocos los que realmente se convierten en auténticos hombres. Ningún varón adolescente quiere permanecer ene ese estado trivial y despreocupado de una eterna adolescencia; pero es necesario de que haya alguien que sepa encaminarlos. Desean ansiosamente ser hombres, pero es fundamental que sepan responder a ese deseo. Y es posible que el adolescente quiera responder a ese reto que se le presenta, pero no sepa cómo hacerlo.

Entonces para lograrlo y como sugerencia, ayudémoslo. Seamos nosotros mismos ese desafío que él necesita. Presionémoslo para que realice ese proceso, con mayor inteligencia y madurez. Y como sucede con cualquier otro proceso, puede resultar penoso para un padre y también para él, pero la vida de un hijo también depende de esto.

A modo de mensaje para los modelos masculinos: A un entrenador: ayudar a sus jugadores. Si se trata de un familiar: convertirse en un compañero. A un padre: entregarse plenamente a un hijo.

Todos los varones adolescentes necesitan de un verdadero hombre para llegar a convertirse también en uno de ellos.