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Programa: 15/09/2011

¿Cómo atravesar con éxito la crisis de la mitad de la vida?

Las crisis vitales son períodos de transición caracterizados por trastornos en las áreas intelectual y afectiva. Se han estudiado dos clases: accidentales y evolutivas.

 

Crisis Vitales

Lic. Sara Piedrabuena del Centro Privado de Psicoterapia hace una descripción de las crisis vitales diferenciando aquellas evolutivas de las accidentales.

Independientemente de la individualidad de cada ser humano, dice la autora, hay un común denominador para todos: el tener que pasar por momentos o períodos en los que surgen nuevas exigencias, inherentes al desarrollo y a la maduración. Las nuevas situaciones de la vida, imposibilitan que mecanismos conocidos hasta ese momento continúen siendo válidos. Es decir, de una situación que podríamos llamar A, se pasa a la situación B, sin poder volver atrás: esto genera una crisis y la necesidad de instrumentar nuevas acciones.

Las crisis vitales son períodos de transición caracterizados por trastornos en las áreas intelectual y afectiva. Se han estudiado dos clases:

- Crisis evolutivas

Son aquellas relacionadas con el desarrollo de la personalidad: el paso de la infancia a la adolescencia, de allí a la adultez, la paternidad, la crisis de edad media de la vida, etc.

- Crisis accidentales

Son precipitadas por situaciones azarosas que suponen una pérdida repentina, o una amenaza de pérdida de algo o alguien considerado como seguro y valioso. Son ejemplos de esto la muerte de una persona amada, la pérdida o el cambio de empleo, alguna amenaza a la integridad corporal por enfermedad, accidente o intervención quirúrgica, etc.

Se trata generalmente de momentos de alteración psicológica aguda, con una duración aproximada de una a cuatro o cinco semanas; alteración que, más que un signo de trastorno mental, parece resultar de la lucha por lograr ajuste y adaptación frente a un problema temporalmente insoluble. Las dificultades se presentan por tratarse de situaciones nuevas que no se pueden manejar rápidamente con los mecanismos de superación y defensa que ya tenemos. Como consecuencia, los cambios requeridos pueden llevar a una salud y madurez mayores, en cuyo caso, la crisis habrá sido una oportunidad positiva. Si por el contrario, conducen a una reducción de la capacidad para enfrentar efectivamente los problemas de la vida, la crisis ha sido un episodio perjudicial.

Aquellas personas que logran dominar una experiencia penosa, resultan a menudo fortalecidas y más capacitadas para encarar en el futuro, no sólo la misma situación; sino también otras dificultades.

Poder ponerle nombre y apellido a situaciones difusas y angustiosas o depresivas, alivia a las personas, que, al estar prevenidas, están más preparadas para lo que puede ocurrir. Para esto es importante poder brindarles la posibilidad de extender su repertorio de soluciones eficaces para resolver las dificultades, de manera que no se transformen en problemas de los que resulta mucho más complicado salir. Porque en estas crisis las personas pueden necesitar un pequeño apuntalamiento que les permita reencontrar su propia forma de salir enriquecidos de un momento difícil.

La crisis de la mitad de la vida

Esta crisis se presenta alrededor de los 40 años y los expertos coinciden que en la mayoría de los casos la persona realiza una regresión y pretende volver a la adolescencia.

El Lic. Guillermo Julio Montero, autor de "La travesía de la mitad de la vida", explica las características de esta etapa vital: "La crisis de la mitad de la vida implica el pasaje, el tránsito desde la juventud hacia la madurez. Por esto, ineludiblemente la crisis lleva también a un replanteo acerca de la identidad individual, y sería a la vez una crisis de identidad: entre la identidad joven y la identidad madura, mediada por esta crisis de la edad adulta".

Montero, apunta cómo el contexto familiar de la persona a veces favorece a la crisis. "Quien es padre deja progresivamente de proteger y los hijos comienzan a desafiarlo. Entonces, la persona en crisis, mira hacia atrás y ve que su adolescencia se fue hace muchos años y trata de evaluar los años que pasaron; pero a la vez mantiene un ojo atento al futuro, porque ese futuro ya no vive como ilimitado, es algo que ya existe, algo que tiene un punto de llegada".

En la crisis se experimenta como el futuro ya llegó y se ha perdido aquella sensación de juventud en la que todo era posible. "Durante la crisis la persona siente que ya no tendrá el tiempo para realizar todo lo que pretende, a veces sentirá que el tiempo no le alcanzará para nada. Esto podría definirse también como la sensación de vivir con límites en oposición a ese tiempo joven que era “vivenciado” como ilimitado. Ese tiempo joven quedará, entonces, delegado en los hijos para que el sujeto pueda seguir evolucionando", explica el autor de "La travesía de la mitad de la vida".

En este contexto de desesperación por la vuelta a un pasado que no es, los sentimientos que suelen embargar a las personas son el miedo y el abandono. Las características de la crisis de la mitad de la vida pueden sintetizarse en el temor a la muerte, miedo a las enfermedades y miedo a la vejez. Asimismo, esta crisis aumenta el número de ansiedades de abandono del sujeto: el sujeto se siente abandonado por su destino, por la vida, por sus padres, etc. Se siente solo frente una realidad que no sabe cómo abordar".

Además, se suma el componente social y cultual. La sociedad actual realiza un culto excesivo de la juventud y el mercado ofrece infinidad de mecanismos funcionales a quien padece la crisis de la mitad de la vida. Cirugías estéticas, tratamientos rejuvenecedores, terapias físicas o productos cosméticos que prometen convertir al adulto en un adolescente. La industria ha sabido convertir en un muy buen negocio la obsesión por la eterna adolescencia.

La clave para atravesar con éxito esta etapa y no sucumbir en el intento, no es más que tener paciencia y llevar con alegría y dignidad el paso del tiempo. "Tomar conciencia de que ya no existe todo el tiempo por delante es el mejor motor para una vida saludable. Hay que vérselas con el espejo,que nos devuelve una imagen diferente de la esperada. Aprender a adecuar la sensación de potencia física e intelectual con las variaciones que registra el aspecto físico, valorizar nuestra nueva imagen como de alguien maduro y renunciar a la imagen idealizada de nuestra juventud", recomienda el Lic. Montero.