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Programa: 29/09/2011

LA RUTINA Y LA SATURACION EN LA PAREJA

En el equilibrio entre lo que conviene preservar y lo que conviene innovar se encuentra el punto exacto que permite la convivencia armónica de larga duración.

 

Vivir en pareja es tal vez la categoría más compleja de convivencia, ya que deben sumarse todos los problemas que surgen de un proyecto de vida compartido que supone asumir determinados deberes y compromisos. De esta manera todas las personas que aspiren a convivir en pareja durante largo tiempo deben estar dispuestas a superar una serie de dificultades de relación que son características de esta peculiar forma de vincularnos a la que denominamos convivencia amorosa.

Antonio Bolinches en su libro, “el amor al segundo intento”, dice que tan especial y complicada es esta convivencia, que para enumerar todos los problemas que deben afrontar las partes debería confeccionar una lista tan larga como suele serlo la lista de invitados a un casamiento, pero en este caso su función no es la de celebrar la unión de cada uno, sino la de conseguir que poco a poco se vayan desuniendo.

Hoy de esta “lista “de problemas que la pareja podría afrontar durante su convivencia, hablaremos de la rutina y de la saturación

La Rutina

Desde el punto de vista de la dinámica que la genera podemos considerar que la rutina se instala en la pareja por un proceso inverso al de la incomunicación. Y haciendo más simple la secuencia de hechos, podría decirse que la incomunicación se produce porque pasa algo que rompe o deteriora la comunicación preexistente. En cambio la rutina se produce precisamente porque no pasa algo que le de emoción a la vida de la pareja. Eso no quiere decir que, para alimentar el vínculo, las parejas deban dedicar los fines de semana a practicar deportes de riesgo, conviene tener presente que quien no encuentra la manera de introducir novedades o motivaciones a su estilo de vida incurre en un grave riesgo de caer en la rutina.

La pareja para mantenerse cohesionada, necesita variación de estímulos. En eso consiste el arte de convivir: en mantener la estabilidad sin caer en la rutina.

Como postula Bolinches, la pareja necesita pautas que le otorguen estabilidad, pero también debe alimentarse de novedades que eviten la rutina En el equilibrio entre lo que conviene preservar y lo que conviene innovar se encuentra el punto exacto que permite la convivencia armónica de larga duración.

“No hay perdurabilidad si no se mantiene la buena convivencia y para esto es imprescindible tener claro que para las parejas que siempre hacen lo mismo, a la misma hora y de la misma manera, llega un momento en que ya no tiene ganas de hacer nada, porque el exceso de previsibilidad del resultado de la acción, deja de incentiva la ilusión por su ejecución. Esto es aplicable tanto a la rutina de convivencia como a la rutina sexual, además ambas suelen reforzarse mutuamente, porque es difícil ser creativo en un ámbito mientras se mantiene la rutina en el otro”. Por eso es tan necesario que el principio de variación de estímulos incluya todas las esferas de la vida en pareja.

El gran problema de la rutina aporta Bolinches, es que se considera que es una consecuencia natural de la estabilidad y suele como trivializarse su efecto, lo cual le permite actuar de forma imperceptible hasta que consigue desactivar por completo cualquier iniciativa que pueda incentivar el proyecto común. Cuando eso pasa, la pareja queda en un estado de atonía difícilmente reversible, porque la falta de ilusión por hacer cosas juntos conduce ala falta de ilusión por estar juntos y entonces la rutina alcanza un estadio superior al que llamamos aburrimiento.

Primero se empieza por decir, “ya estamos bien sin hacer nada”, luego se pasa al “no tengo ganas de hacer nada” y al final aparece el “no tenemos nada que hacer”.

Cuando se alcanza esta tercera fase, la pareja entra en una zona peligrosa, porque esa falta de ilusión por una acción común conduce, con frecuencia, a la búsqueda de estímulos externos que actúan en contra de su estabilidad. Quien se aburre no desea la compañía de quien comparte su aburrimiento, y cuando esa presencia no deseada se transforma en permanente llega a resultar tan incómoda que en casos extremos puede provocar incluso aversión física. Muchas parejas van por el camino de un aburrimiento que las conduce al distanciamiento, y sobre esta fea o funesta sensación es recomendable siempre hacer una reflexión.

Lo primero que conviene hacer, es precisar el concepto en si mismo y el diccionario (de la Real Academia Española) es suficientemente expresivo ya que lo define muy bien ¿Lo vemos?

Aburrimiento: cansancio, fastidio, tedio, originados generalmente por disgustos o molestias o por no contar con algo que distraiga y divierta.


La propia definición, entonces, indica que se produce por falta de distracciones y diversiones, y este el mensaje que nos conviene resaltar desde un punto de vista psicológico.

Si queremos evitar el aburrimiento en la pareja, propone Bolinches, entonces evitemos la rutina, y si queremos evitar la rutina es recomendable entonces hacer alguna cosa por separado y procurar hacer cosas distintas estando juntos, ya que aprender a combinar adecuadamente el tiempo común con el tiempo privado, además de ser una buena forma de enriquecer la relación, es útil también para evitar que surja otro problema relacional, que es la saturación.

La Saturación

La saturación se asocia generalmente a la alimentación y suele definirse como la sensación de saciedad que siente una persona que ingiere más cantidad de comida de la que su organismo necesita. Llevando esa sensación al ámbito de la pareja, podemos considerar que la saturación es la consecuencia de aguantar cosas que no queremos durante más tiempo del que podemos.

Sabemos que las mismas cosas no afectan por igual a todas las personas, entonces podemos suponer que en la saturación intervienen, además, otros factores diferentes a la cantidad y a la cualidad de las cosas que se aguantan, lo cual para poder explicarla se hace necesario incluir el concepto de umbral, entendiendo por tal el punto a partir del cual se inicia la reacción a un determinado estímulo.

Entonces, como lo expone Bolinches, la saturación relacional depende de la conjunción suficiente de tres variables

1. La cantidad de cosas que se aguantan
2. La naturaleza de las cosas aguantadas
3. El umbral de saturación de cada persona.

De acuerdo con estas tres variables, y en función de la interacción que se produce entre ellas, llega un momento que como consecuencia de la acumulación de cosas aguantadas y la gravedad subjetiva que se le da a esas cosas, la persona alcanza un punto crítico a partir del cual se agota su capacidad de resistencia.


Por lo tanto, en la saturación influyen factores cuantitativos, factores cualitativos y factores subjetivos relacionados con la fortaleza psicológica y la escala de valores de quien las aguanta. Por eso el umbral puede variar enormemente de una persona a otra en función de su nivel de madurez, ya que la persona madura es capaz de soportar durante más tiempo mayor cantidad de cosa y de mayor gravedad. Lo cual, siendo teóricamente bueno para ella porque supone mayor capacidad de resistencia a la frustración, puede perjudicarla en la práctica, porque su propia madurez la lleva a aceptar situaciones que las personas inmaduras y neuróticas rechazarían.

Por esta razón, en las relaciones, entre el perfil maduro y el de otras variantes de carácter, es más frecuente que sea el maduro quien alcance antes el nivel de saturación, porque tarde o temprano se cansa de aguantar, mientras que difícilmente los otros perfiles se cansan de ser aguantados.

Igualmente y por suerte, dice Bolinches, las relaciones asimétricas con personas maduras suelen facilitar la evolución de quien las disfruta, y no es infrecuente que en esos casos la pareja pueda alcanzar un clima de relación próspero y constructivo en el que la saturación no tenga cabida. Al menos en su aspecto relacional, porque hay otra variante, igualmente nociva que no se produce porque las personas se cansen de aguantar cosas malas, sino porque se cansan de practicar cosas buenas. Esto puede tener que ver con la saturación del placer, y que veremos en otra oportunidad.