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Programa: 01/12/2011

ENSEÑAR A LOS HIJOS A TOLERAR LA FRUSTACION

Una lección importante que deben aprender todos los chicos, es lo muy poco que se puede hacer o aprender sin un cierto grado de frustración inicial.

 

Los padres muchas veces subestiman lo que sus hijos son capaces de hacer porque no quieren verlos frustrados. Pero en realidad, es muy poco lo que se puede hacer sin cierto grado de frustración inicial, y esto es una lección importante que debe aprender todos los chicos.

Intentar explicarle a nuestro hijo o hija que “debe ser paciente” no es la respuesta. La paciencia es un concepto abstracto que no significa nada para los niños pequeños. Los chicos aprenden la paciencia cuando la observan en nosotros y cuando les mostramos cómo podemos resolver un problema descomponiéndolo en pequeños pasos.
Ante ciertas situaciones, lo importante es ir logrando que nuestro hijo se relaje, y es lo mismo que muchas veces nosotros tratamos de hacer ante determinadas situaciones para bajar los niveles de ansiedad. Hemos brindado varios recursos y opciones para de tener a mano y que sirven para bajar el nivel de ansiedad, y la relajación es una de las fundamentales.

Un ejemplo útil para ver cómo ayudar a un hijo a bajar los niveles de ansiedad frente a la frustración es uno que nos brinda Shapiro en su libro, “La salud emocional de los niños”, y es sobre un niño en su hora de clase, y que estaba frustrado por no poder encontrar la pieza del rompecabezas que estaba buscando para un determinado lugar. Este niño pequeño, estaba jugando con un rompecabezas de madera que ilustraba un camión volcador y que consistía en diez piezas de gran tamaño. Ansioso, agarraba una y otra pieza entre las cuatro que le quedaban sin conseguir dar con la indicada. El niño cuando se daba cuenta de que una pieza no encajaba, agarraba impacientemente una nueva pieza.

¿Qué hizo la maestra? Con una voz muy suave, le dijo: “Intenta probar con una pieza cada vez”. Agarrando una por una las piezas que quedaban, le enseñó con mucha calma cómo tenía que hacerlo, y le iba diciendo:”vamos a probar ésta, ahora ésta”. De este modo le mostró el ritmo de trabajo paciente y cuando el niño intentó colocar otra pieza, imitó la forma en que lo había hecho su maestra. Entonces el chiquito logró relajarse y descubrir metódicamente cuál era el lugar correcto para cada una de las piezas que faltaba en el rompecabezas.
A través de esta manera calma con la que la maestra ayudó al niño, es la misma que como padres podemos también validar como recurso muy simple de tener presente con nuestro hijo para ayudarlo a tolerar la frustración.