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Programa: 19/01/2012

LOS CUENTOS INFANTILES Y SU IMPORTANCIA EN LA VIDA DE LOS NIÑOS

Los cuentos anticipan las etapas de la vida, con los problemas que en la vida se pueden presentar y la manera de superarlos.

 


La estructura mental de los niños todavía no cuenta con el poder de abstracción, por esto es que no razonan de la misma manera que lo hacemos los adultos. El niño está descubriendo el mundo, un mundo nuevo y totalmente desconocido e intenta ordenar los estímulos que le llegan de afuera, construyendo un mapa de significados permanentes. El chico necesita este mapa, porque a través de él es capaz de atribuir un significado a los datos sensoriales. La larga etapa del porque es una fase de este recorrido.

Los cuentos hablan siempre del porqué; hacen referencia siempre al significado de lo que ocurre.

En los cuentos, las plantas y los animales hablan; el rey del mar es un señor barbudo que vive bajo el agua; y el sol es un dios guerrero que cabalga sobre el cielo; la Luna es una señora blanca cubierta de perlas, y paradójicamente, el niño no pregunta nunca el porqué.

Y por qué pasa esto. Porque este mundo encantado es un entorno en donde el niño vive normalmente, ese mismo mundo regido por la magia primitiva que todos conocemos. Se trata de un universo donde todo está animado: los objetos hablan, igual que los animales y las plantas, y todo pasa siguiendo una lógica en función de un fin. Es un mundo de batallas, de victorias y de derrotas dramáticas.

La costumbre de resolver problemas:

Los cuentos presentan siempre un problema. En los cuentos, por definición, todo termina bien, pero no todo va siempre bien. De hecho, es normal que los cuentos presenten una situación más o menos feliz, que pasa, después de una rápida introducción, a un drama en el que se encuentra inmerso el protagonista. Cada cuento va sacando al niño de la mano de situaciones horribles. Ahí es donde se encuentra el valor de los cuentos, en su capacidad para presentar, en términos imaginarios, y por eso fácilmente comprensible para el niño, una situación dramática, con un conflicto grave, posiblemente trágico, y de mostrarle el camino de salida. El cuento presenta el problema y la solución del problema, y todo esto en el único lenguaje accesible para un niño, que es el lenguaje de la fantasía.

Por una parte, los cuentos están llenos de niños; niños que fueron abandonados en el bosque, niños maltratados por madrastras crueles, niños sin amor, niños no deseados, perdidos, etc. Los niños de los cuentos desobedecen siempre las prohibiciones: abren todas las puertas que deberían estar cerradas, abandonan todos los caminos que deberían seguir y van siempre a donde no deberían ir. Los cuentos le hablan al niño de problemas a los que él se enfrenta cada día, el abandono, el desamor, la soledad, la desobediencia y el miedo. Y en los cuentos, los niños siempre vencen. Logran triunfar frente a padres crueles, contra brujas malas, contra personajes amenazantes mucho más poderosos que ellos: los cuentos son para ellos la voz de la esperanza.

Además en los cuentos también aparecen jóvenes, adultos y ancianos. A través de las vivencias de los protagonistas, los cuentos anticipan las etapas de la vida, con los problemas que en la vida se pueden presentar y la manera de superarlos. En este sentido, son un curso completo de preparación para el mundo.

Es muy común que a los niños les guste especialmente un cuento en concreto en un determinado momento y solo quieran escuchar ese y ningún otro; lo escuchan, piden que se los contemos de nuevo y no se cansan nunca de escucharlo, y los demás no les interesan. En ese momento, ese es su cuento, el que les habla de los problemas que les preocupan en ese periodo de su vida.

La importancia de la voz de la madre:

Existe otro elemento que no debemos subestimar y es el de la presencia física de la madre (o de la persona que se esté ocupando del niño en ese momento). Los padres muchas veces estamos ausentes físicamente e incluso mentalmente; podemos estar ahí, pero nuestra cabeza está en otra parte, tenemos nuestras preocupaciones y otras cosas que hacer. El momento de jugar con ellos o el del cuento, es el momento mágico en el que el adulto está ahí mismo, totalmente a disposición del niño. Es verdad que el niño conoce de sobra ese cuento en particular, pero su madre está allí, con su voz y sus gestos. El niño la puede observar y absorber todos sus detalles. Sin subestimar la importancia del cuento en sí mismo, incluso si la madre leyera las páginas amarillas, su presencia y su total disponibilidad, sería suficiente para dar seguridad, tranquilizar y adormecer al niño, siempre que no existan interferencias alrededor.

La costumbre de contar cuentos a los chicos, lamentablemente, se está perdiendo, reemplazándose por la trasmisión de una información técnica, racional y realista. De esta manera nos olvidamos que el niño no es un adulto en miniatura, que la realidad en la que vive es una realidad simbólica y que las únicas explicaciones que tienen sentido para él son las explicaciones con imágenes. Abandonar la narración de cuentos significa dejar de lado la mejor vía de acceso a ese mundo fantástico en el que el chico está inmerso, significa privarlos de un apoyo indispensable para afrontar y resolver sus propias angustias.

¿Qué cuentos contar a un niño?:

Los cuentos tradicionales siempre funcionan ¿Por qué?

Porque los cuentos clásicos, aquellos que perduran a lo largo del tiempo, están basados en una problemática general que afecta a toda la humanidad. Lo que los caracteriza es su desarrollo en tres fases: inicio, crisis y solución. Su valor educativo como presentación de las soluciones a los problemas, se encuentra en esta evolución. Los cuentos empiezan con la descripción de una situación concreta que, frecuentemente ya implica los factores de la crisis que al cabo de poco tiempo se manifestarán plenamente.

La situación inicial sirve un poco para presentar a los personajes, sus relaciones y sus posibles problemas. En la segunda fase se dibuja plenamente, y de una manera frecuentemente dramática, el problema que formará el verdadero núcleo del cuento. Aparece claramente, quién es el protagonista, y cuál es el problema que tiene que superar. Hansel y Gretel se perdieron en el bosque con una bruja que los quiere meter en una olla, la Cenicienta se encuentra encerrada en la cocina mientras se celebra el baile Real; Blancanieves sola en el bosque o envenenada y Caperucita Roja dentro de la panza del lobo junto con su abuelita.

La tercera fase nos lleva al final:”…y vivieron felices y contentos”, resolviendo todos los problemas, superando todos los obstáculos, derrotando a todos los enemigos. Es acá donde se encuentra el mensaje positivo del cuento: los problemas existen pero se pueden superar. A veces la solución sale del mismo protagonista, de su astucia, de su valor pero la mayoría de las veces recibe ayuda de un aliado.

El enemigo y el aliado son personajes imprescindibles: el enemigo crea obstáculos y dificultades al protagonista y el aliado lo ayuda, mientras que a uno lo mueven los “sentimientos malos” como los celos, la envidia, la avaricia, al otro lo mueven los “buenos sentimientos”, la compasión, la generosidad o la gratitud.

Es importante también desmitificar la creencia de que a los niños no hay que contarle cuentos de ogros o de brujas porque se asustan. Los chicos tienen sus propios miedos ellos solos: los cuentos dan la vuelta a esos miedos y enseñan el camino para superarlos. Por eso es fundamental que tengan un final feliz.

En los cuentos se distinguen claramente, el bien, el mal, el bueno del malo. Los personajes no son ambiguos: el héroe nunca tiene miedo y el malo nunca tienen piedad. Esto se adecúa perfectamente a las necesidades del niño. ¿Por qué? Porque al encontrarse en una situación de dependencia total respecto de sus padres para su supervivencia, y ellos como personas reales, sí son un poco buenos y un poco malos, y esto aparece con claridad en su percepción más inmediata. Pero la idea de depender de alguien que puede ser malo al mismo tiempo es simplemente inaceptable. De esta manera el niño separa las imágenes: la madre buena y la madre mala, el hada y la bruja.
Los personajes malos de los cuentos sirven como catalizadores e intérpretes de las inclinaciones negativas, que de esta manera no se suprimen ni se niegan, sino que son simplemente vencidas por las fuerzas positivas de los personajes buenos.

El mal es necesario en los cuentos, existe siempre como parte imprescindible del desarrollo narrativo, solo que al final, y tras mil esfuerzos y peripecias, el mal resulta vencido por el bien y vivieron felices contentos. Este es el verdadero mensaje tranquilizador del cuento.