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Programa: 22/12/2011

EL ALTRUISMO COMO VALOR EN LOS CHICOS

La importancia de enseñar a nuestros hijos valores y conductas que los reflejen.

 

Hemos comentado en otras oportunidades sobre la importancia de enseñar a nuestros hijos en edad escolar diferentes valores, y de poder hacer las cosas de la forma correcta. También, sobre el valor de la cooperación, la capacidad de resolver problemas sociales, y de compartir como padres nuestras reacciones morales y permitir a nuestro hijo compartir las suyas.

Los chicos entre los 6 y 7 años comienzan a pensar de forma consiente sobre sus valores y sus opciones y cuando llegan a los doce años deberían haber desarrollado un sistema de creencias para distinguir el bien del mal.

Y aunque los cimientos para una buena conducta se construyen en la etapa anterior al desarrollo, en la etapa comprendida entre los 6 y 12 años los chicos suelen ser capaces de portarse “como buenas personas”. En esta etapa (sobre todo en la “edad de la razón”), la parte pensante del cerebro, el neocórtex, ofrece a los niños la capacidad de analizar un conflicto y concluir si existen varias soluciones es para el mismo problema.

El altruismo

De acuerdo a las investigaciones sobre el desarrollo infantil, los niños tienen una capacidad natural para ayudar a los amigos y a los miembros de su familia desde que son muy pequeños. A los 12 o 13 años de edad comienzan a expresar su preocupación por personas que ni siquiera conocen: los que no tiene casa, los pobres, los enfermos. La mayoría de los chicos están ansiosos por expresar su inquietud a través de actos altruistas, que es la forma superior del desarrollo moral. Pero, si nosotros como padres no ayudamos a alimentar estos valores, pueden llegar a desaparecer. En una cultura materialista como la nuestra aún se nota el contrastante de consumir cosas materiales con la importancia de alimentar ciertos valores. En esta cultura de alto consumo es muy fácil ser egoísta e ignorar los problemas ajenos.

Los padres pueden oponerse a esta tendencia cultural mediante obras de caridad que formen parte de la vida familiar. Para esto hay muchas opciones: trabajar o colaborar por ejemplo en un comedor público, hacer canastas navideñas para los barrios más carenciados, envolver regalos para lo que tienen casa o familia, o ayudar a un anciano vecino a subir una escalera o cruzar una calle. A veces, simplemente, es enseñar a nuestros hijos el placer de ser atentos con los demás.

Y seguramente si nuestro hijo tuvo problemas de conducta, esta es la forma más rápida de ofrecerle un nuevo modelo de comportamiento que todos podrán admirar.