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Programa: 08/03/2012

MADRES QUE TRABAJAN

Muchas sienten culpa por esto y las lleva a equivocarse a la hora de poner límites y de educar o viven enojadas con la situación.

 

El su libro, “Criar hijos confiados, motivados y seguros”, la autora Marichu Seitún, hace una reflexión acerca de las madres de niños chiquitos que nos vemos obligadas a trabajar y a dejar a nuestros hijos al cuidado de otras personas.

Por esto muchas sentimos mucha culpa por esto y dice que esto nos lleva a equivocarnos a la hora de poner límites y de educar o bien pretendemos que nuestros hijos crezcan demasiado pronto o vivimos enojadas con la situación y le damos vuelta sin resolverlo.

Lo que sabemos es que los bebés necesitan a sus madres y que para ellos no es lo mismo la guardería, la abuela o la empleada que trabaja en casa.

Durante el primer año de vida la mamá es indispensable, el bebé no es capaz de comprender ni le podemos explicar su ausencia (por muchas horas seguidas), por esto lo único que puede hacer es padecerla sin poder defenderse, reclamar ni preguntar. Para poder salir de la simbiosis normal y tener un vínculo seguro es necesario que haya tenido mamá, por eso antes de poder compartirla tiene que haberla poseído.

Durante el segundo año de vida ya podemos explicarles y empiezan a entender; mamá puede ausentarse algunas horas por día y dejarlos al cuidado de alguien en su casa o en casa de la abuela. Cuando van al jardín maternal en esta etapa se enferman mucho y lo disfrutan poco, todavía están en una etapa en la que necesitan jugar con o en presencia de un adulto, todavía les hace bien tener a mamá u otro adulto conocido cerca para poder ir alejándose ellos y volver cada vez que lo necesiten o quieren.

Entre el tercer y cuarto año llega la constancia objetal (esto es que puede pensar en su mamá y evocarla cuando esta lejos, por lo que ya están listos para ir al jardín de infantes). A partir de este momento pueden entender que la mamá ausente está en alguna parte y que volverá. Ese es el momento ideal para que la madre empiece a trabajar, aunque muchas veces coincide con la llegada de un hermanito.

Que las madres de bebés y chicos muy chiquitos estén muchas horas fuera de casa afecta a los chicos de diferentes formas. Estos, para no sufrir, pueden organizar defensas no saludables: se acorazan, se hacen rígidos, se arreglan solos, dejan de interesarse por el otro, les cuesta tener una adecuada confianza básica y apego seguro, se hacen cuidadores compulsivos de otros y se pierden a si mismos, se aferran a cualquier adulto que se les acerque, tienen miedos, obsesiones, se enferman, lloran mucho, se portan mal, se aíslan, duermen demasiado, se despiertan de noche, etc. Los chicos pueden acostumbrarse a todo, pero esto tiene un costo. Y cuando, más adelante, tenemos tiempo para ellos, ya no están interesados ni nos necesitan. Resolvieron sus dificultades de otra manera y, con suerte con otras personas. A pesar de todo esto, las madres que trabajan pueden establecer con sus bebes un vínculo sano, de amor y confianza. Para esto la autora propone que hagamos algunos cambios en nuestra rutina que les pueden hacer a ellos una enorme diferencia.

Ante todo, elijamos conscientemente el precio que vamos a pagar, para esto es importante que no nos dejemos llevar por las circunstancias. El precio no puede ser dejar de tener nuestra vida propia, más allá de los chicos, pero tampoco tenerla a costa de ellos.

Revisemos nuestras creencias, los mitos familiares, para poder alcanzar un criterio propio. Como madres recibimos un legado cultural: es bueno que podamos preguntarnos si lo que hacemos lo hacemos por imitación, porque es lo que se espera, por un mandato.

Después de 9 meses de embarazo y muchos meses más de simbiosis con nuestro hijo, cuesta dejar, delegar, compartir responsabilidades, muchas veces sentimos que nadie va a hacerlo como nosotras, pero entonces estallamos. Pensémoslo en relación con el cuidado del bebé pero también con ese trabajo que dejamos para tener nuestro hijo y que parece que nadie puede hacer más que nosotras.

Los hombres parecen tener más capacidad para decir que no pero nosotras también tenemos derecho a una vida y a una identidad, y se lo debemos a nuestros hijos, porque qué les vamos a enseñar sino a nuestras hijas acerca de la mujer, y a nuestros hijos varones.

Por otro lado es preocupante que los padres y madres estén tan ocupados en los primeros y fascinantes años de vida de sus hijos como para no permitirles disfrutarlos. Vemos como el tiempo no vuelve atrás. Y a pesar de que mucha gente dice querer pasar más tiempo con su familia, a veces resulta más fácil el trabajo, donde nos sentimos seguros y competentes. Además la nueva sociedad conyugal busca que ambos padres sean responsables de ganar el sustento y de la crianza de sus hijos, haciendo sacrificios en sus carreras laborales. Muchas mujeres querrían quedarse en casa y no pueden, haciendo que tanto las mujeres como la pareja carguen con el estrés de balancear la casa y el trabajo. Sin embargo, hoy siguen siendo, en la mayoría de los casos, las mujeres, las que se sienten tironeadas entre las necesidades familiares y la ambición personal; entre el amor y la preocupación por sus hijos y la necesidad de ganar dinero y tener acceso a experiencias y oportunidades de todo tipo.

La primera tarea de la mamá es resolver en su interior, la culpa que siente al tener que trabajar, de dónde viene, a qué se debe, para tenerla comprendida y elaborarla a la hora de estar con los chicos, de la manera que no determine su conducta con ellos.

Qué hacemos cuando nos sentimos culpables:

• Tratamos de dar vuelta el juego y que la culpa la tenga el otro. Por ejemplo les decimos: “No me avisaste con tiempo” del acto al cual nos olvidamos de concurrir o: “Ustedes me vuelven loca” (no soy yo, son ustedes),
• No podemos tolerar que nuestros hijos nos muestren que nos extrañan: “No es para tanto” (y de esta forma los dejamos solos con su soledad).
• No podemos tolerar que se enojen con nosotros: “Lo hago por tu bien” (y los hacemos sentir malos, o negar y reprimir su ira).
• Los hacemos dudar de si mismos: “Yo estaría agradecida” (al no aceptar lo que sienten).
• Les pedimos ayuda excesiva para que no se note que faltamos en casa, pero los obligamos a crecer antes de tiempo.

En cambio tengamos en cuenta que:

• Somos responsables de haber decidido trabajar.
• Es bueno que hagamos lo posible para sostener, reparar, aliviar y mantener el vínculo.
• Somos adultos, si nos hacemos cargo y responsables dejaremos de sentir culpa.