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Programa: 22/11/2012

¿COMO APRENDER A KPEDIR A NUESTRA PAREJA LO QUE NECESITAMOS?

Es muy común que muchos de los conflictos que aparecen en la convivencia se originen en pedidos no hechos o mal interpretados.

 

En su libro “Sanar la pareja”, Sergio Sinay nos invita a reflexionar acerca de la forma en la cual habitualmente tendemos a pedir lo que necesitamos. Dice el autor que lo importante no es tanto aprender a pedir sino más bien aprender a necesitar. ¿A qué se refiere con esto? Que para poder trasmitir y explicar qué es lo que queremos, es fundamental que nos detengamos a detectar lo que necesitamos. Esto no es tan fácil de implementar, y en gran medida gracias a una dificultad que adquiramos a lo largo de nuestra historia personal. Si quienes nos criaron se anticipaban sistemáticamente a cualquier posible insuficiencia y nos sofocaban con una asistencia disfuncional o en caso en que nuestras carencias hayan sido desvalorizadas; descalificadas o simplemente no hayan sido escuchadas, seguramente terminamos con una gran confusión y una marcada ignorancia acerca de lo que necesitamos. De esta manera nos convertimos en personas que no saben pedir o que les cuesta, o bien que prefieren no hacerlo.

Pero a pesar de esto, el autor señala que convivir en pareja puede convertirse en una oportunidad para cambiar este escenario. Al igual que en muchos otros aspectos, también en este, la pareja puede ser un espacio donde aprendamos a pedir y donde el hecho de necesitar no nos ponga en peligro ni en ridículo. Es muy común que muchos de los conflictos que aparecen en la convivencia se originen en pedidos no hechos o mal interpretados.

Hay personas que están convencidas de que al no preguntar nada acerca de las idas y venidas de su pareja demuestran su confianza en ella, mientras esta percibe eso simplemente como desinterés. Otros dan por sentados que al anticiparse a cada posible necesidad o gusto de su compañero o compañera da una muestra de amor, aunque ignoran que en él o ella esas acciones solo provocan asfixia. También están los que no pueden diferenciar entre pedido y demanda. Entonces lo que es una necesidad legítima, que al ser expuesta con argumentos y calma podría atenderse funcionalmente, termina siendo formulada como un reclamo urgente, ansioso e inflexible que aleja, irrita o amedrenta al proveedor. Esto pasa cuando la persona que necesita no se autoriza a sí mismo a pedir (porque le parece una señal de debilidad, porque cree que molestará al otro, o porque supone que su necesidad no es suficientemente importante). Entonces lo que hace es imaginar que cuando pida no le van a dar y basándose en este prejuicio, se anticipa al futuro rechazo del otro formulando el pedido como un reclamo.

También existen las personas que confunden amor con telepatía y están convencidos que la persona que los ama debería saber cuáles son sus necesidades y por supuesto satisfacerlas, sin siquiera exponerlas explícitamente. Cuando no pasa esto, se ofenden y en seguida buscan generar un conflicto. Por eso es importante que para la necesidad de uno pueda ser escuchada, la misma sea puesta en palabras. Si hay algo que se puede hacer desde el amor es pedir lo que se necesita. Si se espera que el otro adivine la vida se vuelve un permanente escrutinio donde el que necesita se queda en silencio juzgando la actitud del otro para terminar emitiendo un veredicto final, como podría ser, si adivino mi necesidad es porque me ama. Si no se dio cuenta de lo que necesitaba es porque no me ama. Sin embargo, lo que suele pasar es que quien no hizo lo que “debía” o más bien lo que debió adivinar, tiene mucho amor disponible. Incluso, hasta es posible que esté convencido que su pareja percibe cuánto la ama por las acciones a través de las cuales siente que se lo demuestra. De esta manera lo que se va construyendo es un largo camino de malos entendidos y frustraciones que se van acumulando en forma de resentimiento y cuentas a cobrar.

Entonces lo que sugiere el autor para evitar esto, es justamente aprender a pedir lo que se necesita de la manera que se lo necesita. “Necesito más comprensión de tu parte y me siendo comprendido cuando actúas de tal o cual manera”. “Necesito que me acompañes mucho en esta situación y me sentiré acompañada si haces esto o aquello”. “Necesito que confíes en mi y sentiré esa confianza si dices esto o haces esto”. Las frases pueden ser tantas como las necesidades a las que aluden. En todos los casos, lo importante es poder expresarlas de forma asertiva, donde quede claramente formulada tanto la necesidad como la respuesta que la misma pide para ser atendida. Pero tenemos que tener en cuenta también que estas formulaciones son el resultado de un proceso previo de introspección. Para pedir de esta manera primero tenemos que poder conectarnos con nuestra propia necesidad, explorarla y comprenderla. Esto es lo que el autor llama “aprender a necesitar”, y esto es lo que nos enseña a pedir. De esta manera se obtiene un poderoso sostén en la construcción del amor de pareja.

Sin embargo, pedir lo que se necesita de la manera en que se lo necesita no garantiza, que se lo recibirá. El otro puede no saber dar de ese modo, puede no tener aquello que pedimos, puede no saber cómo darlo. Incluso puede no querer darlo en ese momento, por razones que a su vez pueden ser explicitadas. Y es importante que no tomemos nada de esto como algo personal, algo que nos está haciendo a propósito. Porque la imposibilidad, por los motivos que sean, también existe. La prueba de la presencia de amor no proviene solamente del hecho de que satisfagan nuestras necesidades El esfuerzo que el otro hace por aprender, por proveerse de aquello que le pedimos y no tienen, por entender, es, en sí, una manifestación amorosa. En ese proceso esa persona está aprendiendo a amarnos.

Diferencias que existen entre un deseo y una necesidad.


Una necesidad, dice el Lic. Sinay en su libro “Sanar la Pareja”, es lo que no puede no ser, aquello que si faltara, alteraría seriamente nuestra existencia, o en este caso, la existencia de la pareja, al punto de poner en riesgo su supervivencia.

Los deseos, sí, pueden ser innumerables. De una necesidad pueden nacer muchos deseos. Los deseos pueden no ser satisfechos y la vida no peligra por esto. Sin embargo, en el plano de la pareja, puede pasar, que alguien no vea una respuesta a sus deseos, y se confunda pensando que no son escuchadas sus necesidades. Esto pasa muy frecuentemente y generalmente es motivo de resentimientos y conflictos. Estas situaciones son mucho más comunes cuando hay inmadurez en un o ambos miembros de la pareja. Entonces el que confunde deseo con necesidad lo hace desde su estancamiento en una etapa infantil de su evolución. Estacionado ahí, cree que su compañero de vida es en realidad su mamá o su papá, alguno de sus padres que, en su infancia, acudían incondicionalmente a satisfacer sus deseos, y lo entrenaron así en la mágica creencia de que basta con desear para tener. O también se puede proyectar en la pareja a la figura de padres distraídos o ausentes en la atención no solo de deseos sino también de necesidades. Así se llega a la vida de pareja con una carencia no resuelta y con un intento disfuncional y anacrónico de resolución a través del conyugue, concubino. amante o novio.

La pareja, es una instancia de la vida en la que, a través de un trabajo consciente y amoroso, se puede salir de aquel estancamiento y acceder a la adultez a través de experiencias compartidas, O por el contrario puede ser un lugar en el cual repetir hasta el infinito una conducta que impedirá el desarrollo de vínculos maduros y trascendentes.

La incapacidad de pedir no solo se manifiesta cuando alguien calla lo que necesita, sino también cuando lo expresa de manera inapropiada, especialmente como una orden, una queja, como una imposición o como un reproche. De esta forma se puede convertir una legítima necesidad en un motivo de alejamiento, de una discusión o bien de una mala respuesta. Es importante recordar que el momento en que se pide es solo un paso de una secuencia que se cierra con la respuesta de aquel a quien se le hizo el pedido. Necesidad no es obtener ni pedir es recibir. De todas maneras, establecer la propia necesidad y expresarla de una manera clara más allá del resultado, es un acto que ayuda en primer lugar a estar en mejores términos con uno mismo y como consecuencia a crear una mejor comunicación con el otro.

Cuando las reales necesidades de uno o de ambos miembros de la pareja son continuamente desatendidas o postergadas, ya sea porque no han sido capaces de formularlas o por un desaire permanente de parte de quien debe oírlas, el vínculo va deteriorándose inevitablemente. Pero cuando la relación se transforma en un espacio cooperativo, no solo se puede aprender a necesitar primero y a pedir después sino también a dar de una manera que no solamente proporcione satisfacción en la persona que lo recibe, sino también en el que da. Esto, concluye el autor, termina generando un verdadero ciclo de conocimiento, autoconocimiento y sanación.