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Programa: 03/09/2015

La convivencia en la pareja. Diez principios para que la pareja madure.

Hablaremos sobre las parejas y las parejas que maduran a partir de la convivencia, en su libro “El amor al segundo intento” el psicólogo humanista a Antoni Bolinches, dice que los problemas de la pareja pueden tener muchas causas y propone varias soluciones y claves par a elegir mejor basadas en el aprendizaje vital y la superación personal, y dice que sin madurez personal e imposible una buena relación de pareja, pero también para madurar hay que aprender a convivir. El autor propone un decálogo que es el resumen de las principales ideas del libro y a partir de este decálogo se fue gestando el libro” Amor al segundo intento.” Y su intención y deseo es para que las parejas del presente tengan futuro.

 

Por supuesto que hay una reflexión en cada punto del decálogo.

1. Sea sincero desde la sensatez ¿qué significa esto? El autor dice que si tuviera que definir la expresión óptima de la madurez diría que es aquella que nos permite ser sinceros desde la sensatez. Sabemos que muchas veces que la a sinceridad es un arma de doble filo; que por un lado expresa autenticidad pero por el otro impertinencia incluso a veces agresividad y por eso hay que tener en claro que lado vamos a utilizar. Si utilizamos la autenticidad tendremos una herramienta muy útil para construir o como dice el autor (esculpir) relaciones sinceras, constructivas y enriquecedoras, pero si utilizamos la impertinencia, en lugar de mejorar la comunicación sólo conseguiremos crear resentimientos8 el anterior programa hablamos justamente de cómo evitar el resentimiento) Queda claro entonces que la mejor consigna para mejorar la comunicación es la de procura ser sinceros desde la sensatez. Lo cual debemos pensar qué decimos, cómo lo decimos, e incluso si hemos de decirlo. Porque la sensatez no debe aplicarse sólo a la forma sino también a los contenidos de la comunicación. En definitiva la sensatez es lo que permite que la expresión sincera contribuya a crear un clima de armonía en lugar de generar conflicto. Las personas maduras tienden a comunicarse en esta clave, mientras los inmaduros oscilan entre la ocultación neurótica y la sinceridad impertinente.

2. Piense que lo que ocurre entre dos nunca es responsabilidad de uno solo. Parece una obviedad y es una frase muy conocida, pero es interesante recordarla. Y aunque es la más elemental del decálogo es importante saber que la responsabilidad es de ambos, la solución no puede estar en manos de uno solo y hablamos de responsabilidad y no de culpa, ya que la culpa inmoviliza y la responsabilidad dinamiza y lo que necesitan las parejas es sentirse responsables de sus soluciones.

3. Piense que el egoísmo del otro solo se puede detectar desde el egoísmo propio… ¿Qué significa? El autor dice que este punto tal vez necesite más aclaración. Cada vez que una persona considera que su pareja se está portando egoístamente esta valorando la situación desde la insatisfacción que le produce su propio egoísmo defraudado, puesto que de otra manera no lo podría detectar. Es complejo. Por eso las personas que tienen tendencia a calificar de egoístas a los demás estaría bien en reflexionar par intentar discernir hasta que punto su valoración esta realizada desde el adulto o de su parte de niño.

4. No se esfuerce para que su pareja le entienda sino para entender a su pareja. Tal vez sea la consigna mas difícil a seguir… ¿porque? Porque requiere de un grado de madurez que no es fácil de alcanzar. Pero a su vez actuar desde esto es una las conductas de autoafirmación que mas contribuye al proceso de maduración personal. Su práctica es difícil al principio pero, favorece un doble objetivos, mejorar la comunicación de la pareja y favorecer la maduración de las partes.

5. No confundir una pareja para siempre con estar siempre con la pareja. Las mejores parejas no son las que están siempre juntas, sino las que desean estar juntas porque están bien. Por eso las parejas que mejor funcionan son las parejas complementarias, que son aquellas que saben armonizar su tiempo común con el ejercicio de una libertad que les permite enriquecer la relación y mantener el deseo de seguir vinculadas. La mejor manera de mantener vivo el amor es concebir la pareja como un espacio común que no debe ser incompatible con un espacio privado donde sus miembros puedan disfrutar de actividades que no forman parte del interés compartido. Por eso dice este autor dice que las parejas que están siempre juntas no están fortaleciendo su unión sino propiciando saturación y la posibilidad de conflicto, tampoco implica la estrategia de verse menos para estar mejor, ya que la pareja no puede construirse sobre la expectativa de que lo que ayuda a estar juntos es estar separados,, sino que al revés: son las parejas que están bien juntas las que pueden disfrutar, también por separado, de su bienestar.

6. No confundir la estabilidad con la rutina La estabilidad es buena para la pareja, pero la rutina es mala, el tema es que es muy difícil señalar donde termina una cosa y empieza la otra. ¿Cómo mantener la estabilidad sin caer en la rutina?’ El autor Bolinches dice que, esto es un de los retos que la pareja debe afrontar con poca ayuda exterior y mucho dialogo interior, Una recomendación para esta tarea es procurar mantener la estabilidad de fondo incorporando novedades funcionales, en forma de pequeños estímulos cotidianos que alimenten la ilusión de compartirlos. Introducir pequeñas variantes en los hábitos y también iniciativas que debe darse los miembros de la pareja para favorecer y el amor siga creciendo.

7. Recuerde que la pareja funciona mejor con refuerzos que con esfuerzos Uno de los errores más comunes que suelen cometer las parejas es el esforzarse para estar bien. Naturalmente la intención es buena pero los resultados suelen ser nefastos porque la pareja no necesita esfuerzos sino refuerzos. En el ámbito de los sentimientos (no estamos hablando de las tareas domésticas y de ese esfuerzo), esforzarse entonces en los sentimientos siempre resulta contraproducente, porque el afecto y las relaciones intimas no depende de la voluntad sino del buen clima de la relación, por eso cuando se intenta incrementar intencionalmente, se produce casi siempre un efecto contrario al deseado. En cambio si en lugar de esforzarse para estar bien la pareja se dedica procurarse bienestar, la mejora que se obtiene en el clima de la relación puede ser muy gratificante. Reforzarse es eso, compartir momentos de placer, gratificaciones y satisfacciones que permitan asociar la convivencia a buenos momentos comunes.

8. Recuerde que la pareja no puede funcionar solo con relaciones íntimas o pasionales pero tampoco sin estas. Es evidente que a medida que transcurre la convivencia el deseo se atempera y su importancia en la valoración global de la relación disminuye parcialmente. Esta es una realidad constatable y difícilmente modificable, puesto que la fase pasional puede vivirse como mucho una vez y generalmente es al principio de la relación que esta etapa es mayor. Está claro que no hay que confundir disminución con extinción porque entonces aumenta el peligro de que se produzcan enamoramientos alternativos o infidelidades destinadas a cubrir este déficit. Por eso es importante que la pasión tenga la calidad suficiente para que ambas partes se sientan unidas íntimamente. Y es fundamental que la pareja tenga en cuenta que aunque con los años disminuye la cantidad, la calidad puede mantenerse si sabe convertir la pasión(o la sexualidad) en una expresión de amor y que aunque suele ser menos pasional puede seguir siendo profundamente emocional.

9. Procure tener presente que convivir implica conceder Tal vez este punto del decálogo puede resultar el más útil pero requiere más explicación. El autor hace la distinción de que convivir implica conceder. Y enfatiza lo de conceder porque mucha gente lo confunde con ceder, y ceder siempre es malo porque hace que la persona esté mal consigo misma y por lo tanto difícilmente podrá estar bien con la pareja. Ceder, en cuanto significa una renuncia a las propias convicciones en beneficio de la otra parte crea incongruencia y empobrece la personalidad. Aunque puntualmente pueda considerarse un comportamiento adaptativo para evitar conflictos En cambio conceder siempre supone un ejercicio de madurez, porque es un aporte que se hace desde la seguridad a la calidad de al convivencia. Parecería así que está mucho mejor conceder que ceder, ¿cierto? Pero en la práctica la elección se complica porque la discriminación de ambos conceptos no depende de lo que se hace, sino del discurso interno que motiva la acción. Pongamos un ejemplo cotidiano. Si vos decidís ir al cine, aunque no te guste, por temor a que tu pareja se enoje, estás cediendo. Por el contrario si nosotros en la misma situación, aceptamos ir al cine porque así nuestra pareja está mas contenta y de esta manera también nos sentimos mas satisfechos, entonces esta acción se califica de concesión. O sea la misma conducta puede vivirse como cesión o concesión en función de los argumentos que la activan.

10. Recuerde que la pareja que dura es la que madura Parece que esta fundamentada en el sentido común, que indica la evolución deseable de la pareja y los beneficios que produce en la relación la maduración personal. Madurar dice el autor de este decálogo, Bonliches, no es sólo aprender de los fracasos es evidente que la madurez se alcanza gracias a la habilidad que se adquiere superando todos los pequeños y grandes conflictos que surgen en las distintas fases de la convivencia. En la juventud para acoplarse y mantenerse unidos, en la madurez para superar los problemas relacionales y familiares, y en la vejez para saber convertir la convivencia en apoyo recíproco. Las parejas que duran, son las que saben enriquecerse mutuamente con la sabiduría que ganan cada vez que superan una dificultad, resuelven un problema y salvan una crisis. La pareja no sólo dura porque madura, sino la propuesta es abrir la posibilidad para que las parejas que aprendan a convivir encuentren a través de esa vía, la madurez, que ayuda a facilitar su perdurabilidad.

Para cerrar: Quién logre madurar al convivir y utiliza la convivencia para madurar no sólo está habilitado para convivir en armonía sino que convierte esa experiencia en un aprendizaje vital que lo mejora como persona.