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Programa: 29/04/2010

Los duelos en la infancia

¿Qué tipos de pérdidas hay?
¿Cuáles son algunas de las respuestas habituales frente al duelo en las distintas etapas del niño?

 

La infancia es la época de la vida donde está todo en potencia: un mundo por conquistar y todo el tiempo por delante. Pero es a su vez la etapa con mayor cantidad de cambios a corto plazo, y en consecuencia, con pérdidas continuas que van dejando huellas, algunas a largo plazo y otras permanentes. Cuando lo que se pierde es algo significativo o valioso para el niño se activa lo que llamamos proceso de duelo.

Hay distintos tipos de pérdidas:
•La más común es la pérdida relacional, como son las separaciones afectivas de la pareja o las pérdidas generadas por la muerte.
•Otras pérdidas son las de futuro, que se refieren a las expectativas que nos hacemos de los resultados de nuestros proyectos.
•Las pérdidas de objetos.
•Las pérdidas de hábitos, como sería en los niños el uso del chupete, la mamadera, dejar los pañales.

La pérdida puede ser parcial o total, pasajera o irreversible. La reacción ante la pérdida puede variar en cuanto a su modalidad, duración e intensidad dependiendo de varios factores:
•La edad y características de la persona la padece
•Las causas y circunstancias en las cuales se produjo, si la misma ha sido lenta, rápida o violenta
•El grado y tipo de relación que mantenía con lo perdido, es decir el nivel de apego hacia el ser, objeto o hecho que perdemos
•La red familiar y social de contención
•La cultura y el tipo de creencias que se tengan

Aunque no siempre las expresen, los niños viven emociones intensas tras la pérdida de una persona amada. Si perciben que estos sentimientos (rabia, miedo, tristeza…) son aceptados por su familia, los expresarán más fácilmente, y esto les ayudará a vivir de manera más adecuada la separación.

Es importante tener en cuenta que su manera de expresar el sufrimiento, no suele ser un estado de tristeza y abatimiento como el de los adultos. Es más frecuente que se manifiesten cambios en el carácter, cambios frecuentes de humor, disminución del rendimiento escolar, alteraciones en la alimentación y el sueño…

Como dijimos las reacciones ante la pérdida variarán de acuerdo a la edad del niño:

Algunas respuestas habituales en los niños de 2 a 5 años son:

En este periodo evolutivo donde crece el mundo de la fantasía y el niño adquiere seguridad a través del dominio y control mágico de la realidad es importante sostener rutinas y figuras estables para sentirse seguro ante un mundo impredecible.

Perplejidad o confusión
Parecen totalmente confusos sobre lo que ha ocurrido o se niegan a creerlo. Desean saber cuándo va a volver la persona fallecida, o la buscan activamente.

Regresión
Se pegan al padre superviviente, se quejan, se hacen pis en la cama, piden de nuevo la mamadera, se chupan el dedo...

Ambivalencia
A algunos niños parece no afectarles en absoluto la muerte. Responden ante la noticia con preguntas o afirmaciones inadecuadas. Aunque sea una reacción desconcertante, es bastante común. Significa que no ha aceptado o afrontado la muerte, pero comprende lo que ha sucedido. Lo más habitual, es que el niño elabore el duelo alternando fases de preguntas y expresión emocional, con intervalos en que no menciona para nada el asunto.

Suele sentir rabia y enojo
Por haber sido abandonado, y puede expresarla de muchas maneras: irritabilidad, pesadillas, juegos ruidosos, travesuras…Es frecuente que se enojen con un familiar cercano. Permitirle que descargue la rabia gritando, corriendo, saltando, golpeando almohadones, por ejemplo…

Expresan su dolor a través de los juegos
Tienen que ser respetados como necesarios para que el niño realice de forma adecuada el duelo.

Toman a sus padres como modelo
No es malo que los niños vean el dolor y la tristeza. No tengamos miedo de mostrar los propios sentimientos delante del niño (excepto manifestaciones violentas de rabia y dolor) Cuando le mostramos lo que sentimos, el niño nos percibe más cercanos, y es más fácil que nos diga el también, lo que le está pasando.
Un padre o una madre que no se inmute después de una muerte para no entristecer a sus hijos, puede hacer que éstos "congelen" sus emociones. O si muestra cólera, un dolor extremo o una conducta histérica, su hijo puede imitar este comportamiento.

Miedo a morir u a otra pérdida
Los niños más pequeños creen que la muerte es contagiosa y pueden pensar que pronto le llegará su turno. Explicarles que no tienen nada que temer.
Les preocupa que el padre o la madre superviviente también los abandone. Se preguntan qué les ocurriría y cómo sobrevivirían.

Algunas respuestas habituales en los niños de 6 a 9 años
Los niños de estas edades saben que la muerte es permanente y real.

La negación de la pérdida
Una respuesta muy común es negar que la muerte haya ocurrido. En su negación pueden mostrarse muy agresivos. Algunos pueden mostrarse más contentos y juguetones que de costumbre, como si la pérdida nos les hubiera afectado. Esta negación indica que los niños sienten un dolor tan profundo que intenta levantar un muro para que la muerte no les afecte. Estos niños necesitan oportunidades para llorar la pérdida y es posible que también necesiten permiso para hacerlo. Se puede decir algo como: "No tienes que mostrar tu tristeza a todo el mundo, pero si quieres puedes compartirla conmigo. Si tienes ganas de llorar y estar triste a solas, me parece muy bien, pero después de estar así durante un rato, sería bueno que hablaras con alguien de cómo te sientes.

La idealización de la persona perdida
La culpabilidad
Es una respuesta normal, sobretodo si no pueden expresar la tristeza que sienten.

El miedo y la vulnerabilidad
Es normal que los niños de estas edades se sientan asustados y vulnerables.

Buscan a la persona que ha muerto
Les puede consolar saber que nosotros también a veces sentimos el deseo de hacerlo.