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Programa: 06/05/2010

Acoso y Abuso Moral

Perfiles del abusador y de la víctima.
Y dinámica y consecuencias de la relación

 

Para describir la personalidad del manipulador, la mayoría de los expertos en personalidad hablan de personalidad psicopática o antisocial y de personalidad narcisista. Aunque estemos hablando de dos trastornos distintos ambos coinciden en establecer relaciones con otro que es tomado como objeto, del cual sienten en alguna medida que son superiores, mientras el narcisista menosprecia, el psicópata desprecia.

El perfil psicológico del agresor tiene las siguientes características:

- Falta de empatía: son incapaces de ponerse en el lugar del otro, se centran en sí mismos pero buscan el apoyo de los demás. Son insensibles. En sus relaciones interpersonales ven al otro como a una amenaza, les falta humildad para enriquecerse y aprender de los demás.

- Irresponsables y carentes de sentimiento de culpa: tienen dificultades para tomar decisiones en su vida diaria y necesitan que otras personas asuman esa responsabilidad. Se defienden mediante mecanismos de proyección y de negación de la realidad, le adjudican la culpa al otro. Es consciente de que no tiene sentimientos y los simula para enmascararse ante los demás. No tiene sentimiento de culpa pero es un maestro manipulando este sentimiento en los demás.

- Mentira compulsiva y sistemática: es su máxima competencia. Fingen para dar imagen de buena persona. Se nota con claridad que mienten, pero sus mentiras son tan gordas y tan descaradas en público que las víctimas se suelen quedar anonadadas, paralizadas e incapaces de responder.

- Megalomanía y discurso mesiánico: se colocan en posición de referencia del bien y del mal, tienen discurso moralizante. Suelen tener habilidad retórica pero su discurso es muy abstracto, no son capaces de ser concretos y cuando lo intentan pasan al extremo de los detalles insignificantes.

- Encanto personal: entran en relación con los demás para seducirlos. Se les suele describir como encantadores, de ahí la reacción de asombro de su entorno cuando son descubiertos en su crimen. Esta capacidad de seducción está muy relacionada con su forma de mentir.

- Vampirismo y estilo de vida parasitario: sienten envidia hacia los que parecen poseer cosas que ellos no poseen, sobre todo hacia los que gozan de la vida. Son muy pesimistas y la vitalidad de los demás le señala sus propias carencias. Para afirmarse tienen que destruir. Compensa su déficit de autoestima con el rebajamiento de sus víctimas y la exaltación de sus supuestas cualidades.
En la vida privada sus parejas suelen ser muy optimistas y se casan con personas de las que puedan vivir.

- Paranoia: el perverso narcisista toma el poder mediante seducción, el paranoico por la fuerza. Los perversos narcisistas recurren a la fuerza física sólo cuando la seducción deja de ser eficaz. La fase de violencia física del proceso de acoso moral es en sí misma un desequilibrio paranoico. Cuando atacan los perversos pretenden protegerse, atacan antes de ser atacados. También tiene el tipo de mecanismo proyectivo propio del paranoico: se sitúa y se hace percibir por los demás como víctima de las personas a las que arremete, que supuestamente le han traicionado.

- Manipulación premeditada: no manipula de forma aleatoria como haría un psicópata criminal. El psicópata organizacional tiene un objetivo meditado y deliberado: el poder. La táctica del psicópata suele seguir siempre el mismo patrón: fase de estudio y evaluación, fase de manipulación y fase de confrontación.
Los sentimientos de inadecuación son los que llevan al acosador a eliminar de su entorno lo que considera una amenaza, la víctima. El acosador moral necesita la imagen de buena persona que los demás tienen de él para sobrevivir, en su obsesión por mantener esta imagen se enmascara, se lava las manos, evita manchar sus manos de sangre y echa su responsabilidad a otros. Necesita colaboradores, una banda, la mafia.

Perfil de la víctima

El acosador busca preferentemente aquello de lo que él carece, elige a sus víctimas por algo que tienen de más, por algo de lo que quiere apropiarse.

Entre sus preferencias se suelen citar las siguientes:

- Capacidad de empatía.
- Responsables, con escrúpulos y sentimiento de culpa.
- Transparentes, auténticas: a la víctima se le nota que se mueve por convicciones internas, no por sumisión a una norma, la opinión de los demás o intereses materiales.
- Parecen ingenuas y crédulas. Simplemente a quien no es perverso le resulta imposible imaginar de entrada tanta maldad concentrada en un solo individuo.
- Estilo no confrontativo.
- Vitales y optimistas, transmiten su alegría de vivir.
- En el trabajo suelen tener buenas relaciones con sus subordinados y despertar envidias entre sus compañeros y jefes.
- Comunicación directa.
- Sensibilidad, dones musicales o literarios.
- Creatividad: suele arriesgar en sus ideas, no tiene miedo al fracaso porque sabe manejarlo emocionalmente.
- Valora las ideas y los comportamientos, no el nivel jerárquico de la persona que lo manifiesta.

Como se establece este tipo de relaciones
Al principio las personas acosadas no quieren sentirse ofendidas y no se toman en serio las indirectas y los maltratos o desprecios. Luego los ataques se multiplican, la victima es acorralada, se la coloca en una posición de inferioridad, se las somete a maniobras hostiles y degradantes. Se puede iniciar así un proceso de aislamiento y también se adopta un modo particular de comunicación que se basa en actitudes paradójicas, las mentiras, el sarcasmo, la burla y el desprecio.

A veces el agresor se hace la víctima y descalifica al otro con el fin de desestabilizarlo, lo hace dudar de si mismo y de los demás. Los perversos falsifican tan bien su violencia que dan con frecuencia una muy buena imagen de si mismos. La perversión y el maltrato psicológico desgasta considerablemente a las familias, destruye los lazos y echa a perder toda individualidad sin que uno se de cuenta.

¿Qué esperan o creen las victimas?

Las víctimas alimentan la esperanza de que el otro cambiará, que comprenderá que hace sufrir y que lo lamentará. Están convencidas que mediante el diálogo van a encontrar una solución, cuando esto es lo que precisamente permite al perverso, hacerlas fracasar con total eficacia.

Las consecuencias a largo plazo

El choque: se da cuando por fin la víctima toma conciencia de la agresión que viene recibiendo. Generalmente esto sucede de manera sorpresiva sin que se haya dado una preparación previa. Genera una sensación de desamparo, de dolor y angustia que se acompaña de vergüenza y autorreproche. En este punto la victima necesita y espera que se vuelva a reconocer su identidad y que el agresor se disculpe, lo cual no sucede.

El desequilibrio: Se caracteriza por un estado de ansiedad generalizada, un estado depresivo o trastornos psicosomáticos. Todo esto es debido a un exceso de estrés que llevan a un agotamiento psíquico. El trauma puede incluso producir una disociación, que es una fragmentación de la personalidad, que afecta la memoria, la conciencia, la identidad y la percepción del medio. Esta disociación es una defensa contra el miedo, el dolor y la impotencia ante el acontecimiento traumático que se ha estado padeciendo.

La separación: ante la amenaza de acoso las víctimas pueden reaccionar de dos maneras:
• Someterse y aceptar su dominación
• Rebelarse y combatir con la idea de marcharse

Una vez que el proceso de acoso ya se ha establecido es muy difícil que se detenga de otro modo que con la marcha de la víctima. Por lo cual la separación es un asunto de las víctimas y no de los agresores. Este proceso esta cargado de dolor y de culpa, ya que los perversos narcisistas adoptan la posición de victima abandonada y encuentran en ella un nuevo pretexto para su violencia. Generalmente se sienten perjudicados y se vuelven pleitistas aprovechando que su victima esta apurada por terminar y dispuesta a hacer todo tipo de concesiones.

La evolución: para las víctimas al principio, el alejamiento físico del agresor es vivida como una “liberación”, lo cual puede permitir que retome todo lo que fue dejando por la situación de dependencia en la cual vivía y el acoso quede como un mal recuerdo; pero en la mayoría de los casos se presentan síntomas físicos y psíquicos como manifestación de un trastorno de stress postraumático.

Con el tiempo la experiencia traumática no se olvida pero se puede participar cada vez menos de ella. Todo lo que evoque de alguna manera, lo que han padecido, las hará huir, ya que el trauma las ha llevado a desarrollar una capacidad para identificar mejor que otras personas, los elementos perversos de una relación.