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Programa: 20/05/2010

¿COMO ENSEÑAR A UN NIÑO A SER OPTIMISTA?

El optimismo es, además de un hábito de pensamiento positivo, una cualidad de la inteligencia emocional que se puede aprender si el entorno lo favorece.

 

En la obra de L. E. Shapiro “La inteligencia emocional de los niños”, encontramos una serie de pautas que los padres podemos seguir para enseñar a nuestros hijos a ser optimistas:

•Debemos reconocer cuál es nuestra tendencia habitual de pensamiento y ejercitarnos en lo positivo si observamos la tendencia contraria. Los padres somos modelos de conducta y nuestros hijos copian y absorben la forma en que nosotros enfrentamos los problemas. El optimista considera que los acontecimientos positivos y agradables ocurren habitualmente y que los contratiempos son sucesos puntuales y superables en mayor o menor medida. La persona con un pensamiento habitualmente positivo, pone los medios para lograr que las cosas buenas sucedan.

•Tenemos que cuidar mucho la forma en que corregimos a los niños. Tener un hijo optimista es casi tan bueno como tener un padre optimista. Un padre optimista ve en los problemas con los hijos oportunidades para fortalecer la relación y crecer juntos en vez de verlos como situaciones irritantes.

•Cuando nuestros hijos se expresan en términos pesimistas podemos ayudarles a ver los problemas desde una perspectiva más enriquecedora y creativa.

Podemos apreciar cómo nuestra respuesta frente a los conflictos con los niños determina si somos capaces de sacar provecho en bien del niño, mostrándole cómo podemos enfrentar los problemas de forma optimista, o si por el contrario, nuestro hijo saldrá de la situación dañado por nuestras palabras y por una actitud pesimista que no deja salida. Apreciemos que los pasos que nos ayudarán a una mejor corrección serán:

1.Describir concreta y temporalmente el incidente.
Usar palabras como "siempre", "nunca", "otra vez igual", "no cambiarás nunca", etc. cierra al niño completamente el camino del cambio. Comunica que el padre piensa que el niño no puede corregir sus propios errores.

2.Concretar el problema sin poner el foco en los errores.
La frustración que a menudo surge en nosotros como padres al ver los errores repetidos de nuestros hijos desemboca en mal humor, enfado o ira. Comunicar todos estos sentimientos pone sobre las espaldas del niño una culpabilidad que en muchos casos será desmedida.

3.Ofrecer al niño la oportunidad de identificar el problema.
Podemos describir al niño la situación, o podemos ayudarle a que revise lo ocurrió sin cargas negativas, sin críticas, de modo que pueda analizar los hechos y sus consecuencias. De esa manera él sentirá que estamos a su lado para ayudarle, no para hundirle más.

4.Ofrecer una salida adecuada que le ayude a resolver por sí mismo la situación.
La infancia es, fundamentalmente, una etapa de aprendizaje. Los padres efectivos responden a los problemas encontrando salidas. Ofrecen a sus hijos posibilidades de solución que permitan el aprendizaje, el crecimiento personal y la mejora.
El optimismo es mucho más que un estado de ánimo, es una actitud frente a la vida, es un hábito de pensamiento. El optimismo nos permite ver lo mejor de nosotros mismos y de los demás, poniendo los errores y las imperfecciones en el lugar que le corresponden, sin dramatismos ni juicios exagerados. Lograremos así una educación equilibrada, divertida y sana, que aunque no esté exenta de conflictos sí nos permitirá poner distancia entre lo que nuestros hijos son (personas en crecimiento y constante aprendizaje) y lo que hacen (errar, equivocarse, resistirse, abandonar...).