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Programa: 20/05/2010

La importancia de las emociones positivas

Donde el pesimista ve problemas, el optimista ve desafíos.
Los optimistas son más exitosos, porque trabajan más animadamente y muestran una mayor resistencia a los obstáculos y fracasos.

 

La Psicología Positiva surge como un enfoque de la psicología que en lugar de centrarse en arreglar o mejorar lo que está mal, busca encontrar las fortalezas y virtudes de las personas para lograr una mejor calidad de vida y un mayor bienestar. No basta con reparar los defectos sino que es necesario también promover los aspectos positivos.

Para esto trabaja sobre las emociones positivas, considerando que estas pueden reparar el daño que ciertas emociones negativas producen, sirviendo así a una mejor regulación emocional. Entonces, se podría pensar a las emociones positivas como antídotos eficaces contra las consecuencias que acompañan a los estados emocionales negativos.

Cultivar las emociones positivas, también permite que se den modos de pensar más allá de los habituales y que la persona construya recursos personales de afrontamiento, permitiendo asimismo optimizar la salud física y el bienestar subjetivo.

Las emociones positivas pueden centrarse en el pasado, presente o futuro.

Entre las emociones positivas respecto al futuro encontramos el optimismo, la esperanza, la fe y la confianza. Las relacionadas con el presente son la alegría, el éxtasis, la tranquilidad, el entusiasmo, la euforia, el placer y – la más importante- la fluidez. Las emociones positivas sobre el pasado incluyen la satisfacción, la complacencia, la realización personal, el orgullo y la serenidad. Estos tres aspectos emocionales son distintos y no se hallan necesariamente ligados.

Emociones positivas del futuro

La esperanza y el optimismo son aspectos que pueden desarrollarse y mejoran la resistencia a la depresión causada por los contratiempos; favorecen el rendimiento laboral, sobre todo en trabajos que constituyen un reto, y la salud física.

El optimismo puede definirse como un rasgo de disposición que parece mediar entre los eventos externos y su interpretación personal. Es la tendencia a esperar que el futuro depare resultados favorables y en general, parece que las personas más optimistas tienden a tener mejor humor, a ser más perseverantes y exitosas e, incluso, a tener mejor estado de salud física.
El optimismo puede ser considerado como una característica cognitiva sensible a la creencia en ocurrencias futuras sobre las cuales los individuos tengan fuertes sentimientos. El optimismo es motivador y estimulante.

La base del optimismo es la forma en que pensamos las causas de las cosas. Cada individuo tiene una forma personal de atribución causal llamada
“estilo explicativo”. Este estilo explicativo se forma en la infancia y generalmente se mantiene toda la vida.

Existen tres dimensiones cruciales que se usan para identificar cada estilo de explicación personal de las cosas: duración, personalización y alcance.

Así es que las personas optimistas consideran los problemas como temporarios, específicos y lo atribuyen a causas externas. Un estilo explicativo optimista es asociado a mayores niveles de motivación, logro y bienestar físico, además de menores síntomas depresivos.

Como se mencionó, las explicaciones optimistas para situaciones negativas son aquellas que son más externas, inestables y específicas. Esto quiere decir, que los problemas se creen causa de otra persona o de los factores situacionales, además se consideran efímeros. Las explicaciones pesimistas para las situaciones negativas son todo lo contrario, o sea, internas, estables y globales. Las explicaciones optimistas para eventos positivos son internas, estables y globales. Esto quiere decir que el motivo del éxito y la buena fortuna son causados por si mismo. Por el contrario la interpretación pesimista de eventos positivos es externa, inestable y especifica. Los individuos que suelen atribuir los eventos negativos a causas específicas e inestables, son los que experimentan mayor control sobre el futuro y suelen ser más resilientes.
De hecho, aquellas personas que poseen altos niveles de optimismo y esperanza (ambos tienen que ver con la expectativa de resultados positivos en el futuro y con la creencia en la propia capacidad de alcanzar metas) tienden a salir fortalecidos y a encontrar beneficios en situaciones traumáticas y estresantes.

Es decir, donde el pesimista ve problemas, el optimista ve desafíos.

El optimismo forma parte de la expansión de la vida emocional, por eso, si se desea vivir efectivamente es necesario reemplazar el pesimismo por el optimismo, pero no de una forma irreal sino, en forma racional y activa, logrando una forma inteligente de optimismo.

Es importante diferenciar el optimismo del denominado “pensamiento positivo”, ya que éste último consiste en creer en declaraciones optimistas del tipo: “cada
día mejoro en todos los aspectos” en ausencia de hechos que lo prueben o incluso frente a evidencias que apunten lo contrario. Si bien el pensamiento positivo posee muchas ventajas, hay ocasiones en las que el pensamiento negativo lleva a una mejor certeza. Por eso es importante lograr un equilibrio entre el pensamiento positivo y el negativo.

Entonces, los optimistas son personas que sin negar sus problemas, tienen esperanzas y crean estrategias de acción y de afrontamiento de la realidad, tienen la tendencia a esperar que el futuro les depare resultados favorables, pero siempre sin alejarse de la realidad.

Los optimistas y pesimistas difieren en tantos aspectos, que esto termina teniendo un gran impacto en sus vidas.

Difieren en cómo abordan sus problemas y desafíos, pero por sobre todo difieren en la forma en que afrontan las dificultades de la vida. Los optimistas afrontan sus problemas con confianza y persistencia, en cambio los pesimistas son dubitativos, vacilantes e indecisos. La diferencia básica entre optimistas y pesimistas reside en sus expectativas sobre el futuro. Los optimistas aceptan con mayor rapidez la realidad de las cosas y los desafíos de la vida. Aparentemente se enfocan más y tienen un afrontamiento activo ante la adversidad. Son menos propensos a darse por vencidos y perseveran en sus metas.

Sin embargo, demasiado optimismo podría hacer que las personas ignoren ciertos aspectos de una situación riesgosa hasta que sea muy tarde o incluso podría hacer que sobreestimen su propia capacidad para lidiar con una situación adversa, dando como resultado un afrontamiento pobre de la situación

Los optimistas son más exitosos, porque trabajan más animadamente y muestran una mayor resistencia a los obstáculos y fracasos.

Existen cuatro habilidades cognitivas básicas para promover el optimismo:

1.La primera consiste en reconocer e identificar los pensamientos que se cruzan por la mente en los peores momentos. Estos pensamientos son los que casi imperceptiblemente afectan el estado de ánimo y la conducta.

2.El segundo paso consiste en realizar una evaluación de esos pensamientos.

3.El tercer paso consiste en generar explicaciones más certeras y alternativas y usarlas para desafiar esos pensamientos automáticos.

4.El último paso consiste en intentar descatastrofizar la situación.

Otra técnica para incrementar el optimismo, o aunque más no sea, tratar de evitar los pensamientos catastróficos que automáticamente asaltan nuestra consciencia consiste en “disputar” esos pensamientos como si hubieran sido dichos por un tercero. Para esto, propone pensar como ejemplo, qué pasaría si un colega o rival del trabajo nos acusa de fallar en nuestra labor o de no merecer nuestro puesto, seguramente de inmediato pensaríamos mil razones de por qué esa persona está equivocada y pensaríamos varios ejemplos que confirmen que sí merecemos nuestro puesto. Sin embargo, cuando nos acusamos a nosotros mismos por lo mismo, simplemente tendemos a creerlo, y seguramente no tendemos a disputar nuestros propios pensamientos, por eso propone empezar a reconocer nuestros propios pensamientos catastróficos y disputarlos como si vinieran de una tercera persona.

Teniendo en cuenta esta nueva forma de pensar y adoptando actitudes optimistas, queda claro que se puede influir profundamente en el propio pensamiento, logrando así una mayor experimentación de emociones positivas a futuro.